Primera novelista mapuche en lengua española, la autora chilena reflexiona sobre la tradición oral, la escritura como acto de resistencia y el desafío de llevar la voz de su pueblo a nuevos públicos.
La obra de Graciela Huinao se inscribe en un territorio donde la memoria, la oralidad y la identidad dialogan de manera inseparable
La obra de Graciela Huinao se inscribe en un territorio donde la memoria, la oralidad y la identidad dialogan de manera inseparable. Nacida al calor del fogón y de las historias transmitidas por sus abuelos, su escritura emerge como un puente entre generaciones y como un gesto consciente de preservación cultural. En esta entrevista, la autora aborda el lugar de la lengua mapuzungun, las marcas de la discriminación histórica y el rol de la literatura como herramienta para visibilizar una historia largamente silenciada. También comparte su mirada sobre los desafíos actuales de difundir su obra y la importancia de que las voces originarias encuentren nuevos espacios de circulación, como la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
– Tu escritura nace desde una identidad profundamente ligada al pueblo mapuche. ¿Cómo dialogan en vos la tradición oral y la escritura literaria?
– Nace desde el fogón de la casa de mis abuelos, de la poderosa oralidad de mi pueblo. Es un trasvase del conocimiento que ellos incrustaron en mi memoria.
Es un diálogo enraizado en la tradición, principalmente de la sangre de las mujeres que corren por mis venas. De mis abuelas ninguna leía ni escribía, y como yo tuve esa posibilidad, recojo sus palabras para que no se pierdan o mueran conmigo.
-¿Qué significa para vos escribir en un contexto donde históricamente las voces indígenas han sido marginadas o silenciadas?
– Un atrevimiento. Ser pobre, mujer e india (no me decían mapuche) fue una barrera muy grande que tuve que saltar. No quiero decir que hoy es fácil, solo que la discriminación se disfraza de otra manera. Y de vez en cuando “ponerle el pecho a las balas” cuando literariamente y no, te han querido derribar.
-En tu obra aparece con fuerza la noción de territorio. ¿Cómo se traduce ese vínculo con la tierra en tu proceso creativo?
– Es que la tierra es nuestra madre y es una tripa que no se puede cortar. Esa noción es desde la cuna, y nos hablan de la naturaleza con cariño y respeto, de su fuerza y generosidad para con nuestro pueblo.
Sin el apego a la naturaleza, creo que mi proceso creativo cojearía, ya que como poeta y narradora es mi responsabilidad espiritual de tener siempre los pies sobre la tierra.
– ¿Sentís que escribir es también una forma de preservar memoria?
– Fundamental. Un pueblo que no tiene memoria está destinado a morir en la historia. Para saber hacia dónde vamos, tenemos que saber de dónde venimos, y eso lo afirma la memoria.
-¿Qué lugar ocupa la lengua —el mapuzungun— en tu universo literario?
– La voz es la punta de lanza de todo pueblo, nos hace diferente territorialmente. En mi caso, fui una niña castigada de hablar en su lengua. Cuando mi padre, hablante de su lengua originaria desde la cuna, ingresó al colegio, le fue prohibido a golpes hablar en su lengua madre, por tal motivo no les enseñó a sus hijos el sonido de la “voz de la tierra”, por el miedo a que fueran apaleados en el colegio como lo fue él.
-A lo largo de tu trayectoria, ¿cómo fue cambiando tu mirada sobre lo que significa ser autora?
– No lo tengo claro, si a través del tiempo ha cambiado mi ser. A donde vaya sigo siendo una mujer mapuche, con las mismas necesidades, pasiones, desvelos… Pienso que eso me hace ser semejante a otro ser humano. Lo diferente sería que tengo la responsabilidad de dar a conocer la historia oculta de mi pueblo.
– ¿Qué desafíos encontrás hoy al llevar tu obra a públicos más amplios, incluso fuera de Chile?
– Vivir es un desafío. Diría que la naturaleza ha sido muy generosa conmigo, y poder llevar la palabra de un pueblo tan discriminado, me empodera como mujer. Si mis abuelas hubieran tenido las armas literarias que tengo hoy, otra sería mi historia.
-En el contexto actual, donde hay una mayor visibilidad de las culturas originarias, ¿sentís que algo está cambiando en la recepción de tu obra?
– Es una oportunidad que nos hemos ganado a sangre y fuego. Y si somos más visibles es porque hemos aprendido a utilizar las armas del enemigo como, por ejemplo, los medios de comunicación, los cuales son un aliado para nuestra lucha. Además, también va de la mano con la calidad del trabajo literario.
– ¿Qué implica para vos participar en la Feria del Libro de Buenos Aires en un espacio vinculado al mundo indígena?
– En la mayoría de los países latinos y otras latitudes, en sus ferias de libros están presentes las voces de pueblos originarios. Y si este año soy parte de ella, qué se escuche la voz de mi pueblo, es un honor personal y como escritora de visitar la Feria. Sin olvidar que Argentina está sostenida por pilares de pueblos ancestrales, y que el pueblo mapuche argentino aporta voces muy potentes en la literatura, y otros.
– ¿Qué te interesa que el lector —que quizás se acerca por primera vez a tu obra— se lleve después de leerte?
– Que es el reflejo de un pueblo que ha sobrevivido milenariamente bajo los pies de la Cruz del Sur. Me interesa que aprecien mi trabajo con honestidad, aceptando mi forma rústica de escribir. Y dejar una huella, quizás poca profunda, de mi paso por la tierra de Namuncura.
BIO
Graciela Huinao nació en Osorno, Chile, el 14 de octubre de 1956. Estudió en la Escuela 107. Cuando tenía 13 años, perdió a su madre y 8 años más tarde, en 1977, a su padre y emigró a Santiago.
Huinao publicó su primer poema, «La loika», en 1989 y su primer libro Walinto, en 2001 (fue reeditado en 2008 en mapudungún, español e inglés). El nombre de este poemario es el de la comunidad mapuche en la que nació, ubicada a 36 kilómetros de Osorno.
Ha escrito asimismo relatos, una novela y antologado algunos libros, como Hilando en la memoria, 7 poetas mapuche (2006), Hilando en la memoria, epu rapa. 14 mujeres poetas mapuche (2009). Fue la primera mujer indígena en ingresar en la Academia Chilena de la Lengua.
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