Ricardo Lorenzetti sacó a relucir el miércoles, en un ámbito académico, múltiples líneas de su pensamiento que cobran tonalidad particular cuando la Corte Suprema de Justicia ajusta la firma final de la ley de Medios que enfrenta al gobierno con el monopolio Clarín. Cuando le consultaron por esa causa dijo que no puede adelantar su opinión, y antes había sostenido: “No firmo ni firmaré nada que sea distinto de mis convicciones, las mismas que he expresado en mis libros hace años”. Citó a juristas y habló de la comunicación del Poder Judicial. Transmitió la imagen de una Corte con ideas “muy distintas” aunque no llegó a hablar de divisiones. Avisó que en breve publicará las declaraciones juradas de todos los ministros.
La concurrencia en la porteña Cultural Inglesa fue nutrida –jueces, empresarios, el titular de la Asociación de Magistrados Luis María Cabral, entre otros–. “Es imposible hablar de jueces sin ideología, de neutralidad, un juez conservador no se ocupa de causas medioambientales, no hace sus sentencias accesibles a la ciudadanía, no organiza audiencias públicas con los pobres, todo eso es propio de un juez progresista”, explicó en una referencia a su gestión en la Corte por la creación del Centro de Información Judicial, la causa Acumar y las audiencias públicas con la comunidad qom.
En la línea de las ideas agregó que “en la historia de este país no siempre ha sido fácil decir lo que se piensa y yo lo he dicho hace 30 años en mis libros, ahí está el criterio de todo lo que firmo y lo que firmaré porque mis convicciones no cambian”. Además, aludió fugazmente a sus libros de derecho privado.
En estos textos existe un enfoque especial en la figura de consumidor respecto de sus derechos en el mundo actual. Esas líneas no son distantes al criterio de la Cámara Federal en lo Civil y Comercial en cuyo fallo, que ahora estudia la Corte, aparece el hincapié sobre el derecho que tienen los usuarios al momento de elegir contenidos y cómo la nueva norma los afecta al momento de esa elección. Pasajes bibliográficos que deberían tenerse en cuenta al mismo nivel que los textos de Carlos Fayt sobre libertad de expresión.
Uno de los momentos más específicos fue la mención a John Rawls, estadounidense de Harvard y celebrado por al partido Demócrata. Cercano al liberalismo británico de David Hume, el académico, que murió en 2002, postulaba la teoría de los consensos cruzados que serían el resultado de debates racionales entre ideas distintas pero con un marco general similar. Conceptos que le sirvieron para expresar: “En la Corte todos tenemos nuestras ideas que suelen ser muy distintas y el debate interno es la única forma de lograr esos consensos”.
Sobre el final aseguró que el tribunal dará publicidad a las declaraciones juradas de los ministros. La semana pasada el gobierno había reglamentado una de las normas de la fallida reforma judicial que establecía que esa documentación debía entregarse a la Oficina Anticorrupción. Una acordada previa había resuelto que las declaraciones quedaran resguardadas en la secretaría general de la Corte.
La presencia de Cabral en el acto no fue casualidad. El miércoles, la Asociación de Magistrados emitió un duro comunicado en sintonía con el pedido de la Corte al Consejo de la Magistratura para que se acelere el nombramiento de jueces. El gremio fue más allá: agregó que en el cuerpo colegiado no se han desestimado decenas de pedidos de investigaciones contra jueces que deberían haber quedado fuera de consideración “in limine”. Se trata, concretamente, de 82 presentaciones que todavía ni siquiera han sido sorteadas.
Mensajes incómodos que coinciden con un malestar creciente en ciertos despachos de la Corte por los viajes que suele realizar el titular del Consejo, Mario Fera.
Antes de que comenzara la charla, un abogado que se identificó como Nicolás Rodríguez Saá increpó públicamente a Lorenzetti: “Usted no puede estar acá, en la Universidad de San Andrés (organizaba el encuentro) que es socia del Grupo Clarín que hace cuatro años incumple con la ley de radiodifusión”. El titular de la Corte no dijo nada aunque luego hizo una breve referencia: “No está mal tener pasiones, yo mismo las he tenido, me he parado y he gritado y todavía las tengo”.
Un incidente aislado pero que materializó una de las tesis que apareció en el cuarto piso de la calle Talcahuano desde el anuncio de la charla: que Lorenzetti podría aprovechar la ocasión para favorecer su recusación en un expediente en el cual le es complicado reunir consensos para un fallo equilibrado.
