El Tribunal Penal de Rosario dictó la sentencia definitiva contra Lucas M., de 33 años. El fallo abordó un historial de extrema violencia que incluyó un ataque con combustible, amenazas coactivas durante la internación de la víctima y agresiones sexuales reiteradas en una vivienda de la localidad de Ibarlucea
En un fallo que expone la trama más oscura de la violencia de género y el sometimiento, el Tribunal de Primera Instancia de Rosario condenó este martes 9 de junio de 2026 a Lucas M. (33) a la pena de 16 años de prisión de ejecución efectiva. Los jueces penales Leiva, Aguirre y Lamas González lo hallaron culpable de los delitos de tentativa de femicidio agravado por el vínculo y por el contexto de violencia de género, amenazas coactivas y abuso sexual con acceso carnal reiterado.
La resolución judicial, dictada en la Sala 7 del Centro de Justicia Penal, validó la reconstrucción de los hechos presentada por la fiscal de la Unidad de Violencia de Género, Manuela Dalcol, quien llevó adelante una acusación que desmenuzó casi una década de abusos y violencia física y psicológica sobre la víctima.
El hecho principal que originó la investigación penal ocurrió el 18 de febrero de 2017, en la vivienda que el imputado compartía con la víctima y el hijo de ambos en la localidad vecina de Ibarlucea. De acuerdo a la acreditación de la Fiscalía, en el marco de una fuerte discusión generada porque el agresor le exigía dinero a la mujer para adquirir estupefacientes, Lucas M. tomó un bidón de nafta —utilizado habitualmente para una máquina de podar—, roció el cuerpo de su pareja y le arrojó un encendedor encendido.
El fuego tomó de inmediato las prendas y la piel de la víctima. Lo que pudo haber sido un femicidio consumado se evitó gracias a una cadena de auxilios inmediata: la intervención del padre de la mujer y de un vecino, quien la trasladó de urgencia al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde los profesionales lograron salvarle la vida tras un complejo tratamiento por las severas quemaduras.
Sin embargo, el calvario de la víctima no terminó con la atención médica. Mientras la asistían y durante todo el posterior proceso de internación, el agresor montó un estricto cerco de control sobre ella. Mediante el uso de amenazas coactivas, Lucas M. permaneció a su lado de forma permanente en el efector de salud con el único objetivo de amedrentarla para evitar que revelara la verdadera mecánica del ataque ante el personal médico o policial.
La condena dictada por el tribunal también incluyó la figura de abuso sexual con acceso carnal reiterado. La investigación judicial demostró que, con posterioridad al ataque con fuego y aprovechando el estado de vulnerabilidad y el temor infundido en la mujer, el imputado continuó sometiéndola sexualmente durante los fines de semana.
Por estrictas razones de resguardo a la intimidad, la integridad psíquica y la dignidad de la víctima, las autoridades judiciales y el tribunal mantuvieron en reserva los detalles específicos sobre el modo y la mecánica en que se perpetraron estas agresiones. Con este fallo, la Justicia cierra un proceso de alta complejidad, dictando una pena de cumplimiento efectivo que saca de circulación al agresor y otorga una medida de reparación e histórica protección institucional a la sobreviviente.
Fuente: Pregon
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