El empate agónico de Newell’s ante Central fue el resultado directo de una audaz decisión táctica de Frank Darío Kudelka, quien decidió quemar las naves en el Gigante de Arroyito. Viendo que su equipo estaba abajo en el marcador y carecía por completo de profundidad, el director técnico pateó el tablero tradicional y apostó por un triple nueve en el tramo final del partido.
La acumulación de peso ofensivo dentro del área descolocó a la defensa rival, que hasta ese momento se sentía cómoda, forzándola a retroceder y a lidiar exclusivamente con balones aéreos. Incluso obligó a Jorge Almirón a decidir el ingreso del paraguayo Zaracho en defensa.
Para armar este tridente de área junto al uruguayo Matías Cóccaro, Kudelka realizó dos modificaciones determinantes en los últimos minutos. Primero, a los 34 minutos del complemento, mandó a la cancha al Colo Ramírez en reemplazo del extremo Walter Mazzantti. Luego, a los 44, redobló la apuesta con el ingreso del juvenil de gran estatura Francisco Scarpeccio, quien entró a la cancha sustituyendo al lateral derecho Martín Ortega.
La pizarra del entrenador dio sus frutos de manera exacta a los 47 minutos, validando la efectividad de los cambios en una jugada letal. Un pelotazo largo desde el fondo fue peinado con autoridad por el recién ingresado Scarpeccio frente a dos centrales; la pelota derivó en Ramírez, quien aguantó la marca y asistió casi sin querer a Cóccaro para que definiera ante la salida del arquero.
Con la posterior convalidación del VAR, la intervención directa de los tres centrodelanteros sentenció el 1-1 definitivo y rescató un punto de oro.