En Benevento, un pueblo del sur de Italia, el ingeniero Adrian Bejan detectó algo peculiar en los tejados locales: formas repetidas que parecían responder a algo más profundo que la estética
La investigación concluyó que ciertas proporciones en los techos maximizan la retención de calor, favoreciendo la conservación de energía.
En Benevento, un pueblo del sur de Italia, el ingeniero Adrian Bejan detectó algo peculiar en los tejados locales: formas repetidas que parecían responder a algo más profundo que la estética.
Junto a su colega Pezhman Mardanpour, aplicó principios de termodinámica y dinámica de fluidos para demostrar que esas formas no eran casuales. Eran soluciones empíricas para optimizar el aislamiento térmico de las viviendas.
Bajo un tejado, el aire atrapado funciona como un aislante natural. Su capacidad para retener calor depende de la forma del espacio que lo contiene.
Bejan descubrió que cuando el pico de un tejado tiene menos de 0,9 metros de altura, el calor se disipa en un flujo laminar, predecible y suave. En cambio, si el pico supera esa altura, el flujo se vuelve turbulento, desordenado y con mayor pérdida energética.
El estudio establece dos configuraciones clave:
Estas proporciones ya existían en construcciones tradicionales mucho antes de que la ciencia las explicara. Sin saber de ecuaciones, los antiguos constructores aplicaron soluciones óptimas basadas en observación, experiencia y resultados.
Hoy se habla mucho de materiales aislantes, ventanas de triple vidrio o sistemas HVAC inteligentes. Pero se ignora una herramienta fundamental: la forma de la estructura.
El trabajo de Bejan demuestra que con solo modificar la geometría del tejado se puede mejorar la eficiencia energética sin añadir costes ni tecnología adicional.
Los investigadores analizaron cómo el aire se comporta dentro del espacio bajo el tejado, como si fuera un fluido en movimiento. Descubrieron que la forma impacta directamente en:
El estudio pone en valor el conocimiento empírico acumulado en culturas tradicionales. Durante siglos, los constructores aprendieron que ciertos diseños hacían las casas más frescas en verano y cálidas en invierno.
Esa sabiduría, ahora respaldada por la física, se convierte en una herramienta potente para repensar cómo diseñamos.
Las conclusiones no solo sirven para casas. También se pueden aplicar a:
La biomimética es una disciplina que estudia la naturaleza como modelo, fuente de inspiración y medida de eficiencia para resolver problemas humanos. Su objetivo es imitar estrategias, estructuras y sistemas biológicos que han evolucionado durante millones de años para diseñar soluciones sostenibles, eficientes y adaptadas al entorno.
El aprovechamiento del diseño geométrico como estrategia de eficiencia energética ofrece una vía accesible, económica y universal para reducir el consumo energético global.
Si los nuevos edificios incorporan estos principios:
Además, esta visión promueve una arquitectura consciente del entorno, que combina ciencia y tradición, forma y función, estética y eficiencia. Es una oportunidad para redefinir el futuro del hábitat humano con una base sólida en la física y el respeto al conocimiento acumulado por generaciones.
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