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Con el objetivo de hacer un aporte a la reflexión sobre las principales tendencias en materia de política cultural que atravesaron a la ciudad de Rosario entre los años 1990-2010, la doctora Laura Ana Cardini (Conicet) está llevando a cabo una investigación denominada “Los usos de la cultura. Un análisis de las políticas culturales en Rosario (1990-2010)”, radicada en el Departamento de Antropología Sociocultural de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), según publicó el sitio web de Conicet Rosario (www.rosario-conicet.gov.ar).
Para comenzar a hablar de políticas culturales, la doctora Cardini se focalizó en las idea del antropólogo Néstor García Canclini, quien las define como “el conjunto de intervenciones llevadas a cabo por el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios organizados a fin de orientar el desarrollo simbólico, satisfacer las necesidades culturales de la población y obtener consenso para un tipo de orden o transformación social”.
Desde la década del 60 a nivel internacional y nacional, las políticas culturales tomaron más visibilidad y Rosario no ha quedado fuera de este fenómeno, explica Laura Ana Cardini en esta primera etapa de su estudio socioantropológico.
“En la ciudad de Rosario, la primera área cultural aparece en la década del 40, sin embargo fue recién a partir de 1983, con la llegada de la democracia, que empezaron a desplegarse numerosas dependencias culturales”, señaló la investigadora, doctora en Humanidades y Artes del Conicet y docente en la Facultad de Humanidades y Artes (UNR).
“Lo cultural era una arena que había que controlar”, continuó Cardini con respecto al papel que cumplía la comisión de calificaciones de espectáculos durante la última dictadura militar en Argentina, que ejercía control y censura sobre las manifestaciones artísticas y culturales. Esto último cambió con la apertura democrática, que “marcó un punto de inflexión que, con matices, se acentuó hacia finales de los 90” porque en ese momento en Rosario hubo un estallido en el sentido de que aún en un contexto de crisis socioeconómica se desarrollaron procesos de descentralización e institucionalización de las tareas culturales.
Continuando con los movimientos, en 1993 la Secretaría de Cultura municipal empezó a tener otra presencia: contó con un presupuesto propio y se le otorgó rango de Secretaría; es decir, desde el Estado se abordó fuertemente el campo cultural. Además en ese período se desarrolló un proceso de descentralización político administrativo a nivel municipal que impactó a nivel cultural, generando la creación de seis distritos en diferentes zonas de la ciudad (centro, norte, noroeste, oeste, sudoeste y sur), explicó la doctora Cardini y señaló que esto “supuso una visibilidad cultural de los barrios y al mismo tiempo cierta fragmentación-diferenciación de las acciones”.
Sin embargo, a finales de los 90 sucedió una especie de fragmentación de esas actividades. “No hubo una visión coordinada ni integral de ellas, incluso existió una superposición y a veces también, a pesar de las instituciones y sin intención, una reproducción de desigualdades a nivel cultural, es decir, cuando cae la crisis recién se estaba empezando a desarrollar el proceso de descentralización”, indicó la investigadora. Y agregó: “En 2001 se dio un repliegue cultural hacia el tradicional centro de la ciudad y las políticas públicas apuntaron a paliar esa situación. Así, proliferaron otro tipo de acciones: impulsos de promoción social, subsidios, planes de desempleo, microemprendimientos productivos que se tocaron con lo cultural pero que no hicieron foco en él desde el Estado”.
Cardini, en esta primera etapa de exploración, afirmó que el campo experimentó un crecimiento que por su complejidad merece un estudio detallado, “que dé cuenta de las continuidades o rupturas con las distintas nociones y acciones sustentadas desde las políticas culturales locales en el período mencionado y sus conexiones con los contextos provincial, nacional e internacional”.
Indigenismo y cultura
Laura Ana Cardini estudió la carrera de antropología en la UNR y realizó su tesina sobre la producción artesanal en la zona oeste de la ciudad, que desarrolló a partir de una experiencia, primero como pasante de la universidad, y después formando parte del equipo del área de cultura de una unidad descentralizada en el Distrito Oeste de la Municipalidad de Rosario. “Ingresé en un proyecto cultural para realizar un relevamiento de productores culturales de la zona, con una fuerte presencia de población de inmigrantes limítrofes y de otras regiones del país. Ese fue mi primer contacto participando desde el Estado en un proyecto así, con músicos, con artesanos de esa zona, con la producción cultural”, indicó la investigadora.
Durante el doctorado del Conicet, Cardini continuó investigando la cuestión indígena y las políticas culturales centradas en las artesanías a nivel latinoamericano, nacional y puntualmente en Rosario. Fue al finalizar esos estudios que decidió estudiar las políticas culturales en Rosario durante el período 1990-2010.
En 2011, Cardini recibió el “Premio Tenerife al Fomento y la Investigación de la Artesanía de España y América 2011”, otorgado por el Consejo de Gobierno Insular del Cabildo de Tenerife, España, por su tesis doctoral titulada “Qom lonaqtac – El trabajo de los tobas. Procesos de producción y comercialización de artesanías de los grupos Tobas Qom en la ciudad de Rosario”.
“Significó un reconocimiento al esfuerzo y un agradecimiento a la gente que colaboró en la investigación, porque desde la antropología poder devolver a esas personas tanto tiempo que ellas gentilmente brindaron, es algo sagrado”, concluyó.

