Rosario, miercoles 28 de octubre de 2026
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Rosario, miercoles 28 de octubre de 2026

“Hablamos de discapacitados en general como si no tuvieran sexo”

Así reflexiona Silvina Peirano, al frente del primer curso de posgrado sobre sexualidad en personas con diversidad funcional.

“Nosotros creemos que la sexualidad será ese espacio inclusivo que va a unirnos”, comienza diciendo Silvina Peirano; y reafirma: “Un encuentro desde la equidad. El espacio inclusivo que nos ofrece el Centro Universitario Rosario Inclusiva, va a dar marco a este primer curso de posgrado en el que vamos a abordar la sexualidad de varones y mujeres, niños y niñas adolescentes con discapacidad. Porque entendemos que debemos comenzar a reivindicar la temática sexual en personas con discapacidad y llevar esta impronta a la instancia académica para formar a profesionales que estén en el tema a reivindicar los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad”.

Silvina Peirano es profesora de educación especial y orientadora sexual en diversidad funcional. Durante nueve años trabajó en Barcelona, España, donde desarrolló su actividad creando cursos y programas, hasta que resolvió regresar a la Argentina: “Decisión que cada vez celebro más, ya que hace nada más que tres años era impensable que una universidad nos ofreciera desarrollar un curso de postgrado sobre discapacidad y sexualidad. Era prácticamente una utopía”, celebra y reconoce.

“Este ofrecimiento del Instituto Universitario del Gran Rosario –agrega– nos permitirá desarrollar un encuentro académico, dirigido a entender y ayudarnos a transitar este espacio de las sexualidades. De este modo lo que parecía una utopía de pocos se puede convertir en un deseo de muchos”.

Peirano marca que los objetivos son ayudar a superar la brecha de la discriminación y de la falta de equidad que separa a esos grupos minoritarios, llamados “personas con discapacidad”, del resto de la sociedad.

Para el grupo de profesionales de diferentes disciplinas que lidera, la sexualidad es ese espacio que le ha sido quitado a ese conjunto de personas: “Nosotros propiciamos un reencuentro en ese espacio de la sexualidad para transitarlo de una manera placentera, desde el deseo y no solamente de las necesidades”, sostiene la experta.

—¿La discapacidad es un tema “invisibilizado”?

—La discapacidad ha sido desde siempre considerada como lo distinto, lo diferente; y está atravesada por lo que entendemos como “normalidad”. Los grupos mal llamados “minoritarios” o “vulnerables”, han sido históricamente invisibilizados. Nosotros estudiamos ese fenómeno en la historia de la discapacidad, y estos procesos de invisibilización nunca han sido procesos casuales. Por eso creemos que es hora de reivindicar a ese colectivo, pero amparándonos en los derechos, ya no es solamente cuestión de integrar a lo que llamamos personas con discapacidad. Es necesario establecer espacios de equidad para que esgriman su necesaria identidad.

—¿Querría decir que se debería dejar de ver las diferencias desde lo negativo?

—Hemos podido entender que la discapacidad es un concepto negativo porque comienza a construirse desde un concepto “discapacitante”; y se articula desde las “capacidades”. Hemos construido el concepto de “cuerpos capaces” como cuerpos productivos. Esta concepción capitalista de los cuerpos en la que aquellos cuerpos que sirven son los capaces de producir es la que nos ha llevado a etiquetar a los que ostentan una capacidad diferente, como “cuerpos incapaces de producir”.

—¿Cómo se hace para comprender primero y para actuar en consecuencia, después?

—Empezar por conocernos. Nosotros hacemos un taller en el que les pedimos a las personas que recuerden cuál fue la primera experiencia con una persona con discapacidad. En general todos tienen que hacer un gran esfuerzo para recordarla. ¿Por qué, cuando nos encontramos con una persona ciega o con alguien en silla de ruedas, dudamos porque no sabemos cómo tratarlo? Porque no nos conocemos. Hemos tenido y aún tenemos escuelas “especiales”, ámbitos de segregacionismo, destinadas a estas personas. Cuando nos acercamos y los escuchamos, aprendemos a descubrirnos y mirarnos; entendemos no sólo lo que necesita, sino qué desea. Cuando esa “otredad” nos interpela a nosotros, la clave es la equidad.

