Desde que el fútbol es fútbol su maridaje con la política es moneda corriente. Messi con Trump no es más que otro capítulo de una larga historia en la que hay veredas que están perfectamente demarcadas y sobre las cuales nadie es inocente
Por Gustavo Grazioli / Especial para El Ciudadano
El fútbol como ecosistema de valores se aleja cada vez más de ese deporte que fue: el juego, la diversión, el goce, lo colectivo, el compromiso; la pasión arraigada a no fallarle a la camiseta.
Se pronuncia como una metáfora de conceptos económicos en la que en vez hablar de caños, sombreros y gambetas, lo que más resuena es “representante”, “management deportivo”, “acciones”, “mercado de pases”.
Se festejan jugosas finanzas y la atención se concentra en quién realiza mayores obras de modernización o consigue mayor monetización del producto. “El capitalismo fue tan inteligente que echó a perder todo, hasta al fútbol”, dijo Osvaldo Bayer.
“El fútbol era un deporte colectivo y el post fútbol es un deporte individual. Ahora, se es hincha de jugadores, no tanto de equipos. De repente un jugador hace toda una carrera en distintos lugares y vamos coleccionando sus camisetas.
En el post fútbol, lo que más importa muchas veces es todo lo que está fuera de la cancha”, explica Juan Pablo Meneses en una entrevista con Tiempo Argentino – que hizo el colega Roberto Parrottino – sobre los conceptos que abarca su nuevo libro Post fútbol, en el que indaga sobre un deporte que trasciende al negocio.
“En el post fútbol, los hinchas festejan las transferencias. Hubo hinchas de River que festejaron la transferencia de Mastantuono al Real Madrid. Y, al final, la discusión y el tira y afloja es sobre la transferencia para afuera de un jugador.
El post fútbol se rige por todas las leyes de un mercado consumista. Y es mucho más que un negocio: es una nueva cultura, un nuevo deporte. El post fútbol tiene esa gracia: todo lo que toca lo transforma en una versión rentable y futurista del antiguo fútbol”, sostiene el escritor y cronista chileno, autor, entre otros, de Niños futbolistas.
“Frente a la fiesta de la mediocridad del nuevo fútbol, celebro las malicias de barrio”, dice Jorge Valdano en su última columna en el diario El País de España, en referencia a ese código de juego que supo engrandecer a sus espectadores con las picardías de potrero y el espíritu lúdico de jugar a la pelota: una pared, un caño, un sombrero o una bicicleta.
Todo eso terminó como espejo trizado en el que se intentan recoger los pedazos de aquella narrativa –sobre todo en Latinoamérica– que conformó la reputación de semillero del fútbol mundial.
Esas jugadas quedaron en la clandestinidad de la táctica y vaya quién se anime a arriesgar alguna pirueta por el estilo y ponga al equipo en peligro de gol. Es un activista. Esto, atado al comportamiento de los jugadores –en su mayoría– y cuerpos técnicos, donde parece que no hay costados a los que mirar, sólo vista al frente, nunca preguntar y llenar bolsillos, el opio no parece afectar a los pueblos, más bien a los protagonistas que -hasta volverse millonarios- antes tuvieron que pisar el barro, pero se ve que ya no quieren pasar por la huella.
“Son jugadores de fútbol, no el Che Guevara”, son los argumentos de estos días después del revuelo que se armó con la visita de Lionel Messi a la Casa Blanca –The White House, por si acaso- y la mano que le estrechó, sonrisa mediante, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Eso despertó polémicas a favor y en contra, lo que sí quedó claro es que las acciones no son inocentes. “Todo preso es político”, decía el Indio Solari. Todo hecho es político. No es nada nuevo.
En el Mundial 2014, Alejandro “Pachorra” Sabella estaba a cargo de la Selección Argentina y sentó un principio básico para los entrenadores de fútbol, quienes nunca dejan de ser formadores. La anécdota que vuelve a cobrar vigencia sucedió en la previa del partido con Irán, país que integraba el grupo F en la copa del mundo de Brasil.
El entrenador escuchó que Messi se preguntaba por los rivales: “Quién conoce a estos terroristas”, y la charla táctica se transformó en una clase de historia.
Pachorra explicó el proceso histórico de Irán, desde los persas hasta la situación geopolítica estratégica del presente y lo que trascendió de ese diálogo es que el capitán estrella -que no sabía ni dónde se ubicada el país de Medio Oriente en el mapa- terminó conmovido, preguntándole al capitán rival cómo era vivir en una zona de tanto conflicto.
“Me gusta que mis jugadores miren fútbol, que tengan tiempo libre para distenderse, pero también que sepan quién fue Sandino, Perón o Mao, eso los va a hacer mejores personas, los va a hacer más íntegros”, dijo Sabella alguna vez, aquel entrenador de pensamiento peronista que se abocó a una tarea integral y cultural dentro del fútbol.
De esa charla pasaron 12 años. Hoy existe conflicto bélico con Irán y los atacantes son Estados Unidos e Israel. “Vamos a ganar”, dijo Javier Milei en una universidad de la colectividad judía en Nueva York. “La única zurda que sirve es la de Messi”, posteó el mandatario argentino.
“Los argentinos somos lamebotas de los yanquis”, declaró Diego Maradona en 2001, cuando la Argentina debatía su salud socioeconómica tras los desastres del corralito y la gran crisis que terminó con un presidente yéndose en helicóptero. 26 años después, la película no es la misma, pero la situación que acontece parece estar filmada por el mismo director.
«Quiero solidarizarme con los trabajadores de la República Argentina que la están pasando realmente muy pero muy mal. Abrazo para ellos y para lo que necesiten, saben que acá estamos», dijo Héctor “Negro” Enrique hace unas semanas, durante el Tour de la Copa del Mundo de la FIFA.
“Tendríamos que empezar a salir campeones del mundo desde ahora, apoyando a la gente que más lo necesita. Esa es la mejor manera de empezar a ser campeón del mundo, ayudando a la gente que más lo necesita», sentenció el ex campeón del mundo del 86.
La solidaridad parte de más atrás y de los hinchas que hacen girar la rueda del fútbol. La hinchada de Tigre expuso una bandera con la inscripción “No al cierre de Fate”, en apoyo a la pelea de los 920 trabajadores despedidos de la fábrica de neumáticos.
Fueron las hinchadas autoconvocadas, como la de Chacarita, las que llamaron a unirse para acompañar la lucha de los jubilados y llenar las calles. El fútbol como herramienta de empatía, como hecho cultural, como decía Cesar Luis Menotti.
“El problema de este país es la cultura, no la economía. La economía se organiza rápidamente”, dijo la cineasta Lucrecia Martel a Pedro Rosemblat. “Si un país es como una familia, la cultura es el amor. Son las fiestas, los cumpleaños, navidad, año nuevo… la economía es cómo nos organizamos para sostener eso. Es una forma de organizar la casa y lo que sostiene a esa gente viviendo en ese lugar es el amor. Eso debería expresar la cultura”.
Algunos actores del fútbol intentan ser expositores de esa cultura, la que expresa Martel. Y la única mano que dan es la del desfavorecido que sin salario –entre otras tantas cosas- no va a poder ir a la tribuna ni mantener su cuota de socio en el club.
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