“Hay vidas que valen más que otras”, reflexiona Georgina Orellano cuando intenta explicar los femicidios de trabajadoras sexuales cometidos en el último mes. Débora Bordón y Bárbara Aragón en Rosario, Daniela Villalba en Córdoba y Tatiana Fernández en Retiro estaban trabajando cuando fueron atacadas y asesinadas por sus clientes. Los crímenes evidencian la precarización a la que están expuestas las trabajadoras sexuales y la pobreza estructural que las fuerza a elegir condiciones de trabajo inseguras para pagar un techo o comprar alimento. Ante la violencia, desde Ammar decidieron organizar este martes 3 de noviembre el primer paro en la historia del sindicato. No saben cómo se hace un paro de putas, porque el trabajo no está reconocido como tal, ni tiene una patronal a la que reclamarle. Pero sí saben que sus vidas y las de sus compañeras valen, que las medidas de cuidado que sostienen deben fortalecerse y que el aumento de la violencia institucional las encierra en la clandestinidad del peligro. Por eso, bajo las consignas “Basta de femicidios y violencia hacia las trabajadoras sexuales”, “La clandestinidad mata”, “Nos matan porque creen que la vida de las putas vale menos”, darán lugar al ingenio para concentrarse y, a través de diferentes acciones, visibilizar una problemática que las afecta cada vez más y que se está cobrando la vida de las compañeras.
“Hay un borramiento de la precarización laboral, de la pobreza estructural, de que el Estado no es responsable. Muchos medios de comunicación comenzaron a hablar de un asesino serial porque era el mismo femicida en dos casos, pero en los otros dos no hablan de la precariedad laboral y de la desprotección que tenemos las trabajadoras sexuales. Estamos ejerciendo un trabajo que no está reconocido, que está criminalizado y que tiene un estigma social muy fuerte”, dijo a El Ciudadano Georgina Orellano, dirigente de Ammar.
Georgina remarca que los femicidios de las cuatro compañeras fueron cometidos mientras estaban trabajando y compara el tratamiento mediático y social con el crimen de la docente Nancy. “En el caso de la docente Nancy se habla de precariedad laboral. En el caso de las trabajadoras sexuales se pone el foco en el femicida o en la decisión de quienes ejercen el trabajo sexual, pero no se habla del contexto en el cual se tiene que hacer. Es un trabajo precario. No tiene derechos laborales ni marco jurídico y está criminalizado”, señaló.
Para la referente de Ammar, el incremento de la precarización se debe, en parte, al aumento de la violencia institucional que obliga a las trabajadoras sexuales a buscar otros mecanismos para ejercer que resultan más inseguros. “En la calle hoy, ya sea en Rosario, en la ciudad de Buenos Aires, inclusive en alguna zona de la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Jujuy, en Salta y en muchas provincias que todavía tienen vigentes los códigos contravencionales, aumentó en este último tiempo la violencia policial. Frente a esa escalada de represión policial, de detenciones, de acoso, de arbitrariedad, de persecución por parte de la fuerza de seguridad, muchas compañeras deciden ejercer el trabajo sexual en su departamento, en su habitación del hotel o publicando en páginas web, pero tampoco son espacios seguros. Trabajar en la virtualidad aparece como una oferta de posible ascenso social, una idea de emprendedurismo, de ser tu propia jefa, pero no se habla de los riesgos que implica”, explicó Orellano, quien atribuyó el aumento de la clandestinidad del trabajo sexual a la prohibición estatal.
“El Estado prohibió los anuncios en los diarios, cerró los cabarets y las whiskerías. También condena cualquier espacio cerrado donde se lleven adelante actos de prostitución y la grupalidad en un departamento porque es considerada proxenetismo por la reforma de la ley de trata en el año 2012. Cada intervención que hizo el Estado rompió con las formas de organización de las trabajadoras y lo colectivo fue reemplazado por lo individual. Cuanto menos me vea el Estado, cuanto menos pública sea, cuanto más lo haga en ámbitos cerrados, menos voy a ser alcanzada por el derecho penal. Ese aislamiento y esa clandestinidad ponen a las compañeras a ejercer el trabajo sexual en contextos de mayor vulnerabilidad”, reflexionó.
