La reconocida realizadora argentina recibió la máxima distinción honorífica de la Universidad Nacional de Rosario en reconocimiento a su extraordinaria trayectoria artística, su aporte al pensamiento crítico y su contribución a la cultura contemporánea
La Universidad Nacional de Rosario otorgó el título de Doctora Honoris Causa a Lucrecia Martel, una de las cineastas más influyentes del cine contemporáneo. El reconocimiento se realizó el sábado 8 de agosto en el Espacio Cultural Universitario (ECU), en una ceremonia que celebró no sólo su trayectoria artística, sino también una manera singular de mirar, escuchar y pensar el mundo.
La distinción, máxima categoría honorífica que concede la UNR, reconoce el aporte excepcional de Martel al lenguaje audiovisual y su contribución a la reflexión sobre las complejidades sociales, culturales y políticas de nuestro tiempo. A través de una obra que transformó las formas de narrar y representar la realidad latinoamericana, la cineasta se consolidó como una referencia ineludible del cine mundial.
“Es un acto de estricta justicia que la Universidad Nacional de Rosario le entregue a Lucrecia el Doctorado Honoris Causa, que es el título honorífico más relevante del sistema universitario público. No solo es un acto de justicia para nosotros, sino que también es un enorme placer y una caricia que ella acepte este reconocimiento y con ello también pase a ser miembro de nuestra querida comunidad”, destacó el rector de la UNR, Franco Bartolacci.
Desde su ópera prima, La ciénaga, hasta su producción más reciente, Nuestra tierra, pasando por películas fundamentales como La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama, Martel construyó una filmografía que interpela las relaciones de poder, las desigualdades, los vínculos comunitarios y los mecanismos mediante los cuales se producen y disputan los sentidos que organizan la vida social. Su mirada redefinió el lenguaje cinematográfico contemporáneo y abrió nuevas formas de pensar la representación de América Latina.
“No lo hacemos solo con la vocación de poner en valor su trayectoria y recorrido, sino que también buscamos en ese reconocimiento una manera de contar cuáles son los principios y los valores a los que suscribe nuestra comunidad, cómo pensamos la Universidad y su rol en este tiempo”, explicó Bartolacci. “Y en su obra, en su hacer, en su voz, en todo lo que estamos poniendo en valor, también estamos contando y diciendo qué UNR, qué humanidad y qué país queremos”.
Durante el acto, la decana de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Cintia Pinillos, quien además ejerció el madrinazgo de Martel en este reconocimiento, destacó la capacidad del cine de la realizadora para interpelar a la sociedad y generar nuevas preguntas.
“Nuestra Casa de Estudios quiere celebrar a esta artista y a su obra. El cine es una de las expresiones de la cultura con mayor capacidad de interpelar a una sociedad, con mayor capacidad para proponer espejos en los que las sociedades pueden mirarse. Y ese reflejo muchas veces incomoda pero a la vez inspira”, señaló.
Pinillos sostuvo que en la obra de Martel “lo que es cercano se vuelve universal” y que allí reside parte de la potencia de una voz cinematográfica “única” en la que distintas experiencias pueden encontrarse.
La decana también vinculó el reconocimiento con el momento que atraviesan la cultura, la educación y la ciencia pública. “Estamos viviendo tiempos complejos para la cultura, para la educación y la ciencia y en momentos como estos tiene que ser aún más firme la voz para expresar el sentido de nuestras acciones, los lugares que elegimos habitar y las razones que nos movilizan”, afirmó.
En ese sentido, recordó una idea que suele plantear el Rector respecto de los doctorados Honoris Causa: “Son declaraciones de principios acerca de qué institución queremos ser”. Y concluyó: “El camino debe ser lo que valga la pena, porque a pesar de las dificultades, en esta universidad decidimos amar el tiempo de los intentos. Gracias Lucrecia Martel por aceptar este reconocimiento, por inspirarnos y por alentarnos a inventar lo que todavía no existe”.
Además de su reconocida labor como directora y guionista, Martel desarrolló una intensa actividad docente en universidades, escuelas de cine e instituciones culturales de prestigio internacional. Sus seminarios y talleres, especialmente aquellos vinculados con el guión, la dirección y el diseño sonoro como herramienta narrativa, se convirtieron en espacios de referencia para generaciones de estudiantes, investigadores y realizadores de distintas partes del mundo.
