Política

Joaquín Blanco: “No vas a encontrar ningún socialista con peluca”

El diputado provincial del Partido Socialista analizó los avances legislativos tras la nueva Constitución provincial, el escenario de seguridad en Rosario y defendió las Paso y la boleta única. Además, anticipó la estrategia para las elecciones presidenciales y marcó una profunda distancia con el modelo de Javier Milei y La Libertad Avanza

*Por Luciana Mangó y Daniel Zecca

Luego de la histórica reforma constitucional en Santa Fe, la Legislatura provincial debate una serie de normas clave para modificar el sistema judicial, la seguridad y el modelo electoral. En diálogo con El Ciudadano Política, el diputado provincial del PS, Joaquín Blanco, analizó el proyecto de reforma procesal penal y anticipó algunos ejes del debate de reforma electoral. En clave nacional, en vista a las elecciones 2027, descartó cualquier acercamiento a La Libertad Avanza, cuestionó el rumbo económico del gobierno nacional y anticipó la construcción de una propuesta presidencial propia del socialismo para disputar otro modelo de país, que supere la polarización y el modelo económico libertario. 

—La reforma constitucional desató una serie de leyes complementarias que la Legislatura está tratando, ¿cómo está esa agenda legislativa? 

—Estamos muy orgullosos de la Constitución que logramos en 2025. En una Argentina libertaria, en un mundo en donde la antipolítica y la extrema derecha parecen ser la ideología dominante, en Santa Fe logramos una Constitución muy progresista, moderna, avanzada, con una ampliación de derechos y de garantías constitucionales, y con una modernización del Estado muy importante, en la que el socialismo tuvo un rol clave. Estamos haciendo leyes derivadas de una muy buena Constitución. El primer objetivo que logramos fue la Ley Orgánica de Municipios, que regula el funcionamiento de todas las ciudades de la provincia. Se disolvieron las viejas comunas y las viejas localidades de menos de 10.000 habitantes pasaron a tener estatus de municipio. Los periodos duran 4 años. Hay que ordenar los sistemas legislativos, los ejecutivos, las áreas metropolitanas, todo lo que tiene que ver con la cooperación entre ciudades. Logramos una ley de más de 140 artículos. La última vez que se había hecho una reforma de estas características había sido en 1939. 

Ahora vienen leyes derivadas de todo el aparato judicial, con el sistema de selección de jueces, que es un tema controversial en Argentina. Por otro lado, el enjuiciamiento de fiscales y magistrados: de qué manera se juzga la conducta de los jueces y de los fiscales cuando cometen ilícitos. La participación ciudadana, que fue uno de los grandes avances de esta Constitución, con la regulación de institutos que garanticen al ciudadano ser un protagonista de la vida pública: referéndum, revocatoria de mandatos, plebiscitos y consulta popular. Por supuesto, todo lo que tiene que ver con transparencia, con acceso a la información pública, con los deberes de los funcionarios a la hora de demostrar su integridad y su patrimonio. 

—Se encendieron algunas alarmas sobre la reforma del Código Procesal Penal, ¿cuál es tu mirada?

—Hay una definición que los rosarinos y los santafesinos tenemos que tener clara: la pelea por la seguridad es una pelea diaria y es una buena noticia que el Ministerio de Seguridad de la provincia no pierda la iniciativa ni crea que es una batalla ganada. Los indicadores son muy positivos con respecto a dónde estábamos parados en 2023. En 2024 tuvimos un contexto no solamente de emergencia, sino de atentados en la via pública que fueron conmocionantes y que nos marcó sobre dónde estábamos, dónde no queríamos estar y hacia dónde queríamos ir en materia de política de seguridad. Y un consenso de una política de Estado, en el cual la Legislatura, el Ejecutivo, el Poder Judicial, oficialismo y oposición, empujamos de una manera contundente para un mismo lado para poder pacificar Rosario. Hay una impronta de una gestión, pero el desafío con el que asumimos este gobierno se convirtió en una política de Estado, y por eso esas reformas legislativas y el compromiso del Poder Judicial fue realmente reconocido de una manera transversal a todas las fuerzas políticas. 