En cuanto a los crímenes de sus compañeras, señaló que si bien en todos los casos hay detenidos, el problema es que los femicidios se siguen cometiendo. “En el primer caso de Débora, la compañera en Rosario, hay una persona detenida. Pero eso no impidió que al mes siguiente hubiera una Bárbara casi en el mismo contexto de trabajo sexual. Pedir justicia no es solamente pedir cárcel, sino exigir que no vuelva a pasar. Tenemos que discutir garantías para las compañeras, porque el trabajo sexual existe y va a seguir existiendo, aunque con formas más inseguras y sin acompañamiento o asistencia del Estado”, agregó.
Trabajo sexual y femicidios en Rosario: “Sin derechos ni reconocimiento, la vulnerabilidad es total”
Paro de las trabajadoras
Lo primero que se preguntan desde Ammar es cómo sería un paro de las trabajadoras sexuales, sabiendo que es un trabajo no reconocido, sin derechos laborales y sin patronal. Un paro por el que restan horas a su jornada laboral en un contexto de vulnerabilidad. Pero tienen algo en claro: buscan generar una acción colectiva para sensibilizar y mostrar que sus vidas también valen.
“Vemos una política de descarte. Se han construido jerarquías sociales donde hay vidas que valen más que otras. Hay femicidios que tienen mayor clamor social: los de la buena víctima, la buena trabajadora; y para las otras el estigma: pensar que casi se la buscó, que se hubiese buscado otro trabajo. Por eso, es importante generar una acción que visibilice y sensibilice, pero que también concientice socialmente de que la vida de las trabajadoras sexuales vale. Hay un lugar de disputa en el lenguaje, en lo social y en lo cultural. Cada vez hay más discursos que sostienen la deshumanización permanente hacia nuestras vidas. Nosotras somos sujetas políticas, hace 31 años que estamos organizadas y tenemos que seguir pensando de manera colectiva. Por eso decidimos hacer un paro con las características que tiene nuestro sindicato. Esa es la verdadera encrucijada que tenemos en el movimiento de la clase trabajadora: ¿quiénes pueden parar efectivamente y quiénes tenemos que ser creativas e inventarnos una forma de paro porque nos están matando?”, señaló.
En Rosario, concentrarán en la Plazoleta Sandra Cabrera, junto a la Casa de la Diversidad. Piden que se lleven las fotos de las compañeras asesinadas en el último mes junto con velas para recordarlas. Va a estar acompañando la familia de Paola Vallejos, una trabajadora sexual rosarina que fue encontrada muerta en la Costa Atlántica, donde había ido a trabajar.
En la Ruta 4 harán un cese de actividades entre las 8 y las 10, durante el cual interrumpirán el tránsito y llevarán a cabo una asamblea.
En Buenos Aires, se hará una intervención a las 11 frente al Congreso de la Nación con actrices, mujeres del sindicalismo y referentes de la cultura, quienes leerán un documento para exigir garantías y el reconocimiento del trabajo.
En Córdoba capital harán una radio abierta. En San Luis, pararán una hora quienes trabajan en la ruta y a las 16 concentrarán en la plaza principal. En San Juan, también se reunirán en la plaza principal donde trabajan, a las 20. En Jujuy, a las 16, se movilizarán hacia la plaza principal, cerca de la terminal.
Quienes ofrecen servicios en plataformas web o redes sociales pedirán a los sitios modificar las fotos de los anuncios el día martes y reemplazarlas por la imagen de un zapato de taco con el mensaje: “Ni una menos, basta de femicidios y violencias contra las trabajadoras sexuales”. La idea es replicar esa ilustración por 24 horas en los perfiles de WhatsApp, Telegram y redes sociales.
“El objetivo es realizar acciones que visibilicen y concienticen que nuestras vidas valen, que las trabajadoras sexuales existimos, que necesitamos salir de la clandestinidad y tener un marco jurídico y derechos laborales”, concluyó Georgina.
