Rosario, viernes 16 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 16 de octubre de 2026

“La función de los invisibles”: entre el vacío y la abstracción beckettiana en versión criolla, y el acordeón de Feliciano Brunelli

Con su último trabajo al frente del grupo Esse Est Percipi, el dramaturgo y director rosarino Gustavo Di Pinto metaforiza el presente a partir de la tragedia que supone un grupo de artistas varados en medio de un camino y sin destino a la vista  
“La función de los invisibles”: entre el vacío y la abstracción beckettiana en versión criolla, y el acordeón de Feliciano Brunelli

Miguel Passarini

Hace ya un tiempo que el dramaturgo, director y docente rosarino Gustavo Di Pinto, al frente de su histórico grupo Esse Est Percipi, puso atención en la búsqueda de sentido de su teatro, de su poética, donde conviven una fuerte alegoría del presente, un humor profundo que no reniega de las metáforas y el absurdo para interpelar la realidad social, política y el propio oficio teatral, en uno de sus momentos más complejos e inexplicables del mundo contemporáneo, con la ultraderecha ganando territorios.

Precisamente, eso es lo que sucede con La función de los invisibles, una ingeniosa pregunta dentro de otra acerca de los olvidados, los abandonados, los corridos de la agenda; en ciernes los artistas, varados en medio de un camino polvoriento sin destino a la vista, apilados dentro de un auto que deja de funcionar porque se parte al medio.

Nuevamente apostando a un elenco numeroso y dispar donde radica gran parte de su búsqueda en el presente, y a partir de un texto propio donde supervivencia e identidad van de la mano, con imágenes muy potentes y muy conmovedoras, este gran equipo de trabajo deja en claro que mientras haya al menos un espectador, la función va a continuar.

Esse Est Pericpi estrena “La función de los invisibles”: un espacio de resistencia escénica para cuando no haya nada

De hecho, en tiempos donde la cultura parece navegar en la incertidumbre y el desamparo institucional con los distintos niveles del Estado ausentes o en retirada, el emblemático grupo de experimentación escénica con tres décadas de recorrido revalida con su nuevo trabajo su histórica premisa: “Ser es ser percibido”.

Bajo la lúcida dramaturgia y dirección de Di Pinto, la pieza se consolida como una atinada paradoja sobre el sentido del arte dramático en los márgenes de la indiferencia, el dolor y la tragedia de aquellos que, dolorosamente, ya no cuentan, aquellos a los que les arrebataron sus lugares y sus derechos adquiridos, esos que perdieron hasta el aplauso.

La propuesta ubica al espectador en la inmensidad desierta de una ruta santafesina. Allí, una caravana de comediantes y acróbatas, como los viejos Cómicos de la Legua del Siglo de Oro Español pero en medio de la pampa húmeda, queda varada junto a un diminuto Fiat 600 fuera de servicio, cuya decadencia es una metáfora de ese primer auto, ícono del progreso social de la clase trabajadora argentina que ya es historia.

Territorio profundo y fortuito donde la intemperie hace lo suyo y donde todo es espera, reclamo y desazón, estos personajes cuentan sus tragedias mientras llega esa última función que se vuelve un gran interrogante: para qué están allí, qué tienen para hacer, cuál es su territorio de pertenencia real y cuál el simbólico, cuál es el cartel que les indica el verdadero camino que deben tomar, entre viejos recuerdos y despojos de un pasado de gloria, donde la nostalgia y los amores no confesados, se mixturan con la música de Feliciano Brunelli en medio de arrebatos y personajes con añoranzas “fellinescas”, pero a la criolla.

“La función de los invisibles”: entre el vacío y la abstracción beckettiana en versión criolla, y el acordeón de Feliciano Brunelli

Como gran parte de la obra de Di Pinto, se trata de un texto poético y a la vez muy político, que no reniega de sus digresiones como tampoco de una especie de teatro collage donde la repetición alude a un clima propio del absurdo que es insoslayable.

Y es precisamente en esa atmósfera abstracta de tinte beckettiano trasladada al folclore de la llanura pampeana, donde el humor físico y la fragilidad del circo se cruzan con la estética melancólica y la calidez lírica de los personajes de una película de Leonardo Favio o de su hermano y guionista, Zuhair Jury.

El abultado elenco, integrado por Clara Galindo, Santiago Pereiro, María Florencia Echeverría, Analía Saccomanno, Juan Manuel Raimondi, Juan Alberto Pereiro, Lorena Salvaggio, Laura Fuster, Galo De Lorenzo y Manuel González, logra sostener una dinámica a partir de la entrega física sostenido por un texto roto, abierto, que a esta altura de las funciones encontró su organicidad.

Si bien en ciertos pasajes la acumulación de discursos y acciones puede resultar algo barroca, la obra encuentra rápidamente su necesario cauce emocional, gracias a algunos integrantes del elenco de mayor oficio que capitalizan todo, hasta los detalles más pequeños, y conducen una y otra vez a la pregunta basal acerca de qué deben hacer para no desaparecer ante la mirada de los otros, de ese público que se presume en la platea, de esas presencias fantasmales que aún están allí como en los finales de las tragedias, aunque quizás quede alguno, perdido, de carne y hueso.

Más allá de todo, La función de los invisibles es una obra oportuna, esperanzadora e ingeniosa. Con unos pocos elementos muy bien utilizados desde lo escenográfico y la dramaturgia lumínica de Ignacio Almeyda, la puesta cuenta con un vestuario notable, que tiene mucho más talento y creatividad que inversión, a cargo de Lorena Salvaggio, ambos como parte de un gran equipo artístico y técnico.

Ver La función de los invisibles es una experiencia que no permite escapar a la nostalgia y a ciertos interrogantes, que deja en claro que aun cuando la caravana principal siga de largo y las luces se apaguen, la escena, el teatro (nuestro teatro), seguirá siendo ese espacio vital donde actuar (encontrarse) es, ante todo, un acto genuino de supervivencia, resistencia, pertenencia e identidad.

“La función de los invisibles”: entre el vacío y la abstracción beckettiana en versión criolla, y el acordeón de Feliciano Brunelli

Para agendar

La función de los invisibles se presenta todos los sábados, a las 21, en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas anticipadas se pueden comprar ACÁ.