Con respecto a los proyectos de ley, van a ser analizados en profundidad y vamos a convocar absolutamente a todos los actores para escucharlos. No puede haber ninguna reforma si no están involucrados los principales actores que tienen que llevarla adelante. Seguramente, la Cámara de Diputados va a ser la caja de resonancia de todas las voces. Venimos de una reforma constitucional que nos puso un umbral muy alto sobre cómo tienen que ser las políticas de seguridad y el sistema judicial, de qué manera el ciudadano tiene las debidas garantías del proceso para ser reconocido como tal ante el Estado. Se viene un debate importante, en el cual va a haber diferentes miradas. Desde el socialismo vamos a tener una actitud seria y respetuosa de la Constitución y de las convenciones internacionales, escuchando a todas las voces, y buscando que el individuo pueda tener un servicio de Justicia y de seguridad de excelencia para seguir en este proceso de pacificación de Rosario.

—Entre los puntos más cuestionados, ¿hay alguno que descartes o todo es discutible? 

—No es para poner ni un semáforo ni luces rojas ni luces verdes. Es un proyecto que está claro que necesita tener un amplio consenso político, porque lo que ha demostrado la historia reciente de Santa Fe es que las gestiones pasan, pero las leyes y las instituciones quedan. Lo más importante es lograr políticas de Estado en esta materia y los consensos amplios y suficientes, no solamente dentro de la política, sino también con todos los actores institucionales para que no haya retrocesos. Lo importante es que la política de seguridad sea acumulativa, que aprendamos de los errores del presente y del pasado, y que podamos tener leyes que nos proyecten hacia el futuro con pasos sólidos. Lo peor que le puede pasar a cualquier reforma de este calibre es que sea algo entre gallos y medianoche, que sea una reforma que no logre consensos suficientes, que los actores del sistema no estén convencidos. Cuando todo eso pasa son indicadores de que son reformas débiles, de que no van a tener la contundencia ni el largo plazo necesario para que causen efecto. El socialismo va a trabajar para que sea con mucha seriedad, con mucha responsabilidad y con mucho consenso político institucional, porque el tema lo amerita.

—En el plano electoral, en vistas a 2027, el Partido Socialista a nivel nacional dijo que pretende presentar su propio candidato presidencial. ¿Cómo se llegó a esta definición? 

—Es necesario superar a Milei y en eso hay una determinación del Partido Socialista de ser protagonistas de ese proceso. Vemos en la ciudadanía una enorme incertidumbre sobre hacia dónde está yendo Argentina. Muchos ciudadanos que confiaron en Milei en 2023 y 2025, que hicieron un enorme sacrificio personal en su economía más doméstica y que hicieron un tremendo ajuste en su vida cotidiana, necesitan tener una claridad de que ese esfuerzo tiene sentido. Y lo que ofrece el gobierno nacional es preocupación, incertidumbre, una promesa de que va a venir en algún momento una lluvia de inversiones extranjeras que va a rehabilitar la producción y el consumo. Es como una zanahoria que nunca se alcanza.

También vemos con mucha claridad una gran necesidad de no volver al pasado. Fórmulas que ya hemos probado, que convivían con economías de alta inflación y de alta precarización laboral. Amplios sectores de la sociedad, pero fundamentalmente los jóvenes, lo rechazan. En ese entendimiento de qué momento está viviendo la sociedad argentina, el Partido Socialista quiere hacer un aporte y presentar una propuesta de país diferente. Va a ser con otros, en una coalición amplia, con diferentes sectores del mundo del trabajo, de la producción y del mundo social. Tenemos que tener una propuesta que nos permita pensar que un país con estabilidad, sin inflación, con empleo y con producción, es posible, que no es una quimera, que no tenemos que estar alternando entre una economía cerrada, inflacionaria, versus una economía abierta y recesiva, que no tenemos que optar entre inflación o empleo, como nos quieren hacer creer, porque es una dicotomía muy mala en cualquiera de los dos sentidos, sino que hay una posibilidad de encontrar otro camino.

