Espectáculos

La hipnótica Rosalía se apareció en Barcelona para la escucha de “Lux”, su nuevo disco, ante 900 invitados

Casi en paralelo con la filtración en la web, y como pasó en otras ciudades incluida Buenos Aires, la artista estuvo presente este miércoles por la noche en la primera escucha completa de su disco que no para de recibir elogios hasta de la mismísima Madonna  

Desde las gradas superiores, la sala Oval del Museu Nacional de Catalunya parece el funeral de un tipo estridente. Los bancos están ocupados por trajes negros (el código de vestimenta exige un ‘chic attire’) y al fondo hay un altar lleno de sábanas blancas arrugadas, entre las que contrasta una cabellera oscura. Un poco más allá, unos focos ciegan la imagen.

Esa misma cabeza se percibe inmóvil desde las 21, que es cuando los primeros visitantes irrumpen en el lugar. Una vez lleno, justo media hora más tarde, suenan los primeros acordes de “Sexo, violencia y llantas”, corte de apertura de Lux, cuarto trabajo de estudio de la hipnótica Rosalía, y la cantante catalana se descubre como dueña de esa melena negra.

“Estar a oscuras es la mejor manera de experimentar la luz”, había narrado un instante antes la voz que presentaba el acto, a la vez que invitaba a «detener el tiempo y llenar el espacio»”.

Y eso fue lo que sucedido en la noche de este miércoles en el MNAC: una hora de constante contraste entre luz y oscuridad, silencio y ruido, tiempo y espacio, en el que Rosalía, presente como una reliquia que va a ser venerada, reveló su Lux, un trabajo que será público este viernes 7 de noviembre y que en los últimos día no para de referir elogios hasta de la mismísima Madonna.

Puesta en escena deslumbrante

Vestida íntegramente de blanco, como una novia sin velo, la catalana puso en marcha una larga performance, un juego de danza contemporánea en el que su música y sus letras pasaron por encima de la figura de la artista.

Así se sucedieron “Divinize”, con el pecado original sobre ella; “Porcelana”, en el que la alerta enviada por Protección Civil quedó soterrada entre sus bajos; “Mio Cristo Piange Diamante”, una transgresión pop desde la ópera y la ya pública y celebradísima “Berghain” que unos pocos días tiene millones y millones de reproducciones en las distintas plataformas.

Las letras proyectadas sobre el escenario hacen perder la noción de que Rosalía sigue estirada ahí en el medio, mientras ella se queda contemplando su obra como el pintor que ve el cuadro colgado en la pared de un museo.

Porque Rosalía abandonó la condición de centralidad del músico para desplazarse a un lugar reservado siempre a otros respecto a su arte, el de ser sólo una espectadora. Ha dejado de ser sujeto para ser objeto.

Así, a medida que sonaban “La Perla” con su crueldad hacia el ex, el flamenco sacro de “Mundo nuevo” o la dulce “Sauvignon Blanc”, crecía la impresión que Rosalía, que en Lux canta en 13 idiomas, no diría nada durante el acto de presentación.

Tras escuchar los tres cortes exclusivos del formato físico, “Focu rann”, “Jeanne” y “Novia robot”, y subir la cuesta hacia el cementerio que forman “Memória” y “Magnolias”, la catalana se puso de pie, saludó con la cabeza y abandonó la sala Ovan del MNAC en silencio y entre los aplausos de los cerca de 900 invitados, repartidos entre unos pocos periodistas, algunos fans y muchas celebridades.

Horas antes de la escucha, a la que acudieron figuras de la talla de Rossy de Palma, Amaia, los hermanos Muñoz de Estopa, Belén Esteban, Ilia Topuria, Jordi Évole o Paco León, Rosalía había sufrido dos pequeños contratiempos.

Por un lado, el disco se había filtrado en su totalidad en internet y, por otro, el abogado del Ayuntamiento de Sijena, Jorge Español, había pedido a una jueza de Huesca la anulación urgente del evento al entender que las “enormes vibraciones” de los potentes equipos de música usados en la presentación podrían dañar las pinturas de los murales que están físicamente muy cerca de la sala donde se llevó a cabo la audición.

Esta petición, que finalmente no llegó a buen puerto, llevó a que se hiciera pública la localización de la “listening party”, una ubicación que había sido guardada con esmero por parte del equipo de Rosalía.

Sin embargo, el anuncio, ya tardío, generó que sólo se congregaran unas pocas decenas de fans en las puertas del museo.

El acto en la capital catalana se produjo en paralelo a los organizados en otras ciudades como Ámsterdam, Berlín, Bogotá, Buenos Aires, Lisboa, Londres, Milán, París, Santiago de Chile, Estocolmo o Tokio, en los que unos pocos fans pudieron adelantarse al viernes para escuchar Lux de forma completa.

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