Por Redacción El Ciudadano
Leda Bergonzi volvió a instalarse en el eje de la discusión pública. Tras un período de menor exposición mediática en Rosario, la mujer oriunda de San Lorenzo reapareció en una entrevista concedida a la conductora Pamela David para el programa #EnSubida, emitido por el canal de streaming Blender, donde se atribuyó la capacidad de presenciar y facilitar curaciones físicas milagrosas sin sustento médico.
Durante el reportaje, Bergonzi sostuvo de manera categórica que en los encuentros de su agrupación, Soplo de Dios Viviente, se producen transformaciones inmediatas de salud: «Llegan con parálisis y se van sin parálisis. Llegan en sillas de ruedas y se van empujando la silla», afirmó. En otro tramo del diálogo, la mujer también aseguró haber visto «chicos que no pueden hablar y se van hablando».
La difusión de las imágenes provocó una inmediata reacción en redes sociales y medios de comunicación, donde periodistas y profesionales de la salud remarcaron la completa ausencia de historias clínicas, estudios contrastados o evidencia científica que valide semejantes afirmaciones. La principal preocupación gira en torno al impacto emocional de estas promesas en personas con discapacidades severas o enfermedades crónicas, en quienes se pueden alimentar falsas expectativas desde un lugar de extrema vulnerabilidad.
La distancia de la Iglesia y el antecedente del cáncer
No se trata de la primera polémica que rodea a Bergonzi. La tensión con la comunidad médica y religiosa alcanzó un punto critico a comienzos de 2024, cuando durante una presentación en Chile afirmó que el cáncer era una «enfermedad del hoy» originada en la «falta de perdón».
Aquella declaración generó un contundente rechazo por parte de la Asociación de Oncología de Rosario, especialistas en bioética y autoridades eclesiásticas, quienes desmintieron rotundamente que una patología compleja y multifactorial como el cáncer guarde una causa puramente emocional o espiritual.
Las desavenencias acumuladas derivaron en una ruptura formal en septiembre de 2024, cuando el Arzobispado de Rosario, encabezado por el monseñor Eduardo Eliseo Martín, decidió suspender la autorización pastoral para que Bergonzi y su grupo actúen en nombre de la Iglesia Católica. El comunicado eclesiástico remarcó la existencia de «significativos elementos que necesitan ser purificados», limitó el uso de la imposición de manos —práctica reservada a los sacerdotes— y deslindó a la institución de toda responsabilidad legal, comercial o discursiva sobre las actividades y shows de la sanlorencina.
Entre los teatros, denuncias de estafa y la sombra de la política
El fenómeno masivo que entre 2023 y 2024 colmó el Predio Ferial Parque de la Independencia (ex-Sociedad Rural) y Metropolitano con miles de fieles —incluida la familia de Lionel Messi— mutó tras la quiebra del aval diocesano. Si bien mantiene encuentros mensuales en el camping del Sindicato de Recolectores de Residuos en la zona sur rosarina, la actividad de Bergonzi migró paulatinamente hacia teatros, eventos en otras provincias y una fuerte presencia en plataformas digitales. En marzo de 2025 lanzó su primer disco musical, titulado Volver a casa.
Esa veta comercial también desató cuestionamientos económicos. Su exproductor musical, Alberto Castillejo, la acusó públicamente de estafa al sostener que invirtió cerca de 15.000 dólares en su proyección artística antes de que Bergonzi intentara cerrar acuerdos por fuera del vínculo. A esto se sumaron denuncias públicas sobre presuntos fondos estatales presentadas por la diputada provincial Amalia Granata y alertas de la organización antisectas Libre Mentes.
En el plano político, el perfil de Bergonzi comenzó a virar hacia el ámbito evangélico. En junio pasado trascendió una reunión mantenida con el referente de la fuerza UNO, Walter Ghione, y el concejal Pablo Gavira. Aunque desde ese espacio aclararon que aún no hay candidaturas definidas para 2027, destacaron el capital social y la capacidad de contención espiritual de la sanadora.
Entre la devoción de sus seguidores y el reproche de la comunidad científica y religiosa, la reaparición de Leda Bergonzi vuelve a dejar al descubierto la frágil frontera entre la fe popular y las promesas de sanación sin prueba científica.