Rosario, jueves 17 de septiembre de 2026
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Filippo Di Benedetto, el sindicalista italiano que salvó a más de 300 perseguidos por la dictadura militar

Antiguo antifascista y dirigente sindical, llegó a la Argentina en 1952 y se convirtió en un referente del patronato Inca, la agencia ligada al sindicato italiano CGIL que ayudaba a trabajadores, a personas mayores a tramitar su jubilación en su país de origen, entre otras cuestiones
Filippo Di Benedetto, el sindicalista italiano que salvó a más de 300 perseguidos por la dictadura militar

Por Paulo Menotti / Especial para El Ciudadano

El 24 de marzo de 1976 comenzó la noche más oscura y dramática para el pueblo argentino. Al menos unas 30.000 personas sufrieron la tortura, muerte y desaparición por el régimen militar que se inició en esa fecha. Muchos pudieron escapar a ese trágico final y pudieron refugiarse en otros países. Conocemos muchas historias sobre los que pudieron salvar sus vidas, pero no se tiene tanta información sobre aquellos que ayudaron a cientos de personas a escapar de la muerte. Filippo Di Benedetto fue uno de ellos porque arriesgó su vida para salvar a 300 personas. Antiguo antifascista y dirigente sindical, llegó a la Argentina en 1952 y se convirtió en un referente del patronato Inca, la agencia ligada al sindicato italiano CGIL que ayudaba a trabajadores, a personas mayores a tramitar su jubilación en su país de origen, entre otras cuestiones. Sin embargo, desde 1976 la ayuda se orientó a rescatar del terrorismo de Estado dictatorial a 300 personas para que pudieran refugiarse en Italia. La vida de esta persona fue retratada en un documental llamado L’Angelo di Buenos Aires, del director Enrico Blatti, y se proyectará este sábado, a las 18.30, en el Centro Cultural de la Cooperación (San Martín 1371).

Origen antifascista

En 1943 el régimen fascista italiano capturó a Filippo Di Benedetto y lo torturó como a tantos otros hombres y mujeres de su condición social. Filippo venía militando en el sindicalismo y ya era un activo militante antifascista en su pueblo natal Saracena, en Calabria. Tras la guerra, incluso llegó a ser intendente de su localidad donde había nacido en 1922. Esa condición lo marcó pero la crisis de posguerra lo trajo a la Argentina en 1952 donde ya estaba viviendo su hermano Orlando. En Buenos Aires se convirtió en un importante referente del patronato Inca, entidad ligada al sindicato italiano CGIL. También presidió la Federación Italiana de Emigrantes y Familias (Filef), y desde esos espacios mantuvo un contacto permanente con la comunidad italiana en nuestro país. Desde esos puestos colaboró con cientos de personas para ayudarlos a tramitar jubilaciones de su país de origen o resolver otro tipo de problemas. El año 1976, sin embargo, cambió la situación de antiguos inmigrantes italianos y de sus descendientes porque cientos de ellos estaban en las listas negras del terror desplegado por la dictadura militar.

Una red de ayuda

A pocos días del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, se comenzó a formar una red para salvar gente de la persecución y muerte de los grupos de tareas de la dictadura militar. Di Benedetto se unió al vicecónsul italiano Enrico Calamai y al periodista Gian Giacomo Foà, corresponsal del diario Corriere della Sera. Estas tres personas pusieron en riesgo sus vidas para que otras 300 personas pudieran salvar las suyas saliendo del país en plena dictadura.

La ayuda, sin embargo, no terminaba ahí. Di Filippo estaba en contacto con un grupo de trabajadoras y trabajadores de Alitalia, una célula del Partido Comunista Italiano (PCI) que permitió que mucha gente pudiera viajar sin los medios económicos. Azafatas, pilotos y asistentes de vuelo formaron parte de este entramado. Entre ellos, el asistente de vuelo Guglielmo Zanetta compartía información sobre la gente que estaba en peligro en Argentina. En tanto, desde la oficina de Inmigración del PCI, Giuliano Pajetta, coordinaba las operaciones y prestaba colaboración a los refugiados políticos en Italia.

Una vida comprometida

Filippo Di Benedetto expuso su vida que estuvo en riesgo durante el periodo del gobierno de facto, pero también, su familia estuvo expuesta. Su compromiso tuvo un costo muy alto porque su sobrina fue secuestrada y torturada, y su sobrino Eduardo permanece desaparecido desde noviembre de 1976. A pesar de eso, Filippo continuó con sus principios, con su militancia y, fiel a esto murió en la pobreza en el año 2001. Tanto la historia de Di Benedetto como la red de ayuda son los temas principales que aborda el film de Blatti a partir de entrevistas y testimonios de quienes participaron, además de un importante archivo documental que prueba lo hecho por él y por un grupo de italianos e italianas que se dedicaron a salvar vidas argentinas.