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Historia de vida: Mariela cuenta desde adentro el padecer de trabajadoras y trabajadores de Lácteos Verónica

Sin sueldos desde octubre y con la producción frenada, el personal denuncia el silencio de la familia Piñero. El conflicto afecta a 700 empleadas y empleados y amenaza con hacer desaparecer la economía de pueblos enteros como Lehmann, Suardi y Clason

Trabajadores de la empresa láctea Verónica continúan en estado de alerta y movilización. Con deudas salariales que se acumulan desde octubre, aportes previsionales y de obra social no depositados, y plantas paralizadas desde diciembre, los trabajadores denuncian el silencio de los dueños y la inacción de las autoridades. 

Se trata de 700 trabajadoras y trabajadores en todo el país, dentro y fuera del convenio sindical. Según contó una de las trabajadoras de la firma en Rosario, a quienes están fuera de convenio les adeudan salarios desde octubre del año pasado mientras que el resto sufre una situación similar con salarios adeudados desde noviembre. En todos los casos, la empresa debe los aportes jubilatorios y de obra social. La deuda estimada con la cadena productiva asciende a 60 millones de dólares.

Según contaron los trabajadores, desde el 20 de diciembre de 2025 la producción está totalmente paralizada y los trabajadores solo van a cumplir horario: “No hay más producción, no tenemos venta, ni está el producto en los supermercados. En la planta de Lehmann no tienen agua ni papel higiénico”. 

En primera persona

Mariela tiene 50 años y trabaja en el sector ventas desde hace 14. Contó que la sucursal de Alvear, donde trabajaba con otros 16 compañeros, fue cerrada de golpe: “Algunos se fueron con retiro, otros se consideraron despedidos, otros seguimos. Tengo 50 años. Mi hijo hace doble turno como enfermero para ayudarme. Mi mamá es jubilada y no puede hacer mucho. Seguimos atados a Verónica. En el mercado laboral, a los 50 te dejan de lado, aunque tengas estudio y experiencia”.

La mayoría de los empleados tiene un promedio de 50 años y entre 15 y 20 años de antigüedad. “A un compañero que vive en Corrientes y trabajaba desde allá, de un momento a otro le mandaron un telegrama para que se presentara a trabajar en Buenos Aires. Después le mandaron un telegrama echándolo con justa causa porque no se presentó a trabajar. Lo despidieron por correo”, agregó. 

Según contó Mariela, desde el inicio del conflicto, algunos trabajadores aceptaron un acuerdo propuesto por un enviado de la empresa, que ofrecía pagar el 30 o 40% de lo adeudado en diez cuotas, pero aún no cobraron la primera. “Si trabajás no cobrás, si te considerás despedido no cobrás, si llegás a un arreglo no cobrás”, destacó y agregó que un representante de la firma les sugirió tomar vacaciones para buscar otro trabajo.

La situación no solo afecta el bolsillo, sino también a la salud mental. “Hay un grupo de esposas que tienen a sus maridos deprimidos, deteriorados, sin saber para dónde ir. Eran el sostén del hogar y ahora no tienen para darle de comer a sus hijos, ni para pagar la luz. Yo estoy endeudada con la tarjeta de crédito porque pagué todo con eso. Y seguís legalmente ligado a Verónica”, contó Verónica.

Las esposas de los trabajadores formaron un grupo de WhatsApp para buscar contención ante la desesperante situación: “Ellas tomaron la batuta, porque tienen a sus maridos depresivos, sin saber qué hacer. Intentamos visibilizar la situación, pero muchos medios no nos ayudan. No quieren que salga la luz. No sabemos más qué hacer para que nos escuchen”.

Sin respuesta de parte de las autoridades de la empresa, los trabajadores piden una definición: “Si la fábrica va a continuar, que continúe. Si cierra, que nos echen y nos paguen lo que corresponde. En 10 cuotas, pero que paguen. Necesitamos un corte para seguir. Así no se puede dormir, te mortifica no poder pagar las cuentas. Hay compañeros con hijos en edad escolar, en la universidad, que ya no pueden costearles los estudios. Esto te arruina”.

“No entiendo cómo una familia que emitió 4000 cheques sin fondo, que se queda con los aportes jubilatorios, de obra social y de cuota alimentaria, no tiene ninguna represalia. Cómo puede ser que hayan hecho una estafa tan grande y ninguno esté preso. Porque es una estafa lo que han hecho”, cerró.

Gran escala

El conflicto trasciende a los trabajadores de la firma y genera un impacto en la economía general de las pequeñas localidades como Suardi, Clason, Lehmann y San Genaro. “Son lugares muy chiquitos, donde la mayoría depende de Verónica directa o indirectamente. El empleado saca fiado en el almacén, compra en la tienda, en la farmacia, usa Uber, manda a sus hijos a Rosario en colectivo. Es un círculo vicioso. Si Verónica cierra, no solo nos quedamos sin trabajo nosotros, se caen pueblos enteros”, explicó la trabajadora.

Sin respuesta

Los trabajadores aseguran que desde la empresa no les dan ningún tipo de respuesta sobre la situación y exigen una resolución del conflicto. “No tenemos argumento, no emiten sonido. Le preguntás al jefe de personal y te dice que a él no le dicen nada. La familia Piñero, los dueños, están herméticamente cerrados”, señalaron.

En tanto, piden que las autoridades de la provincia intervengan para dar una pronta solución. “El gobernador Pullaro no emitió sonido sobre Verónica. Tampoco se pronunciaron las autoridades de Rafaela, donde hay 60 familias que trabajan en la firma, ni de las otras localidades como Clason, Lehmann y Totoras. El ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini, dice que están trabajando, pero los tiempos de ellos no son los nuestros porque ellos tienen para comer y pagar sus gastos pero nosotros estamos endeudados porque son muchos meses atrasados”, contó la trabajadora. 

El conflicto

El conflicto comenzó en marzo del año pasado, cuando la firma de lácteos pagó el salario en cuotas. A fines de agosto, con intervención del sindicato y el Ministerio de Trabajo, se acordó un pago semanal. En ese entonces, la planta funcionaba parcialmente con producción para terceros, especialmente en la planta de Lehmann que era utilizada como secadora para otras marcas, como por ejemplo Punta del Agua. 

Ese esquema se mantuvo hasta enero, cuando la empresa terminó el fasón y dejó de depositar los sueldos. “La semana pasada dieron 37.000 pesos: primero 17.000, después 20.000 y luego 21.000. En total, 57.000 pesos de todo lo que nos deben”, contó Mariela.

Según señaló, en septiembre, los dueños crearon tres empresas distintas y dividieron el tambo de la firma, uno de los cuales le vende leche a otra importante empresa láctea. Según los trabajadores, la empresa intentó buscar compradores, pero Alejandro Piñero no quiere vender. El directorio está compuesto por 13 personas.

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