El Partido Socialista asume esa responsabilidad y ese compromiso representando un electorado progresista, que defiende la educación pública, la lucha de memoria, verdad y justicia, los derechos humanos, los bienes públicos de calidad, el concepto de un Estado eficiente y presente, la bandera de la salud pública. Esos son los valores con los cuales el socialismo cree que hay que construir una propuesta nacional. Estamos muy entusiasmados porque creemos que ante la fragmentación opositora, ante la falta de claridad de los principales partidos de la oposición, es necesario empujar una idea, proponer, animarse, no resignarse, no quedarse en la queja, sino salir a jugar el partido. Y lo hacemos con mucho entusiasmo.

—¿Tienen algún candidato?

—Tenemos nombres y perfiles de compañeras y compañeros, pero lo más importante es empezar a hablar de qué propuesta tenemos para Argentina. Escuchamos discursos de odio por un lado, de queja por el otro, pero la política argentina y la oposición se han sumergido en una suerte de resignación. ¿Cómo salimos de eso y empezamos a discutir un proyecto de país? Brasil, que tiene elecciones presidenciales este año, está discutiendo el acuerdo Mercosur-Unión Europea. En Argentina no tenemos elecciones este año y no estamos discutiendo ningún tema trascendente de la vida pública nacional. Discutimos sobre la corrupción de Adorni, sobre si Máximo (Kirchner) y Axel (Kicillof) se hablan o no se hablan, si Macri sí o Macri no, pero no hay una discusión real de cuáles podrían ser los motores del desarrollo que nos permitan salir del estancamiento crónico que tiene Argentina. Hace 13 años que este país no crece. Pasaron todos los gobiernos de todos los colores políticos con todas las recetas. Hace 13 años que vivimos estancados, donde casi uno de cada dos argentinos está en la pobreza, casi uno de cada dos argentinos está precarizado. Este es el diagnóstico que la política elige mirar para otro lado y que nosotros, desde el socialismo, con mucha humildad, decimos que la agenda tiene que ser el motor de desarrollo de la Argentina.

—A ese diagnóstico tal vez haya que sumarle que en cada una de las elecciones vota menos gente. Y es muy riesgoso no tomar nota del desencanto permanente de la población… 

—Hay una política que se habla a sí misma y que se mira al ombligo. Veo una desconexión más grande aún. Milei ganó, no solamente porque prometía combatir la casta, dinamitar el Banco Central, dolarizar la economía, sino porque le hablaba a un enorme segmento de la población que la política tradicional -la de Cambiemos y el Frente de Todos- decidió ignorar. Ahora con Milei subido a la política tradicional, y haciendo política tradicional, hay un enorme sector de la población al cual no le está hablando nadie. Eso colabora con la desafección, con la baja participación, con el desinterés de un montón de sectores con la vida pública, pero también puede ser el germen de algo nuevo. Queremos estar preparados para ofrecer algo a aquellos sectores que estén buscando lo nuevo.

—Hay versiones dentro de la coalición Unidos sobre una posible incorporación de La Libertad Avanza. ¿Cuál sería la reacción del socialismo si en algún hipotético caso pudiera avanzar?

—Nosotros no tenemos nada que ver con La Libertad Avanza. Ellos creen en la destrucción del Estado. Nosotros estamos convencidos en la construcción del mejor Estado. Ellos demuestran que la crueldad y la desintegración de una sociedad es un vehículo para poder gobernar. Nosotros estamos convencidos de que la única forma de gobernar es con sociedades integradas que vayan para adelante, pero que no quede nadie atrás. Con lo cual no hay ninguna posibilidad de que eso suceda. En Argentina hay peronistas con peluca, hay radicales con peluca, hay macristas con peluca. No vas a encontrar ningún socialista con peluca porque no compartimos nada de lo que propone La Libertad Avanza. 

