El actual concejal de Rosario confirmó sus intenciones para ser candidato a intendente en 2027. En diálogo con el stream El Ciudadano Política analizó la agenda del Concejo Municipal, reclamó mayor agilidad del Estado ante debates de las problemáticas locales como la regulación de Uber y de cuidacoches, y reflexionó sobre la crisis del Partido Socialista
*Por Luciana Mangó y Daniel Zecca
Portar uno de los apellidos más emblemáticos de la historia política de Rosario puede ser un pasaporte o una mochila, pero el concejal Federico Lifschitz asegura haber encontrado el equilibrio entre la herencia familiar y la construcción de una identidad política autónoma. Desde su banca, impulsa una agenda enfocada en el ordenamiento del espacio público y cuestiona a un Estado que, según su mirada, está a destiempo de los cambios sociales y alejado de las problemáticas reales de los ciudadanos. De cara a las elecciones 2027 y con la firme convicción de ser candidato a intendente, el edil analizó la profunda crisis de representatividad que atraviesa el Partido Socialista tras la pérdida de sus líderes históricos y trazó un límite de “insensibilidad” frente a las políticas del gobierno nacional.
—En tu primera campaña para ingresar al Concejo tuviste un eslogan muy particular «basta de discutir boludeces». El Concejo donde estás hoy, ¿dejó de discutir boludeces?
—Creo que la política rosarina en general corre a otro ritmo y a destiempo de la realidad que atraviesa la ciudad de Rosario en un montón de temas. Ese es el gran desafío: no sólo levantar el nivel de debate, sino acercar o compartir una agenda común con lo que hoy vive el rosarino todos los días. Puedo mencionarte temas que la sociedad rosarina ya los tiene totalmente asumidos, pero que siguen dando vueltas en el Concejo. Creo que tenemos un Estado un tanto lento o que va a otro ritmo. Uber, por ejemplo, es parte de la realidad de todos los rosarinos, nos guste más o menos. Sin embargo, son discusiones y debates que no se terminan de saldar. Tenemos también conflicto entre los que hacen delivery, que no quieren ser regulados, que están conformes trabajando bajo esta modalidad, vecinos que les molesta que esté parado en la puerta y un Estado que la viene corriendo de atrás en todos los temas. Lo mismo con el tema de los cuidacoches. Se siguen discutiendo boludeces, pero sobre todo preocupa la disociación y la falta de comprensión de un montón de cambios de paradigma que se van dando cada vez con mayor rapidez.
—En ese correr de atrás que vos decís tiene la política, ¿cuánto hay de tomarse el tiempo para que las cosas no salgan mal y cuánto de prolongar los debates en exceso?
—Las dos cosas. Los tiempos legislativos no son los que uno quisiese y, a veces, lo llevan a una frustración, pero la realidad es que hay temas que yo creo que se dilatan por falta de voluntad. Hay temas que no se quieren tratar porque generan algún tipo de tensión entre distintos actores. El tema Uber genera tensión con los taxistas de la ciudad de Rosario, que ven afectados sus intereses. Hay temas que no se terminan de resolver en Rosario porque falta la firmeza de avanzar. Hay un Estado que no se anima a tener una legislación que acompañe esos procesos y esos cambios para dar predecibilidad y que la gente tenga la tranquilidad de saber qué se puede, qué no se puede, y que haya reglas claras. Lo que falta en Rosario es acercar lo que ya la gente ha ido aceptando con la agenda que la política propone: orden, previsibilidad y reglas claras.
—Si pudieras hacer un balance de estos años como concejal, ¿qué proyecto destacarías?
