La destacada actriz y gestora cultural, referencia del teatro con objetos en Rosario y la región, pasó por “Condenados al éxito”, donde habló de su vasta trayectoria, de sus últimos unipersonales y analizó el contexto complejo que vive el país
Laura Copello es una artista que nació, se formó, vive y trabaja en Rosario. Profesora Nacional en Teatro de Títeres, también cursó el Postítulo de Artes Escénicas en la UNR. Es una actriz de vasto y diverso recorrido, referente del teatro con objetos y gestora de la histórica sala teatral La Manzana de San Juan 1950. Su carrera artística siempre fue de la mano de su militancia. Y entre sus últimos trabajos aparecen dos unipersonales elogiados por el público y la crítica: Laurita tiene muchas cosas que hacer y Todavía no (lo importante de acordarse).
Copello pasó por el ciclo de entrevistas Condenados al éxito, del canal de streaming del diario El Ciudadano. Allí repasó su extensa trayectoria, la vigencia del teatro de objetos, el valor del trabajo colectivo y la gestión independiente al frente de La Manzana.
Pionera y referente del teatro de objetos en la región, explicó la particularidad de esta disciplina en comparación con el teatro de títeres tradicional o de actores: “El teatro de objetos, a diferencia del teatro de actores, no tiene un cuerpo teórico armado porque es algo todavía demasiado reciente, que tiene múltiples formas y variaciones. Entonces yo pude armar una cosa propia.”
En su formación y recorrido artístico resaltó la influencia de grandes referentes como Ariel Bufano, Ana Alvarado, Javier Swedzky y el colectivo porteño El Periférico de Objetos. A partir de esas influencias, fue consolidando una búsqueda estética personal atravesada por la creación de paisajes escénicos: “Yo trabajo mucho la idea de paisajes en la creación escénica. Creo que uno a veces se arma a partir de lo que no puede o con lo que no cuenta y eso fue revelador para mí”.
Recordando su ingreso a la escuela de teatro en 1983, la artista rememoró la intensa actividad callejera y la articulación comunitaria durante la transición democrática: “Éramos la última camada de egresados antes de que naciera la Escuela Provincial de Teatro y Títeres (de la que fue docente por muchos años). Éramos dueños de la escuela, teníamos llave; y también eran tiempos muy convulsionados porque fue en el 83, estábamos en la calle todo el tiempo, estaba volviendo la democracia”.
Tras recibirse en 1985, participó de un proyecto pedagógico innovador en Puerto General San Martín junto a José María Tessa y Rodolfo Pacheco, una etapa clave para su mirada sobre el arte. “Fue el lugar donde yo aprendí acerca de lo colectivo, que siempre es con otros el trabajo, y que el trabajo es en el territorio”, destacó la artista.
Copello repasó la historia de Teatro de la Manzana, espacio cultural fundado originalmente en 1992 junto a Mónica Disépola y en colaboración con La Sociedad del Ángel, grupo liderado por Chiqui González y Rodolfo Pacheco. Tras un paso por una casona alquilada en calle Entre Ríos, se establecieron en su sede propia, definida entrañablemente como “una casa con un teatro adentro”.
Sobre la sostenibilidad de las salas independientes en el contexto socioeconómico actual y ante la falta de financiamiento nacional con un Instituto Nacional del Teatro (INT) completamente desfinanciado, Copello señaló: “Hace más de un año que no recibimos subsidio y ahí estamos viendo, subsistiendo. Afortunadamente los talleres funcionan bien y las funciones en general también funcionan bien; nos sostenemos con cierto empuje”.
Respecto al vínculo con el Estado local y provincial, indicó que el diálogo con el municipio es más fluido a través de programas como +65 o la Noche de los Teatros Independientes, mientras que desde el nivel provincial no han obtenido respuestas a sus reclamos de apoyo económico para el sector.
Consultada por sus unipersonales más recientes, la actriz reflexionó sobre cómo sus vivencias, duelos y pasiones personales se entramaron en la ficción a través de directores como Ricardo Arias y Felipe Haidar, con quien comparte la gestión de la sala La Manzana.
“Con Laurita…, la primera imagen que tuve fue la de una mujer que le salen de su cabeza todos sus paisajes, sus amores, su militancia, sus fracasos, el teatro; todo eso hoy está en la obra”, recordó.
Sobre su estrecho lazo artístico y de gestión con Haidar, joven y talentoso creador santafesino radicado en Rosario, destacó la complementariedad y el aprendizaje mutuo: “Es hermoso tener una relación con alguien tan joven, tan entrañable… Yo en algunas cosas lo ordeno, y el en otros me enseña; nos complementamos muy bien”.
Al reflexionar sobre la realidad política actual y el impacto de los discursos de odio o el ajuste sobre la cultura, expresó: “Fundamentalmente a mí me da mucha tristeza. Me pregunto: con las luchas que ha tenido este pueblo, ¿qué nos está pasando esto? Pero me parece que en algún momento esto se va a revertir”.
Finalmente, acerca del éxito que de algún modo es el eje temático del ciclo de entrevistas, planteó: “El éxito para mí es hacer lo que me gusta, tener los amigos que tengo dentro y fuera del teatro, no haber tenido grandes conflictos con el sector y ser querida por el medio. Para mí el éxito es cada alumno que me encuentro que me cuenta cosas que le han pasado con algunos trabajos que hicimos. Que me digan «La Manzana a mí me cambió la vida»; eso es el éxito sin ninguna duda”.
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