El músico rosarino tocó en vivo su último disco este viernes en el Teatro El Círculo a sala llena y en el marco del ciclo de conciertos que dio a conocer como "Casa Paéz", que tendrá su gran cierre este domingo en el Monumento Nacional a la Bandera con entrada gratuita
Fotos: Juan José García
“Dale alegría a mi corazón” fue el último tema. La “manija” era total. Fito Páez se había retirado del escenario hacía segundos, la presentación de su último disco, Novela, había terminado. El telón ya estaba bajo, las luces altas del Teatro El Círculo encendidas indicaban que no se esperaba un bis. Pero las voces de los presentes se unieron entonando uno de los grandes clásicos de los 90, del disco Tercer Mundo, incorporándolo a la lista de temas del recital.
El show de este viernes, el tercero en el marco de una serie de presentaciones que concluirán este domingo con un concierto gratuito en el Monumento a la Bandera, fue distinto. No sonó ningún hit, no hubo casi intervenciones, ni gritos. Los y las presentes entraron en el trance de la ópera rock con la que Fito decidió sorprender, sacando un material conceptual en tiempo de simples y contando, nada más y nada menos, que una historia de amor que había sido escrita (según contó) como el guion de película a fines de los 80.
Novela es el vigésimo noveno disco del rosarino, salió el 27 de marzo de 2025 bajo el sello Sony Music y fue estrenado en vivo en el día de su cumpleaños número 63, este viernes, en Rosario. “Es el estreno mundial”, dijo antes de comenzar.
No es casualidad ni la primera vez que el rosarino decide estrenar sus discos en su ciudad natal. Esta vez lo hizo en el marco de “Casa Páez” una serie de conciertos que suenan a un gusto que se quiso dar. Tocó con la Sinfónica Provincial, tuvo su momento íntimo en un solo piano y este viernes mostró una obra musical-teatral con su banda, los coros de Emme y la destacada participación de Lorena Vega como narradora de lujo.
Él sabía que cuando Novela comenzara, el trance no podía cortarse, había que meterse en la historia, ir descubriendo personajes y conflictos, canción por canción. Entonces salió antes, a telón cerrado. Saludó, agradeció que le cantaran el “Feliz cumpleaños”, y narró la historia de amor de Loka y Jimmy, de la Universidad Prix y de las brujas Maldivina y Turbialuz. “Este concierto es especialmente especialísimo”, dijo. “Es música, teatro y antropología”, definió.
“Les tengo que hacer esta intro porque cuando arranca esto no para”, aclaró. “Los voy a introducir al mundo al que van a entrar”, reafirmó.
Es que Novela, aunque suene obvio, es una novela. Tiene personajes principales y secundarios, un inicio, un conflicto, una resolución. “Me inventé una universidad mucho antes de Harry Potter, por supuesto”, comenzó su relato. “En el año 98”, dijo. Y tomando consciencia del paso del tiempo, aclaró: “88”.
Con un traje a cuadros negro y amarillo que lo despegaba del imponente telón rojo de El Círculo contó toda la historia. “Se trata de la conmoción de la aparición del amor en la vida de las personas. Y sobre todo, en la vida de dos púberes. Encuentro ese fenómeno todavía en mi vida como algo central, de lo que nunca me voy a olvidar, que es lo que quiero legar a mis hijos y también transmitirle al mundo en este mensaje en la botella que es este concierto de novela”.
Fue ahí que las luces se apagaron. El telón se levantó. Y comenzó a desplegarse el universo mágico de Novela, una obra disrruptiva en su vasta producción.
“Universidad Prix” abrió el concierto como abre el disco y da inició a la historia que, canción tras canción, rápidamente se sitúa en Villa Constitución, permite conocer el entramado del Circo Beat (emblemático en su carrera) desde los ojos de Loca que vive allí, hace referencia al fútbol y a la localía. Las pantallas de fondo, dos grandes rombos, fueron poniendo caras a los personajes, explicitando las acciones, mostrando lo que contaba cada canción. Lorena Vega, una de las actrices del momento, entró y salió a su tiempo para narrar lo que se venía. El silencio del público fue total y sólo se rompió en algunos “finales” con aplausos de agradecimiento.
Cuando Julius lo pierde todo (parafraseando al nombre del track 23 del material, que es el penúltimo) las pantallas se apagaron, bajaron banderines, lucecitas, y Fito cantó simulando una borrachera a público. La tensión subió y el silencio esperó el único momento en el que las y los presentes pudieron bailar y cantar con el estribillo de “Sale el sol”, el corte del material. De ahí, “Esperanza y tormenta”, el último track a cargo de Lorena Vega y el telón bajó.
Gritos, aplausos. El pedido del bis cae en saco roto y así debía ser. Fito tocó el disco de principio a fin, metió a las y los presentes en el universo que inventó y los hizo viajar por un mundo mágico y entrar en un circo “marginal” emplazado en Villa Constitución.
El club de fans, los de la bandera y los que habían dado notas a los canales durante la jornada, pasaron al frente. Todo El Círculo cantó “Dale alegría a mi corazón” como si su equipo hubiera ganado por goleada. Recién cuando la esperanza de un regreso se disipó, la “manija” encontró su punto de fuga: ahora sólo quedaba contener el aliento hasta el domingo.
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