Tras meses de relativa calma, las líderes de consumo masivo y las petroleras preparan listas con subas. El Gobierno busca que la actividad no se termine de asfixiar en plena recesión
El veranito de estabilidad de precios parece tener fecha de vencimiento. Con la llegada de abril, el frente inflacionario vuelve a ganar temperatura y amenaza con romper la inercia de desaceleración que el Palacio de Hacienda exhibía como su principal trofeo. Esta vez, la presión no viene solo de la macro, sino de los costos directos de producción y logística que ya no encuentran contención.
Las grandes formadoras de precios, con Arcor y Unilever a la cabeza, ya dejaron trascender que las nuevas listas de marzo y abril llegan con retoques de entre el 5% y el 8%. No es un movimiento aislado: es la respuesta de las líderes del consumo masivo tras un bimestre donde intentaron absorber costos para no perder volumen de ventas en un mercado interno planchado.
A esto se le suma un actor silencioso pero letal para los costos industriales: los derivados del petróleo. Las empresas que dependen de insumos plásticos para sus envases y embalajes ya reportan remarcaciones de dos dígitos. En una economía donde casi todo viene envuelto en plástico, el impacto en la góndola es cuestión de días.
El combustible sigue siendo el gran dinamizador de la suba. YPF marcó el ritmo en marzo con múltiples incrementos que dejaron a la nafta súper por encima de los $2.000 en la región. Como es costumbre, el resto de las operadoras (Shell, Axion y Puma) siguieron el camino de la petrolera estatal.
El problema para abril es doble: por un lado, la presión del precio internacional del crudo; por el otro, la actualización pendiente de los impuestos a los combustibles que el Gobierno viene postergando para no echarle más nafta al fuego del IPC, pero que tiene un límite fiscal difícil de sostener.
Para la Casa Rosada, el escenario de abril representa una encrucijada delicada. El objetivo de máxima es sostener la baja de la inflación hacia el 2,9% mensual, pero el costo social y económico es alto.
El Gobierno enfrenta hoy un equilibrio de cristal:
Frenar los precios: Arriesga a profundizar la asfixia de una actividad económica que «no arranca» y que ve caer sus márgenes de rentabilidad.
Convalidar las subas: Implica aceptar que la inflación mensual podría volver a rebotar, golpeando el ya castigado bolsillo del trabajador rosarino.
Con las paritarias aún en tensión y las tarifas de servicios públicos (luz y gas) pidiendo pista para sus propios aumentos en otoño, abril aparece como el verdadero «punto de inflexión» para el programa económico vigente.
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