Los autores de esos proyectos, Bárbara Tomadoni, David Trejo, Demián Brener y Facundo Carrillo, menores de 35 años, fueron reconocidos como parte de la nueva generación de líderes tecnológicos en Latinoamérica por sus enfoques disruptivos en una nueva edición de Innovator Under 35
Chips que buscan potenciar las capacidades de la informática, un sistema de inteligencia artificial que ayuda a psiquiatras a diagnosticar enfermedades, biogeles que reducen el consumo de fertilizantes en agricultura y una plataforma que fomenta la libertad económica a través de criptomonedas fueron los proyectos de cuatro argentinos que este jueves llegaron a la final de un concurso de innovación de la revista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Los autores de esos proyectos, Bárbara Tomadoni, David Trejo, Demián Brener y Facundo Carrillo, menores de 35 años, fueron reconocidos como parte de la nueva generación de líderes tecnológicos en Latinoamérica por sus enfoques disruptivos en una nueva edición de Innovator Under 35.
Se trata de un premio que reconoce proyectos de impacto de emprendedores jóvenes, cuyos ganadores se conocerán el 30 de enero en una ceremonia en la Ciudad de México.
El proyecto de Facundo Carrillo, de 32 años, doctor en Ciencias de la Computación y graduado de la Facultad de Exactas de la UBA, se llama Sigmind y es un conjunto de herramientas de inteligencia artificial (IA) que ayuda a los psiquiatras a diagnosticar las enfermedades mentales.
“Este reconocimiento es una muy buena validación de que lo que venimos construyendo va por buen camino, lo entiendo como una mención al proyecto que construimos junto a mis compañeros en un equipo altamente interdisciplinario”, destacó Carrillo en diálogo con <Télam>.
Para explicar cómo funciona su herramienta, el investigador hizo una analogía con la consulta de un traumatólogo: el médico escucha los síntomas del paciente, luego hace una radiografía y genera un diagnóstico mediante esas dos fuentes de información.
“A diferencia del traumatólogo, el psiquiatra no tiene una herramienta objetiva de diagnóstico y debe confiar únicamente en la subjetividad entre el paciente y el médico”, explicó.
Para paliar esa carencia, desarrolló una app para que el paciente grabe audios de su día a día y, luego, el algoritmo de Sigmind los analiza y los convierte en “información objetiva” para el médico, completó.
El proyecto de David Trejo, de 28 años, busca darle una solución a cuando dentro de unos años la potencia computacional de los aparatos que usamos actualmente puede que “nos parezca ridícula”, y se basa en unos dispositivos electrónicos denominados memristores.
Mientras la informática actual almacena la información en forma de unos y ceros (binario), los memristores de Trejo pueden grabar múltiples niveles de información.
“En el 2010 me sumé a un laboratorio de IA, y un día llegamos a un límite del sistema: no podíamos procesar más, no nos daba más la computadora”, recordó Trejo a >Télam<.
Por ejemplo, citó, cuando uno va al traductor de Google ve una simple pantalla en su computadora pero detrás de eso hay una “súpercomputadora que procesa nuestra consulta y nos la devuelve”.
“Para llegar a ese tipo de nivel tan complejo de procesamiento, se necesita un chip especifico y que además sea genérico para inteligencia artificial. Eso fue lo que desarrollamos”, remarcó el argentino sobre este avance que logró y lo convirtió en uno de los finalistas del concurso, al cual calificó como una “vidriera que multiplica las oportunidades”.
El proyecto de la ingeniera química Bárbara Tomadoni, de 29 años, busca aliviar el problema del agua a partir de la creación de materiales de origen natural que ayudan a reducir su consumo en la agricultura, y también minimizan el uso de fertilizantes.
La investigadora desarrolla biogeles biodegradables para el control de humedad en suelos con el objetivo de reemplazar los actuales hidrogeles, que pueden contaminar tierras y cultivos, por alternativas bío, basadas en polímeros de origen natural, como el alginato de sodio procedente de algas marinas y el quitosano, presente en el exoesqueleto de crustáceos.
Los biogeles de Tomadoni absorben grandes cantidades de agua y la liberan en momentos de sequía, y además sirven para reducir el uso de fertilizantes al liberarlos poco a poco en el suelo.
El enfoque del ingeniero electrónico Demian Brener, de 29 años, busca darle una posibilidad al hecho de que el país de residencia de una persona no determine en qué moneda pueda cobrar o invertir.
De alguna manera, quiere “fomentar la libertad económica” de las personas, y para eso creó una plataforma, con su startup OpenZeppelin, que permite el desarrollo y operación de aplicaciones seguras basadas en la tecnología de cadena de bloques (blockchain).
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