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Días de furia, tolerancia cero, sensación térmica y sensación de caos. Barrios que suman cortes del suministro de energía desde el lunes pasado. Piquetes en distintas esquinas de la ciudad. La tensión máxima la vivieron dos empleados de una cuadrilla de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) que fueron “secuestrados y apuntados con un arma en la cabeza, en la noche del miércoles, y tuvieron que huir corriendo hasta que se toparon con un móvil de la Policía y los trasladó hasta la sede de Oroño. Incluso el vehículo de la empresa quedó allí. Pedimos a la gente que tenga paciencia, estamos ante una situación totalmente anormal”, relató Alfredo Romero, el secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza, quien repudió lo sucedido con los trabajadores que fueron amenazados en Ituzaingó y Matienzo, en el límite de barrio Urquiza y Tres Esquinas, en la zona oeste de la ciudad. A partir de este episodio, desde el gremio pidieron que un móvil de la policía acompañe a las cuadrillas cuando deben realizar reparaciones: así ocurrió en la mañana de ayer estación transformadora de Grandoli y pasaje Pajés, donde al cierre de esta edición operarios de la EPE trabajaban para reparar la falla de un cable subterráneo de media tensión. Lo hacían bajo la atenta mirada de dos uniformados para prevenir cualquier tipo de agresión.
Alfredo Romero, a la hora de graficar la situación de fondo, no dudó: “La inversión va por la escalera y la demanda por ascensor”. Así hizo referencia al crecimiento de la demanda de energía en Rosario y la zona. El gremialista aseguró que las “interrupciones en el servicio continuarán porque las inversiones no son suficientes” y apuntó que las víctimas no sólo son los usuarios, sino también los propios trabajadores de la empresa. “No puede ser que llegue una cuadrilla y en algunos lugares la reciban a piedrazos, insultos y golpes, por eso le exigimos a las autoridades de la EPE que intervenga la policía y nos acompañe un móvil”, se quejó.
En tanto, vecinos molestos e indignados, en su mayoría de zona sur, se hicieron presentes en la mañana de ayer en el hall de las oficinas céntricas de calle Oroño al 1200 “para que algún funcionario dé la cara y nos den una respuesta”, dijo Norma, dueña de una casa de pastas ubicada en Paraguay y Doctor Rivas, quien se presentó con más de 50 kilos de ravioles que se vencieron en sus heladeras apagadas: “Se los tiré en las oficinas para que vean cómo estamos los que cada día tratamos de subsistir con un trabajo digno”.
Norma estaba acompañada de otros vecinos, la mayoría adultos mayores. “Nadie nos dice nada, sólo que saltan los tapones por la cantidad de demanda. Plata para el Dakar hay, para invertir como corresponde en la EPE no”, se quejó un vecino de Rioja y Buenos Aires, quien aseguró sufrir cortes “a cada rato”.
La bronca de vecinos de distintos puntos de la ciudad siguió en la oficina que la EPE tiene en Cullen y Mendoza. Allí, vecinos de los barrios Gráficos y Sindicato Argentino de Televisión, que el miércoles habían armado un piquete, tomaron por unas horas las instalaciones. Un hombre exaltado y fuera de sí forcejeó con un guardia del lugar y terminó golpeándolo. Luego comenzó a tirar al suelo los monitores de computadora que encontraba a su paso.
Una mujer lamentó tener que llegar “a esta situación poco civilizada pero ya estamos cansados, hace tres días que estamos sin suministro y somos todos vecinos que estamos con las boletas al día”. Al dejar el lugar, después de que terciaran efectivos policiales, dejaron pegado carteles en los vidrios de la delegación: “Queremos que nos devuelvan la luz”.
Ante la agresión sufrida por los trabajadores de la EPE, se reunió la comisión directiva del sindicato y se le pidió al directorio de la empresa que “las cuadrillas estén acompañadas por un patrullero. “Porque si la seguridad de nuestros trabajadores no está garantizada, no se va a ir al lugar. Esto no es medida de fuerza sino preservar a nuestra gente”, apuntó el secretario gremial de Luz y Fuerza, Alberto Botto.
El dirigente confirmó que los dos empleados que llegaron el miércoles por la noche a Ituzaingó y Matienzo “fueron secuestrados, golpeados y les pusieron una pistola en la cabeza; tuvieron que dejar la camioneta en el lugar. Este fue el episodio más grave, pedimos a la gente que tenga paciencia porque se trata de trabajadores que también ellos viven en lugares donde hay cortes.”
Finalmente, sobre la situación que año a año lleva a que los cortes se repitan, el secretario gremial señaló que “la demanda se duplicó en la última década y es un factor determinante, si bien se hacen inversiones, no alcanzan para paliar la situación. No hay tiempo físico para atender todos los reclamos. Vemos que hay una falta de coordinación entre provincia y Municipalidad, que da permisos de construcción y no se evalúa el impacto que tienen sobre los servicios”.