—Presentamos muchos, pero creo que el eje central siempre fue el ordenamiento del espacio público. Con mayor control sobre una actividad ilícita que, a mi entender, tendría que estar prohibida como los cuidacoches, con concursos públicos para el ingreso de personal a la planta permanente municipal, o aplicaciones de movilidad para encontrar una solución a algo que ya atraviesa la realidad de tantos rosarinos. Ahora estamos trabajando en un proyecto para ordenar a los repartidores que hoy trabajan para aplicaciones de delivery. También presentamos un proyecto para no permitir que monopatines y bicicletas convivan en el único carril habilitado para autos particulares sobre las calles con carril exclusivo. Apuntamos a encontrar la manera de convivir en una ciudad que se ve afectada por un montón de cambios que se han ido dando en este último tiempo: en la movilidad, en el tráfico, en la manera de manejarse, de moverse. Ha habido un montón de cambios que necesitan una ciudad que pueda ir al ritmo de éstos y de lo que la gente va tomando como propio.
—¿Cómo es tu relación con el gobernador y con el intendente?
—Con Maxi (Pullaro) tengo una relación mucho más cercana, porque no sólo compartimos una fórmula electoral en 2023, sino que nos conectan un montón de otras cosas. El cariño con mi viejo, él fue funcionario con mi viejo gobernador y siempre destaca lo que aprendió. Con Pablo (Javkin) tengo una relación cordial, muy respetuosa, pero más bien política, no tan personal. He marcado diferencias desde el Concejo municipal, pero siempre entendiendo que hay cosas por mejorar.
—¿Cómo ves la disputa electoral en la provincia y qué opinás de algunos funcionarios que han expresado alguna intención de incorporar a La Libertad Avanza a un frente común?
—Creo que son expresiones de deseo muy aisladas de algún que otro dirigente, pero no he escuchado ninguna voz realmente representativa dentro de Unidos. Es una discusión que quedará para la conducción de cada uno de los partidos que integran Unidos. Lo veo más como una inquietud por parte de algunos dirigentes que pueden ver el riesgo frente a un escenario de tercios, pero no veo que haya un trabajo ni una idea generalizada dentro de Unidos, siquiera en La Libertad Avanza, para confluir en una propuesta común de cara al 2027. Creo que hay diferencias muy marcadas y que el mismo gobernador y sus ministros las han hecho públicas.
—De esas diferencias, ¿qué es lo que más te aleja?
—La insensibilidad. Independientemente de que podamos coincidir en alguna política pública o no, porque no estamos a favor de la interrupción de la obra pública, o de la quita del financiamiento a la universidad pública o al transporte público. Por otro lado, hubo una política acertada en materia de seguridad, donde se ha podido coordinar bien y hemos tenido el Plan Bandera, por ejemplo, que ha ayudado y colaborado para que la ciudad de Rosario sea mucho más segura, también estoy a favor del equilibrio fiscal y déficit cero. Pero más allá de eso, creo que estamos frente a un gobierno sumamente insensible que no ha tenido ningún tipo de política paliativa para acompañar a sectores que hoy son sumamente vulnerables. Ahí hay una diferencia que es difícil de saldar porque en términos políticos de gestión podemos estar más o menos de acuerdo con alguna que otra medida, pero creo que en Santa Fe tenemos un gobierno que tiene sensibilidad y que viene haciendo un enorme esfuerzo porque no haya ninguna familia sin oportunidades, sin salud pública, sin alimentos o fuera del sistema educativo.
—¿Vas a ser candidato a intendente en 2027? ¿Cómo te imaginás esa competencia?
—Voy a ser candidato a intendente. En 2027 puedo tener una primera campaña a intendente. Tengo un enorme compromiso por mi ciudad y estoy haciendo absolutamente todo desde el Concejo Municipal de Rosario. Hoy falta un montón, hay un escenario muy poco nítido. Nadie sabe qué va a pasar con el gobierno nacional: si distintos hechos políticos que se han ido dando lo van a afectar, si va a haber algún tipo de reactivación económica o no, cómo repercute en el orden provincial y local. Falta saber qué hace Pablo Javkin. Si va por su tercer mandato o si tenemos un escenario más atomizado. Hay un montón de variables que van a condicionar el escenario y el lugar que termine ocupando. Yo sí tengo el deseo y la voluntad de ser candidato a intendente en 2027. Depende de un montón de factores, soy parte de una coalición que lidera Maxi Pullaro en el orden provincial y creo que el lugar que termine ocupando va a depender de las necesidades de Unidos, pero soy claro con mi enorme vocación y compromiso con la ciudad de Rosario, el lugar que me encantaría ocupar y vengo trabajando en el Concejo Municipal con una agenda que entiendo tiene que ser la de la ciudad de Rosario.
