“Necesitaban un nombre para competir y se les ocurrió Los Lobos, porque eran más malos que los perros”, narró Osvaldo Gómez, integrante de un particular club rosarino llamado Los Lobos Fútbol Club. La institución partió de una iniciativa que un reducido grupo de entusiastas del balompié acuñó hace más de un cuarto de siglo y que hoy, sábado a sábado, se renueva en su sede, ubicada en Granadero Baigorria sobre el límite con Capitán Bermúdez.
Entre familiares y amigos, Los Lobos como gustan denominarse los socios, son un grupo de alrededor de 60 personas que con lluvia, calor o frío, comparten las jornadas de los sábados con el fin de jugar partidos de fútbol y disfrutar de la compañía. En dos hectáreas que separan las localidades de Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez, a pocos kilómetros de Rosario, este grupo ha construido, desde una visión cooperativista, un espacio de divertimento que cuenta con dos canchas reglamentarias de 11 jugadores, una de 5, quincho y vestuarios. “Tenemos jornadas de trabajo para atender el estado general del club. Es todo a pulmón y con esfuerzo compartido”, señaló Gómez. Es que, desde que se compraron las hectáreas que ocupan el club, los trabajos de alambrado, iluminación, edificación de espacios comunes han sido realizados por Lobos y Lobitos –miembros más jóvenes del club– durante las distintas jornadas de trabajo. “No sólo comés y jugás sino que se trabaja por un fin común”, sostuvo Gómez.
En 1980 los socios decidieron dividirse en tres grupos de diez personas, teniendo en cuenta el lugar de residencia, disponibilidad, aptitudes y desempeño en las actividades gastronómicas, formando los grupos Centro (Los Magníficos), Oeste (Los Inútiles) y Norte-Sur, llamado Los Inservibles. Según describe Gómez en su recopilación histórica de la institución, a lo largo del año estos grupos se encargan de distintas actividades, que van desde la conformación de los equipos de fútbol, el mantenimiento y la limpieza, la colocación de las redes y banderines de las canchas más la preparación del tradicional mate cocido destinado a los entretiempos, entre otras cosas. La actividad de cada grupo se realiza durante un mes, con una rotación de tres meses por grupo.
Según indicaron representantes del club el total de asistentes los sábados oscila entre 60 y 70, incluyendo hijos e invitados, mientras que los miércoles promedian 30 personas para la práctica y cena. “Ya son tres generaciones de Lobos porque muchos ya traen a sus nietos”, describió Gómez.
Si bien los representantes del club aclararon que no suelen competir en torneos locales o regionales, sí han estrechado lazos con un equipo brasileño, con el que realizan encuentros una vez por año. “Hace 10 años venimos estrechando lazos con un grupo de brasil llamado Palestra Italia, de Porto Alegre. Es un ida y vuelta para jugar partidos, intercambiar trofeos, etc. Es un club similar al nuestro, aunque ellos sí compiten en algunos torneos de Brasil”, indicó Gómez.
Sábado mágico
Cual sabbat para la comunidad hebrea, el sábado representa para este grupo un momento sagrado en la semana. “Nos juntamos los miércoles para la práctica y posterior cena; y los sábados es el partido oficial, donde vamos desde muy temprano, armamos los partidos y disfrutamos de la compañía”, dijo Gómez. Y aclaró: “El tiempo lo pasamos con los hombres, porque la relación con las mujeres la dejamos para afuera”.
Todo empieza después del mediodía, cuando de a poco llegan al predio los socios. Allí, comienzan a conformar los tres equipos que tradicionalmente protagonizan los encuentros. Según destacaron los socios, estos equipos se conforman balanceando juventud y experiencia donde ya se conoce la ubicación o el puesto que ocupa en la cancha cada uno de ellos. “Luego, entre partido y partido, nos reunimos en el quincho a tomar el infaltable mate cocido, que nos obliga a estrechar más lazos de amistad entre este grupo tan heterogéneo pero tan sólido en compañerismo y solidaridad”, señalaron. “Esa magia está dada por todo lo que representa para nosotros: jugar, divertirnos, gritar, protestar, todo dentro de un predio hermoso. Pero lo principal y lo más importante es el hecho de sentirnos en un ambiente sano, de amistad y valores que nos reconfortan todos los sábados el espíritu a cada uno de nosotros”, explicaron desde Los Lobos.
Origen e historia
El Lobos Fútbol Club comenzó a principios de la década de los 70, cuando un grupo reducido de amigos se reunía para jugar al fútbol de salón y a la vez en los campos de deportes del Colegio La Salle. Al cabo de unos años y con nuevos integrantes, el Mundial de Fútbol de 1982 marcó el nacimiento de la idea madre de Los Lobos: comprar un terreno en las zonas aledañas a Rosario donde levantar una cancha de fútbol once. El dinero para la compra surgió del aporte del propio grupo. Según relataron los socios, fue necesario mucho trabajo para poner al campo en condiciones y hacer la cancha, no sólo porque se debió retirar el sorgo de alepo, la soja y el maíz del terreno, sino también para sacar el rastrojo, una maleza que conspira contra los habilidosos que sábado a sábado riegan de magia las canchas de Lobos.