Por: Agustín Aranda.- El aliento de una hinchada, una manifestación de trabajadores hasta el ruido del baño, todo se puede oír. Sonidos de Rosario, una página que ya extiende sus redes a los ruidos de otros ámbitos geográficos.
Como el pez no se da cuenta de que respira en el agua, los ciudadanos pueden naturalizar una dimensión urbana tan importante para la identidad de un punto en el espacio y el tiempo: el sonido. Apreciar la arquitectura, criticar el servicio de transporte público o la movida nocturna y diagnosticar la hospitalidad de los habitantes, son algunas respuestas a la turística pregunta: “¿Y qué tal Rosario?”. Hace diez años una iniciativa documentalista llamada Sonidos de Rosario recupera instantáneas de la ciudad, la provincia, el país y hasta del exterior en formato auditivo que vuelca a una página web. El resultado es un cuantioso banco de sonidos histórico online y reproducible por cualquier parlante de computadora por los que puede salir desde el sonido ambiente de un bar céntrico hasta el cántico de ventas de semillas de girasol durante el ingreso a la cancha de Rosario Central. O también el mensaje telefónico grabado del ex candidato Ricardo Alfonsín en 2011, durante su campaña. Con múltiples colaboradores que graban materiales, el sitio creció hasta formar parte de las herramientas disponibles para los profesores de primaria como disparador para ejercicios de escritura. Y sobre literatura, también brindan un igualitario espacio para autores locales y nacionales que deseen grabar y compartir sus textos. “Hay un placer nostálgico de la gente que vive afuera. Extrañan a Rosario y es como un álbum de fotos el banco de sonidos. Mandan mails agradeciendo volver a escuchar al churrero o el tipo que vende chipá. Recuperan, desde otro país, la escena”, explica Diego Colomba, integrante de la iniciativa a El Ciudadano. El proyecto comenzó en 2002 como parte de una búsqueda de material sonoro que sería parte de la artística de la radio comunitaria FM Aire Libre para la que trabajaba Adolfo Corts, principal responsable del espacio virtual. Cortina, tanda comercial, copete, separador y demás audios que se usan para dinamizar y dar identidad a la emisión de una radio se llenaron de ambientes conocidos para los oyentes.
Bancario
Organizado en secciones como salones de un museo, la web propone empezar con “Banco de sonidos”, compuesto por cincuenta categorías. Clubes, actos oficiales, oficinas gubernamentales. Nada parece faltar. Hasta el depósito de un baño que pierde en una pensión es atrapado por los inquietos documentalistas. Teatros, cines y hasta la voz del estadio Coloso Marcelo Bielsa cuando juega Newell’s Old Boys están disponibles para el cibernauta.
Otra sección amplifica los sonidos de la provincia, desde San Gregorio a Gato Colorado. Lleva el nombre de “Escuchar Santa Fe”. Sin límites geográficos y con pretensión federal, también se suma a la web la sección “Espacio sonoro Argentina” en la que ya hay más de 15 provincias representadas en vibraciones captadas por un micrófono.
En la faz experimental y de aportes de sonidos de otros puntos del planeta, la web propone “Oído absoluto”. Allí, hay fonografías y guisos de sonidos en el que un poema de Charles Bukowski se codea con un simulador de vuelo de un F-16. Al banco llegan grabaciones de viajeros que se convierten en colaboradores. “Gente de todo el mundo. Es casi inabordable y difícil de clasificar. Lo cierto es que la toma grabada debe cumplir un mínimo de calidad básico”, apunta Colomba.
Los ambientes de Uruguay, Bolivia, Cuba y Estados Unidos comparten espacio con un guitarrero del bondi, entre otros ejemplos.
Historia
Cual cápsula del tiempo –una caja en la que se depositan elementos con valor afectivo que se guardan para ser recuperados en un futuro–, la página está sostenida por un archivo físico: miles de bytes en discos DVD que van a un servidor de internet.
En el presente, lo que moviliza la página web es la idea también de servir como puerta para parte de la cultura, en este caso, la literatura local y nacional. Una de las secciones, llamada “Salón de lectura” propone enfrentarnos con los timbres de voz de unos 70 escritores, algo pocas veces accesible. La mayoría son autores rosarinos, algunos reconocidos por sus obras, doctores en literatura, y otros integran las mesas de lecturas que se realizan en distintos puntos de la ciudad. La variedad temática es amplia al igual que los géneros: poemas, cuentos, crónicas, fragmentos de novela y ensayos propios. Lo valioso es que a todos se les brinda el mismo trato y respeto: dos archivos de audio para escuchar, una breve biografía y una foto que acompaña el asiento dentro de la sección.
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