—¿Cómo analizás que el socialismo no logró representación en la última elección en una ciudad que le fue favorable durante muchísimos años?
—El socialismo viene de una crisis que lleva ya varios años. Primero, la derrota en la primaria local en 2019, donde Verónica Irizar perdió contra Pablo Javkin. Se perdió además el gobierno provincial. Falleció Hermes Binner, que fue el primer gobernador socialista de Argentina, y luego el fallecimiento de mi viejo, en 2021, fue la última pieza que terminó de derrumbar un castillito que ha ido construyendo el socialismo. Los partidos políticos están en crisis y hay una enorme dificultad para comprender los cambios que se han ido dando en la sociedad de manera sumamente vertiginosa. El gran problema de todos los partidos políticos es la falta de reacción frente a esos cambios. No se pudo construir una nueva agenda que logre conectar con la gente, con los problemas, preocupación y las expectativas de los rosarinos. Ya no somos el Frente Progresista, ahora somos Unidos para Cambiar Santa Fe, que es otra impronta de gobierno, otra coalición que está conformada también por el PRO. A eso se suma que te quedaste sin figuras. No tenés un candidato que pueda ponerse por encima de esta crisis generalizada, pero tampoco tenés una agenda que represente a un sector importante de la ciudad de Rosario. Y tampoco tenés un relato que logre enamorar. Me parece que está en un problema y todos somos conscientes, por lo menos quienes venimos del socialismo, que Rosario ha sido el corazón socialista de Argentina y yo veo gran dificultad para poder desarrollar un proyecto provincial sin la ciudad de Rosario. Hoy el gran desafío del Partido Socialista es la unidad, unificar una mirada común frente a este diagnóstico y tener una verdadera propuesta que represente la agenda de los rosarinos. Hay que trabajar en una candidatura o en la construcción de un perfil público que realmente pueda encarnar esa propuesta, esa agenda y reconstruir un relato más contemporáneo.
—¿Sentís que tu apellido en la política te resulta un pasaporte o una mochila? ¿Cómo hacés para construir una identidad propia separándote del legado de tu papá?
—Ni una ni otra. Creo que el apellido te da y te quita, sin dudas. Obviamente me fue mucho más fácil instalarme públicamente, porque es un apellido sumamente reconocido y bien valorado en Santa Fe. Sin embargo, también te quita, porque tenés el riesgo de quedarte como «el hijo de» o tenés sectores que quizás no tenían afinidad con mi viejo y capaz me putean por el solo hecho de ser el hijo de quién soy. Lo llevo con mucha responsabilidad y compromiso. Soy muy respetuoso de mi esencia. Mi primer cartel en la vía pública fue «Basta de boludeces» y acompañé a Maxi Pullaro, que era un candidato radical. Mi inicio en la política fue contra natura. Fueron todas decisiones propias. Creo que en algún punto acertadas, porque nos fue bien en términos de resultado electoral y hoy Maxi Pullaro está llevando adelante una gran gestión. De mi viejo me quedan los valores de la palabra, del esfuerzo, del trabajo, de la honestidad, algo que lo llevó a no saltarse una fila, motivo por el cual quizá hoy no está con vida. Me quedo con eso. Y tengo muy en claro que no soy Miguel Lifschitz, soy Fede Lifschitz, intento continuar con sus valores, soy en parte legado, pero en gran medida impronta propia.
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