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La declaración de Tomás Yankelevich a la Justicia en la causa de Valentín y Franco: “Me impresionó el grado de violencia”

En 2015, el hijo de Gustavo Yankelevich y Cris Morena dio su testimonio sobre los maltratos que denunciaron sus sobrinos de parte de su padre, Darío Giordano
La declaración de Tomás Yankelevich a la Justicia en la causa de Valentín y Franco: “Me impresionó el grado de violencia”

La declaración testimonial de Tomás Yankelevich ante la Justicia de San Isidro, fechada el 14 de diciembre de 2015, reveló detalles estremecedores sobre el entorno de violencia en el que crecieron sus sobrinos Franco y Valentín bajo la tutela de su padre, Darío Giordano, cosa de la que el piloto de automovilismo habló por primera vez en una entrevista con Infobae. El testimonio se suma a las declaraciones que ya habían prestado Gustavo Yankelevich y Cris Morena y los abuelos paternos de los menores en el marco de la causa judicial.

El tío de los niños relató que aproximadamente tres años antes de su comparecencia —un año y medio después de la muerte de su hermana—, su madre lo contactó para transmitirle lo que Franco le había confiado: su padre lo maltrataba y le propinaba golpes de puño en la cabeza. Según declaró, “Franco le había pedido a mi mamá que no le dijera nada a Darío porque le tenía miedo”.

Ante esa revelación, Tomás propuso organizar una reunión con Giordano para evaluar qué ocurría en el hogar. Sin embargo, cuando le preguntaron cómo estaba y si necesitaba ayuda con la crianza de sus hijos, el padre respondió que todo marchaba bien. “Dijo que hacía lo que podía, no dio ningún indicio de que los chicos estuvieran atravesando una situación problemática”, declaró el hijo de Gustavo y Cris. Aclaró además que conocía a su excuñado desde antes de que este comenzara su relación con su hermana, ya que ambos trabajaban en el canal donde su padre era uno de los directivos.

Documento judicial impreso con membrete de la Provincia de Buenos Aires, texto en español, partes censuradas en negro y marcas de agua

A partir de entonces, intentó estar más cerca de sus sobrinos, en especial durante los fines de semana, y particularmente de Valentín, con quien mantuvo un vínculo más estrecho. Según su relato, “Franco se replegó tras haber confiado lo que ocurría a su abuela y desde ese momento solo hablaba con ella sobre el tema”.

Una señal de alarma adicional llegó cuando Gustavo le transmitió que la madre de una amiga de Valentín le había contado que el niño había expresado su deseo de “irse al cielo con su mamá”. Ese episodio llevó a Tomás a prestar aún más atención al estado emocional de su sobrino, a quien percibió visiblemente más triste.

El punto de inflexión se produjo cuando ese mismo año tanto Franco como Valentín —dos hermanos de personalidades muy distintas— coincidieron en un mismo pedido: querían irse de la casa de su padre. Tomás solicitó entonces a su padre organizar un almuerzo con los chicos para escucharlos directamente. En ese encuentro, les preguntó si eran conscientes de las consecuencias de su decisión, ya que implicaba romper la familia. La respuesta fue contundente: “La familia estaba rota hacía ya mucho tiempo”, le dijeron.

Página mecanografiada de un documento judicial en papel blanco con marcas de agua del medio Infobae

Durante esa conversación, los hermanos detallaron los maltratos que padecían. Según consta en la declaración, relataron que su padre “les decía que los despreciaba, los golpeaba, les tiraba del pelo mientras subían o bajaban la escalera y les gritaba con extrema violencia”. Incluso le hicieron escuchar al declarante una grabación de los gritos de su padre. “Me impresionó el nivel de agresividad. Y los propios chicos me aclararon que ese episodio grabado había sido ‘uno de los más suaves’”, sostuvo Tomás en su testimonio ante el juzgado.

Cuando les señaló que al actuar de esa manera —denunciar la situación— quien quedaba expuesta era Azul, la más pequeña, los hermanos respondieron que “también lo hacían para allanarle el camino a ella y que algún día pudiera tomar su propia decisión”. Tras esos hechos, los jóvenes lograron abandonar el domicilio paterno con intervención judicial, lo que según el declarante los llenó de alegría.

A pesar de lo sucedido, Tomás señaló que mantuvo trato con Darío, fundamentalmente para poder visitar a su sobrina Azul, aunque por imposición del padre las visitas solo podían realizarse dentro del domicilio. “Mi intención siempre fue preservar los lazos familiares de los niños con su padre, siempre y cuando se resguardara el bienestar psicofísico de los menores”, afirmó.

Página de un documento oficial con el logo del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires y varios párrafos de texto

El cambio que experimentaron los chicos una vez que comenzaron a vivir con su abuelo fue, según el testimonio, notorio. “Franco, que antes era un chico miedoso, se mostró más suelto y libre. Valentín, que solía ser rebelde y contestatario, se volvió más afectuoso con todos e incluso mejoró su rendimiento escolar”, describió el declarante. Esa transformación, plasmada en la declaración jurada, ofreció un contraste elocuente con la situación que habían atravesado en el hogar paterno.