El autor de las Bases dedicó toda su vida a buscar una síntesis para superar los desencuentros de los argentinos, la superación del conflicto entre federales y unitarios. Sus debates con Sarmiento
Por Aníbal Ignacio Faccendini*
“…Dad garantías al caudillo,
respetad al gaucho si queréis garantías para todos…”
Juan Bautista Alberdi
En mayo de 1852, el jurista, político, pensador, escritor y músico doctor Juan Bautista Alberdi remitió a don Justo José de Urquiza su trabajo sobre la constitución que debía regir en Argentina: las “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”, plasmaba un federalismo atenuado frente al sistema confederativo y al federalismo de otros países. El texto constitucional iba a ser la centralidad de la convención constituyente en Santa Fe.
Alberdi se seguía preguntando si era posible la integración nacional. Muchas noches despierto para culminar el texto constitucional que planteaba. Así se lo escribió a Urquiza.
Juan Bautista deseaba la construcción del Estado. Veía, en el líder entrerriano la trascendencia histórica de la realización del país. Era una referencialidad histórica, quizás como Hegel veía en la Revolución Francesa el espíritu de la emancipación de las personas para toda Europa. El tucumano veía en ese Urquiza la oportunidad de transformar la confederación en federación, organizando definitivamente el país.
No estuvo en la convención constituyente 1852-1853, pero su incidencia e influencia, si.
Alberdi fue un fenómeno excepcional. Ausente, pero siempre presente en la Argentina. Desde la localidad de Quillota, cerca de Valparaíso en Chile, logró que Urquiza y los constituyentes tomaran su texto como centralidad.
La cercanía con su país y vivenciarlo le traía temor, podía ser una amenaza para la conducción política de otrora. Era para los lugareños argentinos como aprovechar de Alberdi su intelectualidad, pero desde lejos.
El año 1852 implicó una bizagra sustancial: Caseros el 3 de febrero de 1852 y el Acuerdo de San Nicolás del 31 de mayo del mismo año, pero lo vertebral va a ser la organización nacional. Tanto Italia como Alemania, al igual que Argentina, es en la segunda mitad del siglo XIX.
Al tucumano, Urquiza le ofreció en su momento el ministerio de hacienda, cuestión que lo rechazó. Sí acepto representar al país en Europa. Lejos quedaban los aires del salón de Sastre, de la Asociación Joven Argentina. El estratega y político de Alberdi estaba navegando las aguas complejas y complicadas de la organización del país. Gran parte de sus obras las dedico desde lo jurídico, lo político y económico a la formación del país.
En su obra “Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho” (1837) trató de plantear una superación del conflicto entre federales y unitarios. Algo que lo iba acompañar toda su vida.
La notredad política que sostuvo Alberdi, es decir, que no era nosotros (federales) y los otros (unitarios), sino notredad, es decir que fuera una síntesis superadora que abarcara en notredad a los distitntos matices de los bandos en pugna.
Hete aquí las “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina” Un federalismo atenuado y un presidencialismo fuerte.
El generador de la Constitución Argentina, apoyó al General Urquiza, desde el proceso mismo del Ejército Grande, diría desde el Pronunciamiento del 1° de Mayo de 1851.
El Acuerdo de San Nicolás produjo un debate iniciario entre Alberdi y Sarmiento. El primero apoyó la convocatoria de todos los gobernadores de las provincias. El segundo sostenía que no se debía conformar un acuerdo con gobernadores manchados de salvajismo y sangre. La ideología debía acercarse a la realidad política. Era imposible convocar de otra manera a los gobernadores, sino en forma amplia. De otra manera hubiera fracasado la convocatoria.
La posición urquicista y alberdiana triunfa. Sarmiento no logra imponer su posición romántica e irrealista de desplazar a los gobernadores caudillescos. Pero también fracasa en el intento de una alianza intelectual militar, buscando que lo militar se subordine a lo intelectual. Que obviamente, él se ubicaba en rol intelectual principal.
Sarmiento, de apoyar las Bases y vanagloriar a Alberdi a mediados de 1852, en 1853 desata la gran polémica expuesta en las Cartas Quillotanas del tucumano y Las Ciento Una del sanjuanino.
Alberdi siempre trató que la ideología se acercara a la política realista. Siguiendo la Escuela Histórica del Derecho del alemán Savygni: el derecho es una creación influenciada por la sociedad en un momento dado. Así, va a sostener la necesidad de integrar a los caudillos federales discrepando con Sarmiento que sostenía lo contrario y que debían ser eliminados.
En el asesinato del caudillo federal Ángel Vicente Peñaloza en Olta, La Rioja, Alberdi va a criticar su asesinato junto a José Hernández. Mientras que Sarmiento va a apoyar dicho homicidio.
Las discrepancias continuaron con la guerra de la Triple Infamia, como expresaba Alberdi, refiriéndose a la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. Hete aquí que discrepaba también con Urquiza. Las discrepancias con Sarmiento eran insalvables. Alberdi integrador frente a un Sarmiento de exclusión.
El tucumano fue el político y pensador de una Argentina convivible con los caudillos federales y los gauchos. La notredad alberdiana prevalecía sobre la violencia de Sarmiento. Pero ello, iba ser así hasta 1861. Luego de la batalla de Pavón todo iba a cambiar y el triunfo sería de los dogmáticos sarmientistas.
Gobernar es poblar fue el gran planteo alberdiano. Integrar el país fue su instrumentación más realista y sensata, frente a los que planteaban la eliminación de los caudillos federales. Todavía desde el pasado vienen los ecos de una realidad que no ha cicatrizado. Creer que la vida de un país es sólo presente y futuro, cometen el puro olvido de la nada. Somos lo que somos por lo que fuimos, por lo que somos y seremos. La Argentina no debe desarrollarse a partir de la exclusión. El pasado no se repite, pero acompaña. El espíritu de Hegel se hace presente en su eternidad.
El tucumano ejerció como abogado en su estudio en Valparaíso, Chile. Vivió de su trabajo, pero nunca dejó de pensar en su país, de lejos se ve mejor. ¿Será así?. Este renacentista del siglo XIX, necesitó mucha distancia y ausencia para abordar el expansivo interés por lo que amaba. Busco desde lejos lo que jamás tendría de cerca. El que entendió la realidad
Juan Bautista Alberdi, nació el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán, en una casa que recibía periódicamente al doctor Manuel Belgrano. Aún hoy, Alberdi sigue marcando huellas, aún hoy.
* Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales – Abogado
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