Rosario, domingo 23 de agosto de 2026
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Rosario, domingo 23 de agosto de 2026

La receta de la gratitud: la historia de la venezolana que retribuye con donas la atención del Vilela

Milángeles Nazareth llegó de Venezuela en 2018. Creó «Mil Donas» y hoy retribuye el cariño rosarino donando su producción a colectas oncológicas y comedores barriales.
Milángeles Nazareth
Milángeles Nazareth llegó de Venezuela en 2018. Creó «Mil Donas» y hoy retribuye el cariño rosarino donando su producción a colectas oncológicas y comedores barriales.

Por Martina Varela/ Especial para El Ciudadano

Milángeles Nazareth llegó a la ciudad en 2018 buscando un futuro para sus tres hijos y huyendo de la crisis en su país. Hoy encabeza Mil Donas, un emprendimiento familiar con el que participó en la colecta récord del Hospital Vilela, la misma institución pública que sanó a su hijo menor cuando recién pisaba suelo rosarino.

A los 10 años, Milángeles aprendió por primera vez lo que significaba empezar de cero. Vivía en La Guaira, Venezuela, cuando en 1999 la trágica marea de barro conocida como la «Tragedia de Vargas» se llevó su casa y sus pertenencias, obligando a su familia a mudarse a Puerto Ordaz. Dos décadas después, en 2018 y con dos carreras universitarias a cuestas (Administración de Recursos Humanos y Gestión Ambiental), la hiperinflación y la escasez en su país la acorralaron de nuevo: «En Venezuela tú tenías dos opciones: o practicabas tus recetas o no comías. La situación estaba muy complicada». Ante ese panorama, decidió armar las valijas y emprender su segunda migración.

Su abuela fue la única de la familia que quedó en Venezuela. Cuando planeaban el viaje, le pedía a Milángeles que no se fuera y le proponía vender refrescos en la puerta del departamento para arreglárselas juntas. «Ella no dimensionaba la gravedad. Yo le decía: ‘Abuela, ¿quién me va a comprar un refresco si no hay para comer?’», recuerda hoy a sus 36 años. Esa charla marcó el inicio de su viaje a Argentina y dejó un deseo pendiente: volver a su país no para instalarse de nuevo, sino para buscar a su abuela, cerrar un ciclo y reencontrarla con la familia. Sin embargo, por su avanzada edad se le hace imposible viajar sola, por lo que el gran anhelo de Milángeles es ir a buscarla para que finalmente conozca en persona a su bisnieta de tres años. «Eso siempre me retumba en la cabeza, que tengo ocho años que no he podido estar con ella», cuenta.

Su esposo llegó primero; ella lo hizo a los tres meses y, un año después, lograron reunir a sus tres hijos en el país. Sin embargo, la imposibilidad de insertarse en su área profesional la empujó a reinventarse. Con un curso básico de repostería que había hecho antes de viajar, empezó a ensayar recetas de donas en la cocina de su casa y a llevarlas a ferias locales. Más allá del desafío gastronómico, lo que terminó de afianzar el proyecto fue el acompañamiento humano que encontró en la ciudad: «Fue muy bonita la receptividad del rosarino en todos los sentidos. Desde la persona que nos alquiló la habitación de hotel donde vivimos los primeros seis meses hasta las familias que nos alquilaron después, siempre encontramos gente maravillosa que hoy es parte de nuestra vida». Esa misma calidez se trasladó rápido a las ferias, donde las donas empezaron a venderse cada vez más.

El vínculo indeleble con el Vilela

Cuando su hijo menor pisó Rosario en 2019, arrastraba serios problemas de asma y afecciones respiratorias que requerían atención médica. Sin obra social ni recursos, la recomendación de los vecinos fue unánime: «Andá al Vilela».

«Llegué y me lo atendieron de inmediato. Los médicos le hicieron el diagnóstico, lo acompañaron y lo curaron. Por eso tengo una conexión tan profunda y linda con el hospital; me dieron todo cuando no tenía nada», cuenta con emoción. De esa gratitud nació una alianza natural. Tiempo atrás, Milángeles llevó cajas de donas para que los niños del área oncológica las decoraran.

Hace pocos días, en el marco de la jornada celebrada en el predio de REDI por el Día del Niño, la Municipalidad y la organización del Paseo de los Patos la convocaron para sumarse a la colecta de la Fundación Vilela. La propuesta inicial era donar un centenar de unidades, pero la emprendedora llevó 300 donas artesanales para regalar una por cada bono de contribución vendido para la sala de oncología. La respuesta de la gente desbordó las previsiones y permitió alcanzar una recaudación récord.

Emprender a la distancia y desarmar prejuicios

El presente de Milángeles no está exento de angustias. Tras el reciente terremoto que azotó a su país natal, parte de la recaudación de su producción la destina a enviar asistencia a su familia. «A veces la gente no nos compraba el box de donas, sino que directamente nos donaba plata para ayudar a mi familia allá. Cuando vi tanta solidaridad, dije: ‘Nosotros tenemos que dar algo a cambio’. Ahí empezamos a ir a más eventos solidarios, cumpleaños de 15 de chicos de barrios vulnerables que no pueden pagar una mesa dulce y a colaborar con los colectivos que reparten viandas a gente en situación de calle».

Frente a los discursos que tildan a Argentina como un país hostil o racista con las personas extranjeras, la experiencia de Milángeles va a contramano: «En casi ocho años jamás me sentí discriminada ni rechazada; siempre me he sentido en casa. Ver esos debates en redes me da tristeza porque no coincide con lo que vivimos acá. Argentina es un país donde se puede trabajar y salir adelante, y Rosario nos arropó desde el primer día».

Más allá de las discusiones abstractas y las polémicas que circulan en pantallas o redes sociales, la historia de Milángeles se cocina en la realidad del barrio, la calle y el mostrador. Una rutina donde el trabajo en equipo, la integración y las ganas de salir adelante se cruzan con una comunidad dispuesta a tender la mano. «Acá pudimos lograr cosas que en Venezuela ni soñábamos. Solo me queda estar agradecida con esta ciudad y con su gente», concluye.