Por supuesto que entendemos a aquellos sectores que lo han votado, porque hay una ciudadanía que estaba buscando desesperadamente un cambio, y hay sectores de la clase media, de las clases populares y de las clases altas. Ha sido un voto transversal el que ha acompañado en 2023 y en 2025 a La Libertad Avanza. Es un fenómeno que hay que interpretarlo correctamente y no encasillarlo en viejas dicotomías de peronismo-antiperonismo. Esto es más complejo. Muchos hijos de familias peronistas votaron a Milei y hay que entenderlo para comprender el fenómeno. 

Por otro lado, el peronismo santafesino siempre ha sido una expresión de derecha. Lo fue Reutemann, lo fue Obeid, lo fue Perotti. Son expresiones de un peronismo conservador que gobernó por derecha. Disentimos con la teoría de los electorados compartidos, pero estamos convencidos de que la política no es aritmética. No se trata de quién mete un concejal más o un concejal menos. No se trata de quién festeja la noche de las elecciones. Se trata de en qué tipo de sociedades queremos vivir. Los libertarios quieren vivir en una sociedad donde el 30% esté adentro y el 70% esté afuera. Los socialistas queremos vivir en una comunidad integrada que vaya para adelante, pero donde no sobre nadie.

—¿Cómo vislumbrás el debate de la reforma electoral? ¿Cuál es tu posición con respecto a las Paso? ¿Cuál se estima que puede llegar a ser el piso electoral? 

—Es un tema que está recién en discusión y todavía no hay proyectos presentados en la Cámara de Diputados por parte de Unidos. Desde mi punto de vista, Santa Fe tiene una muy buena tradición electoral. Acá se inventaron las Paso en 2005, para salir de la ley de lemas, y ese sistema se copió a nivel nacional. En Santa Fe se inventó la boleta única en papel que después de muchísimos años fue tomada a nivel nacional. Tenemos una muy buena ley de paridad en la provincia de Santa Fe. Me imagino una reforma electoral que recoja lo mejor de esta experiencia. No me imagino que desaparezca la boleta única papel, no me imagino que desaparezcan las Paso, no me imagino que desaparezca la paridad, al contrario, me parece que todo eso va a reforzarse en la reforma electoral.

Y obviamente va a haber una discusión que tiene que ver con los pisos, con quién accede a disputar bancas. Hay ejemplos a nivel nacional de todo tipo. La provincia de Buenos Aires, por ejemplo, que durante décadas fue gobernada por el peronismo, tiene pisos altísimos. Para ser senador provincial en la provincia de Buenos Aires tenés que tener un piso del 20%. Para ser concejal en Mar del Plata tenés que tener un piso del 8%. En Argentina conviven diferentes sistemas. En la provincia de Santa Fe tenemos que recoger lo mejor de la experiencia, ir hacia un sistema electoral que permita la participación de minorías y la construcción de mayorías, para darle gobernabilidad a los ejecutivos. Vamos a hacer una reforma electoral que va a ser positiva y que va a lograr amplios consensos. No me imagino una reforma electoral que salga con una mayoría mínima, o con fuertes críticas por parte de algunos sectores. Me imagino una reforma que integre todas las miradas y que busque los mayores consensos posibles.

—¿Qué opinás sobre la opción que trascendió de que una misma boleta integre varias categorías?

—Eso está funcionando a nivel nacional. La vimos en la última elección, por ejemplo, cuando eligieron senadores y diputados nacionales en Capital Federal. Ellos tenían un sistema de una boleta vertical, que no estaba bien diseñada y entonces mucha gente votó a senador, pero no a diputados nacionales, y salieron muchos votos en blanco porque no era clara la boleta a la hora de marcar. La Constitución es clara, uno elige por categoría, con lo cual en el diseño de la boleta cada una de las categorías tiene que estar bien demarcada. Hay buenas experiencias y creo que la experiencia nuestra es positiva, de los cinco cuerpos. Son todos temas de la práctica para ver en la ley Electoral.

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