—Incluye en sus trabajos una frase de Jorge Luis Borges: “Somos gratamente los otros…”

—…Pensar al otro como uno mismo, pero no desde nuestra representación sino desde lo que la otra persona, con discapacidad, nos muestra qué es.

—¿Cómo definiría a la sexualidad?

—Si hay una palabra que la define en forma integral es encuentro, el espacio que nos está esperando. A lo largo de la historia de la discapacidad, lo que hemos hecho con estas personas es hacerlas pasar por un proceso de rehabilitación: “normalizar” sus cuerpos, su intelecto, su sexualidad y, cuando sean lo más parecido a nosotros, en ese momento, integrarlos. Ese proceso, creo, nos ha confundido. Por eso para nosotros es prioritario asociar lo que llamamos discapacidad con diversidad funcional, un modo más preciso que evita etiquetamientos que condenan en lugar de esclarecer. Debemos reivindicar al otro desde las diferentes maneras de ser, de pensar, de sentir. El tema es si estamos preparados como sociedad para aceptar las diversidades. Las sociedades deben prepararse para ser inclusivas, porque hasta hoy estamos en falta.

—¿El pedido es un cambio de paradigma?

—Los paradigmas son construcciones sociales. Debemos salirnos del lugar de pensar que ellos necesitan curarse, y de nuestra protección. Interpelarnos a nosotros mismos sobre nuestras propias sexualidades. Las personas con diversidad funcional no tienen barreras para alcanzar una sexualidad plena y placentera, chocan con las barreras de nuestra incomprensión. La sexualidad está en la riqueza que ofrece la diversidad y la discapacidad. No todos sentimos y vivenciamos la sexualidad de la misma manera ni de los mismos espacios corporales. La sexualidad diversa demanda de las sociedades espacios de inclusión que las sociedades no quieren, todavía, ceder.

—¿Qué opinión tiene sobre la influencia que del uso del lenguaje hacen quienes, desde el poder, imponen modos de actuar?

—La historia está llena de rótulos; en la actualidad hablamos de personas con discapacidades; hace pocos años los llamábamos minusválidos, lisiados, idiotas y otros términos por el estilo con los que no sólo estigmatizábamos sino que discriminábamos a sus destinatarios. Esta terminología no era casual, ya que atribuía dotes desacreditantes a las personas. ¿Cómo podemos pensar la sexualidad de un idiota o de un minusválido? No da lo mismo que se nos nombre de una manera o de otra. Por eso, una de las principales reivindicaciones para estas personas es comenzar a nombrarlos de una manera más cercana, más próxima. Creemos que el término diversidad funcional nos incluye a todos, al definir la riqueza de la diversidad humana. Nombrarnos de una manera que nos invite a conocernos es un paso decisivo. Cuando decimos “personas con capacidades diferentes” o “personas no videntes” es como si no nos atreviéramos a llamar ciego al ciego, porque nos suena interpelante. Sin embargo, esta sería una manera de adentrarnos en su mundo, una manera de comenzar a re-conocerlos”.

—Fue Simone de Beauvoir quien sostenía que el lenguaje es sexuado…

—Aprovecho que haya traído a Simone de Beauvoir para incorporar las cuestiones de género al tema de la discapacidad, ya que hablamos de los discapacitados en general, y parece que no tuvieran sexo, como si no pudiéramos distinguir varones, mujeres, adolescentes, púberes. Deberíamos preguntarnos de qué manera se representa sexual, afectiva y eróticamente a una mujer con discapacidad; a una mujer lesbiana con discapacidad; a un joven transexual con discapacidad. Debemos aplicar perspectivas a la temática sexual en discapacidad. Al referirla al género, por ejemplo, empezamos a transversalizar la discapacidad con temas que están estrechamente vinculados. La discapacidad debería ser una temática ciudadana, ya que todos en nuestras vidas en algún momento vamos a dejar de poseer esas capacidades cuando se instale en nosotros las evidencias del proceso de envejecimiento. Vamos a necesitar una rampa, un bastón, o la ayuda de alguna persona que haga por nosotros algunas funciones que nosotros no vamos a poder hacer.