El Canalla no dejó dudas y consiguió la primera victoria en Arroyito en el torneo. Con un Fideo en un nivel altísimo, el elenco auriazul despachó al Guapo para alimentar el ego de cara a lo que viene
Foto: Juan José García
Central sabía que este partido con Barracas podía ser el despegue definitivo de cara a varios compromisos importantes en los próximos quince días. Y así fue. El Canalla jugó el cotejo de la era Almirón y no dejó dudas al derrotar por 2-0 al Guapo en Arroyito. Con el resultado ya puesta, el elenco auriazul rompió algunas rachas. Logró su primera victoria en el torneo, volvió a ganar en su casa tras cuatro partidos y acortó el historial con el club de Chiqui Tapia.
Almirón dispuso el ingreso de Copetti por Julián Fernández, de buen partido por Copa Argentina, para armar un doble nueve y así contar con más presencia ofensiva. Con el resultado logrado el técnico se la jugó y le salió bien. Porque fue Copetti quien marcó el primer tanto auriazul.
Pero antes de eso el equipo ya merecía la ventaja por lo hecho en la primera etapa. Di María se acostó sobre la banda derecha y desde ahí fue armando cualquier avance peligroso. A veces con un pase filtrado, otras con un centro con rosca y también con un par de disparos desde afuera. El Canalla intentó por todos lados y no encontró esa chance clara de gol que le permita cierta tranquilida en el resultado.
Barracas fue un equipo apático y sin ganas de ganar. Dejó solito al grandote Bruera en ataque, pero la impecable marca de Ovando y Ávila lo dejaron chiquito.
Central arrancó el complemento como terminó el primer tiempo. Agobiando al rival y con un Di María inquieto. Almirón dispuso el ingreso de Julián Fernández para darle más vértigo a cada ataque. Con ese movimiento el perjudicado fue Coronel, que se sentó en el banco. Otra buena apuesta del DT.
Con el gol de Copetti, revisado una y mil veces por el VAR, el Canalla ganó tranquilidad. El equipo se sintió más cómodo, más seguro. Y Di María, que pasó a jugar por izquierda, se ponteció aún más. Barracas ni atacaba, pero Central no cerraba el partido. El fantasma de Belgrano o Aldosivi empezó a apoderarse del Gigante.
Pero esta vez fue todo del Canalla. Y gracias a la jerarquía de Fideo. Fernández se juntó con Angelito y el capitán definió con muchísima clase ante el achique desesperado de Miño. Un autoregalo de cumpleaños del 11 que se ganó una ovación infernal.
El final se dio a puro festejo. Central ganó esos partidos que sirven para alimentar el ego. Un triunfo que sirve para seguir metido entre los ocho de su zona y fundamentalmente para que Almirón se anote unos porotos en su misión de convencer al hincha, que si bien lo sigue mirando de reojo, esta vez se fue aplaudido.
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