El último informe de intercambio comercial del INDEC expuso distintas realidades que atraviesa la economía argentina: en febrero se registró un superávit comercial de USD 788 millones, pero lejos de responder exclusivamente a un boom exportador, el resultado se explica en buena medida por el retroceso de las importaciones, en un contexto de menor actividad productiva.
Las compras al exterior cayeron casi 12% interanual durante el segundo mes de 2026, compensando una leve baja de las exportaciones. Es decir, el saldo positivo no surge tanto de una expansión genuina del comercio, sino de una economía que demanda menos insumos para una industria golpeada, pero que a la vez sigue demandando productos finales.
Del lado de las exportaciones también hay matices. Aunque en febrero mostraron una leve caída interanual, varios rubros exhibieron subas significativas, en especial los vinculados a productos primarios. Se destacaron los envíos de oleaginosas, piedras y metales preciosos, productos químicos y carnes, que crecieron con fuerza y compensaron parcialmente la debilidad en otros sectores.
En el acumulado del primer bimestre, las exportaciones lograron crecer cerca de un 10% interanual, impulsadas principalmente por el rebote de los productos primarios tras el impacto de la sequía del año previo. Cereales y oleaginosas lideraron la recuperación, consolidando un patrón donde el agro vuelve a ser el principal motor del ingreso de divisas.
Este perfil también se refleja en la composición del comercio: mientras los productos primarios avanzan con fuerza, las manufacturas industriales muestran retrocesos marcados frente al año pasado, lo que evidencia dificultades para sostener exportaciones con mayor valor agregado.
Otro factor clave en el resultado de febrero fue el aporte del sector energético, que explicó una parte sustancial del superávit mensual y cerca de la mitad del saldo acumulado en el inicio del año. La menor necesidad de importar combustibles, en parte vinculada a obras de infraestructura energética, también contribuyó a mejorar el balance.
La lupa sobre las importaciones
La foto de caída en importaciones parece exponer una contradicción con lo que denuncian sectores industriales, pero la película muestra otro panorama. Aunque en febrero todos los rubros importados mostraron caídas interanuales, la tendencia cambia al ampliar la mirada. En el primer bimestre, las compras externas de bienes intermedios (insumos clave para la industria) registraron una contracción significativa (-14%), en línea con el bajo nivel de utilización de la capacidad instalada, que apenas supera el 50%.
Esta dinámica sugiere que la caída de importaciones no responde únicamente a mejoras de competitividad o sustitución local, sino al menor nivel de actividad industrial, que reduce la necesidad de insumos importados.
En contraste, no todos los componentes del comercio exterior siguen esa lógica contractiva. Las importaciones de bienes de consumo (es decir, productos finales) se mantienen en niveles elevados. Aunque en febrero mostraron una leve baja interanual (-3%), en la comparación con 2023 siguen muy por encima, con un incremento cercano al 40% en el primer bimestre.
En términos acumulados, este rubro alcanzó en los últimos doce meses un récord histórico, superando ampliamente los niveles previos. En el período mencionado, el acumulado alcanzó el máximo histórico de USD 11.423 millones y superando en un 20,6% al segundo récord más alto de la serie, registrado entre junio de 2017 y mayo de 2018. Esto implica que, aun en un contexto de menor actividad, el mercado local continúa absorbiendo una cantidad significativa de productos importados terminados.
Una tendencia similar se observa en el segmento automotriz. En el primer bimestre las importaciones de vehículos crecieron con fuerza en la comparación interanual (36,2%), profundizando el déficit comercial del sector, en un contexto donde la producción local opera con niveles muy bajos de utilización de capacidad. El resultado es un mercado interno cada vez más abastecido por unidades importadas.
Con este panorama, el superávit comercial de febrero aparece sostenido, por un lado por el impulso de las exportaciones primarias y el aporte energético; por otro, por una caída de importaciones que refleja el enfriamiento de la actividad, especialmente en la industria. Al mismo tiempo, la persistencia de altos niveles de importación de bienes de consumo introduce un elemento adicional de tensión: el saldo externo mejora, pero con una estructura que combina primarización de exportaciones y creciente penetración de productos finales importados en el mercado interno. Una combinación que, lejos de consolidar un proceso de desarrollo, expone los límites del actual esquema económico.
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