
La presidenta de la Nación pretende del PJ santafesino un esfuerzo de creatividad digno de los dioses del Olimpo cuando le reclama una lista de unidad para las próximas elecciones.
Hallar una fórmula que contenga a todos, o por lo menos a la mayor cantidad de justicialistas, es una misión que sólo puede resolver un MacGyver del peronismo. Basta mirar el panorama: diez sub-bloques de diputados en la Legislatura; el enfrentamiento María Eugenia Bielsa-Agustín Rossi, los senadores jugando de líberos y el filoso duelo verbal entre Jorge Obeid y el Movimiento Evita.
Hay tantos hilos que hilvanar que hoy resulta inimaginable. Agustín Rossi advirtió que podría jugar por fuera del PJ, como en 2009. Intendentes y senadores no quieren a Rossi en la lista, pero quién tiene derecho a negarle al Chivo la posibilidad de renovar en la Cámara en la que le sacó viruta.
“El Chivo se merece un ministerio”, elogian esos mismos, pícaros, cuando van a la Casa Rosada. Rossi no pretende ni ministerio, ni embajada. La banca de diputado le da una perspectiva de cuatro años de trabajo y la posibilidad de seguir articulando ese importante espacio del PJ santafesino que con tanto esmero hiló.
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En Rosario, florecen candidatos a concejal. A falta de lista, crecen en las paredes como hongos. Norma López, el aliado Héctor Cavallero, Fernando Rosúa, y se vienen más. Todo un dato de cómo están las cosas: al no haber definiciones arriba, la cosa no se ordena por abajo. Por eso cada uno sale a la calle convencido de que no se puede perder tiempo de campaña (técnicamente no lo es, pero en la práctica sí), tira las primeras consignas, pone el rostro, avisa sobre sus aspiraciones.
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El Frente Progresista arma lista conjunta para diputados nacionales. En Santa Fe, el camino societario recorrido le ahorra al socialismo los áridos debates que tiene que dar con el resto de los socios del FAP en otras provincias cuando propone arrimar radicales. Por eso acá y al día de hoy las conversaciones podrían traducirse en una lista con Binner primero, Mario Barletta segundo, Alicia Ciciliani tercera y casi seguro un CC-ARI cuarto.
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Sin embargo nadie firmará el acuerdo sin antes discutir todo el paquete, que incluye el polémico rol de los radicales de Rosario, que son hipercríticos con el gobierno de la ciudad pero que a la hora de las elecciones reclaman ser Frente Progresista. Y el problema, dicen en el socialismo, ya excede al capitán de galeones de guerra Jorge Boasso, e incluye al grupo de la concejala María Eugenia Schmuck y al renunciante ex secretario de Producción Sebastián Chale.
“Nosotros decimos que si no se comparten las políticas del Frente Progresista no se puede pretender ir en sus listas. La UCR de Santa Fe deberá resolver qué hace con esos grupos radicales, que desde que se levantan hasta que se acuestan están más dedicados a cuestionar al gobierno municipal que al kirchnerismo”, sintetizó un dirigente del socialismo.
María Eugenia Schmuck, militante surgida de la Franja Morada y hasta el año pasado aliada de la intendencia, asegura que esa contradicción aún no está resuelta. “Vamos a seguir (aliados) con Jorge (Boasso), competiremos por el Concejo y Chale será nuestro candidato. Pero aún no sabemos si por dentro del Frente Progresista o por afuera. La decisión se tomará a su tiempo, siempre a través del diálogo con Mario Barletta y el grupo de la UNL y la UNR”, reafirma.
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Esta semana y la próxima la rosca política estará a la orden del día en la Cámara de Diputados. Todo indica que al final Luis Rubeo conservará la presidencia sin contratiempos, aunque con el peronismo nunca se sabe. Más, si en la elección intervienen diez sub-bloques que conviven a los ponchazos y compiten entre sí, cada uno con sus propios objetivos e intereses, y todos diferenciándose de todos.
Hace un año, Rubeo trepaba a la poltrona principal después de una operación política que desbancó a María Eugenia Bielsa. Él ganó. Ella quedó herida política y personalmente y aguantó hasta que pudo, pero a principios de marzo formalizó la renuncia que deseó en el mismo instante en que le negaron la presidencia.
Ya sin María Eugenia en la Cámara y con sus seguidores a la deriva, revalidar títulos asoma accesible para Rubeo. Su gestión cosechó críticas de adversarios internos, pero institucionalmente se dio maña para sacar adelante una Cámara cuya composición política ni el más intrépido prestidigitador hubiera imaginado.
El oficialismo, resignado a ser minoría y siempre incómodo, ve en Rubeo el mal menor; pero por sobre todas las cosas ve un político con capacidad de abrir canales de diálogo. Condenado a votar a un opositor, el oficialismo vota a Rubeo con los ojos cerrados.
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Las leyes de reforma judicial del gobierno nacional marcarán la agenda nacional en los próximos días. La idea de enviar seis proyectos como un anzuelo para que sectores de la oposición piquen a favor de “los más potables” y en contra de los intragables no proyecta resultados positivos.
Los distintos sectores de la oposición entienden que por más que los proyectos sean seis y que se hayan repartido en ambas cámaras, todo es parte de un mismo paquete que obedece a un interés concreto y coyuntural de la Casa Rosada. Por lo tanto sólo el oficialismo votará a favor.
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Los proyectos de ley de reforma judicial llegaron cerrados, sin posibilidad de debate. Se toma o se deja. Y si se introduce un cambio, apenas si es para enmendar un detalle que se pasó por alto. Luego es cuestión de bajar los votos en el recinto.
Debe haber pocos argentinos que no coincidan en que hay que reformar la Justicia y que es el más oscuro y alejado de los tres poderes de la república. Incluso es muy difícil no acordar con muchos de los postulados de esos proyectos.
Carente de visión a largo plazo y gracias a esa vocación única de interpretar y resignificar antiguas luchas y anhelos de la sociedad, el kirchnerismo vuelve a hacer confluir el descrédito del Poder Judicial con sus intereses coyunturales. ¿Quién se va a oponer a que es necesario discutir los alcances del amparo en una Santa Fe cuya Justicia provincial usó esa vía excepcional para que durante años funcionaran los bingos que la ley prohibía?
Sin embargo, la furia cegadora y la soberbia de mayoría endulzan al kirchnerismo y lo empujan a imponer esas reformas sin el más mínimo consenso legislativo, en apenas quince días y en medio de advertencias sobre modificaciones que cercenan derechos constitucionales.
Jugar de la forma que lo hizo el gobierno es indicativo del inconfensable objetivo de meter mano en la Justicia para acumular poder para sí mismo y no necesariamente para la sociedad.
