En Croacia consiguieron un título que siempre estuvo cerca pero se hizo esperar. Y a los varones no les fue nada mal: se quedaron con el bronce. Detrás de esos logros, dos entrenadores que promueven un deporte en pleno crecimiento
Por Gerónimo de Moya
La selección femenina argentina de beach handball se consagró campeona del mundo tras vencer a Dinamarca por shoot outs. En pleno auge por Messi y la posibilidad de una cuarta estrella en fútbol, otra selección argentina logró quedarse con una Copa del Mundo. Las Kamikazes, apodo que desde hace años acompaña a la representación femenina, conquistaron este domingo en Croacia el Mundial. Es la primera vez en su historia, y aunque el título siempre estuvo cerca, se hizo desear.
Las dos selecciones que llegaron a al final ya se habían enfrentado en el amanecer del torneo, durante la fase de grupos. En aquella ocasión, la victoria había sido para las danesas por 2-1. Esa fue la única derrota de Las Kamikazes en toda la competencia. De los ocho partidos disputados, ganaron siete: Filipinas, Noruega, Brasil, Grecia, Países Bajos, España y, finalmente, Dinamarca.
Tarda en llegar, pero al final hay recompensa.
En el Mundial pasado no pudieron superar a Alemania en la final. Esta vez, la historia fue distinta. Fue en Croacia, lejos de casa, pero con el aliento incondicional de la hinchada argentina y de las familias que coparon las tribunas para presenciar un hecho histórico.
Como no podía ser de otra manera, la final fue infartante y estuvo llena de suspenso. Argentina jugó un primer set perfecto, con un altísimo nivel, buenas defensas y gran eficacia en ataque para imponerse por 20-14.
En el segundo set, la historia cambió por completo. Dinamarca salió decidida desde el inicio y marcó diferencias tanto en ataque como en defensa, con una enorme actuación de su arquera. Las europeas se quedaron con el parcial por 27-14 y llevaron la definición a los shoot outs.
Si de sufrir en las definiciones se trata, Argentina siempre parece tener un plus. Con una soberbia defensa de Alma Molina, encargada de bloquear los lanzamientos de Dinamarca, y con el ataque respondiendo cuando más importaba, Las Kamikazes se impusieron por 6-2 para convertirse en las mejores del mundo.
Más allá del merecido trofeo, Argentina viene siendo, desde hace varios años, una de las grandes potencias del beach handball mundial, si no la principal.
No fue oro, pero estuvieron muy cerca. La selección masculina también completó un gran torneo. De menor a mayor en cuanto a su rendimiento, los varones alcanzaron las semifinales, donde cayeron ante Alemania por shoot outs en un partido muy parejo, mostrando quizás su mejor versión en toda la competencia.
En el encuentro por el tercer puesto vencieron a Croacia, los locales y últimos campeones, nuevamente por shoot outs, para quedarse con la medalla de bronce y cerrar el Mundial en el tercer escalón del podio.
El recorrido de los chicos refleja no solo el enorme trabajo realizado en la preparación, sino también su resiliencia y hambre de gloria. El comienzo no fue el esperado, perdieron frente a Alemania en el debut y luego ante Brasil. Sin embargo, supieron levantarse, mostrar su verdadero potencial y encadenar cuatro victorias al hilo, antes de la nueva derrota ante Alemania en semifinales y el triunfo posterior sobre Croacia.
Esa capacidad de recuperación fue, en parte, una motivación para el seleccionado femenino, tal como lo expresó la propia pivote de Las Kamikazes, Gisela Bonomi:
«Esta vez, los chicos nos inspiraron a nosotras. Nos dieron la fuerza para entrar a la cancha y hacer lo nuestro.»
Estos resultados históricos para ambas selecciones no son producto de la casualidad, de la suerte o de cruces favorables. Son la consecuencia de un trabajo minucioso que lleva años, de un esfuerzo muchas veces invisible para la mayoría de los espectadores, pero bien conocido por quienes forman parte del proceso.
Se trata de un deporte amateur y relativamente joven, aunque con mucha más historia de la que muchos imaginan. Los resultados obtenidos desde hace una década reflejan el enorme sacrificio de jugadores, cuerpos técnicos y familias que sostienen el sueño de seguir creciendo y llevando a la Argentina a lo más alto de otra disciplina.
El próximo gran objetivo colectivo será lograr que el beach handball forme parte del programa olímpico y poder ver flamear la bandera argentina en el máximo evento deportivo del mundo.
Cuando se habla de beach handball y de Las Kamikazes, hay un nombre que aparece inevitablemente: Leticia Brunati.
Es una de las máximas responsables del enorme crecimiento de la disciplina en el país. Desde hace años, conduce al seleccionado femenino y, además, trabaja incansablemente para difundir, fomentar y desarrollar el beach handball a lo largo y ancho de la Argentina.
La actual asistente técnica de Brunati es Celeste Meccia, quien hasta hace poco integraba el plantel como jugadora.
Del lado de la selección masculina, Sebastián Ferraro también ocupa un lugar central. Actual entrenador del equipo, lleva muchos años vinculado al alto rendimiento del beach handball argentino junto a su asistente, Andrés Bueno.
Ellos, junto a jugadores, jugadoras, cuerpos técnicos, dirigentes y familias, son parte de una generación que ya quedó escrita para siempre en la historia del deporte argentino.
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