La originalidad estética y la profundidad conceptual de su obra fueron reconocidas en los principales festivales e instituciones cinematográficas internacionales. La ciénaga recibió distinciones en certámenes como Sundance, Berlín, Toulouse y La Habana; La niña santa fue nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, mientras que La mujer sin cabeza también integró la selección oficial de ese festival.
En 2019, Martel presidió el jurado del Festival Internacional de Cine de Venecia y recibió el Premio Konex como una de las cinco mejores directoras de cine de la década en Argentina. Su obra fue además objeto de retrospectivas en instituciones de referencia mundial como Harvard University, el Museum of Modern Art (MoMA), el Lincoln Center, la University of Cambridge, la Tate Modern y el Centre Pompidou.
El reconocimiento fue impulsado por la docente de la Licenciatura en Comunicación Social Cecilia Pelliza, quien estuvo a cargo de la laudatio durante la ceremonia y destacó los motivos que fundamentaron la propuesta.
“El honor es una cualidad que se define en comunidad. Es una comunidad la que reconoce como honorables a aquellas personas en quienes encuentra un horizonte para su propio obrar”, sostuvo Pelliza. “Quienes hoy estamos aquí reunidos nos sentimos también honrados de pertenecer a una universidad que decide reconocer a Lucrecia Martel como Doctora Honoris Causa. Este acto consiste, sobre todo, en agradecer una forma de estar en el mundo que vuelve más hospitalaria la vida colectiva y ensancha el pensamiento”.
Pelliza destacó también la particular experiencia de la mirada y la escucha que propone el cine de Martel en un tiempo atravesado por la aceleración y el consumo permanente de imágenes. “Nos invita a demorarnos, a desconfiar de las certezas y, en esa demora, recuperar el espesor de la experiencia y que aparezca algo profundamente político: la posibilidad de volver a descubrir la aventura de estar con otros”, explicó.
Los fundamentos de la resolución aprobada por el Consejo Superior destacan precisamente esa capacidad de la producción artística de Martel para intervenir en los procesos de construcción de sentido que organizan la vida social. Sus películas cuestionan discursos dominantes, visibilizan aquello que suele permanecer fuera de campo y proponen nuevas formas de ver, escuchar y comprender la realidad.
En ese encuentro entre cine y universidad, Pelliza encontró uno de los sentidos centrales de la distinción. “Esa también es la tarea de la universidad pública, hacer de la conversación una forma de conocimiento, sospechar de las imágenes y de las verdades que parecen indiscutibles, incluso de la ilusión de ocupar siempre el lugar correcto. Allí, en esa manera compartida de pensar, su obra y esta universidad se encuentran”, sintetizó.
La resolución también subraya que el cine de Martel recuerda que comunicar no consiste únicamente en transmitir información, sino en generar las condiciones para que emerjan nuevas preguntas, sensibilidades y formas de encuentro con la alteridad. Desde esa perspectiva, la UNR reconoce una trayectoria que amplió los horizontes del pensamiento crítico, la cultura democrática y la producción de conocimiento, valores que la Universidad Pública promueve y defiende como parte de su compromiso con la sociedad.
Visiblemente emocionada, Martel agradeció a la Universidad Nacional de Rosario por el reconocimiento y, especialmente, por la posibilidad de formar parte de su comunidad.
“Significa mucho que una Universidad como ésta reconozca el trabajo que uno hace con un montón de gente”, expresó. Y reflexionó sobre el recorrido de quienes se dedican al cine: “Cuando uno empieza esta actividad, lo hace con unas ilusiones que con el tiempo se van volviendo más livianas y banales, y es un esfuerzo recuperarse de eso que propone parte de la industria del entretenimiento. Cuesta no empantanarse en ese mundo”.
En ese contexto, destacó el valor que tiene para ella el reconocimiento recibido: “Uno solo sabe que lo que está haciendo tiene sentido cuando los demás se pueden sentir bien con eso y es lo que le da sentido a mi trabajo, pero también a mi vida”.
La presidenta del Concejo Municipal de Rosario, María Eugenia Schmuck, le entregó el reconocimiento de Visitante Distinguida de la ciudad, mientras que la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR la nombró Profesora Honoraria.
La jornada concluyó con una conferencia magistral de la nueva Doctora Honoris Causa de la UNR, titulada ¿Cuándo empieza y cuándo termina una película?, una pregunta que sintetiza, de algún modo, la permanente búsqueda de Martel por explorar aquello que sucede antes, durante y después de las imágenes: los sentidos que construyen, las preguntas que abren y las formas en que nos invitan a mirar el mundo.
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