La Corriente Clasista y Combativa expuso el impacto negativo del "cambio de paradigma" que argumenta el gobierno para reemplazar la asistencia directa por "créditos para capacitación". No cubrirá a todos los beneficiarios, no es inclusivo y desmantela las redes de contención barriales –comedores, ferias, emprendimientos– que se sostenían en parte con ese dinero volcado a consumos esenciales
Fotos: Juan José García.
Dos días después de que el Gobierno elimine el programa social Volver al Trabajo, este martes la Corriente Clasista y Combativa (CCC) protagonizó para este martes a una movilización y corte de la autopista Rosario Buenos Aires para rechazar esa medida y exponer otros reclamos para los sectores afectados por el modelo económico de la gestión libertaria.
Hubo una marcha que partió de las rotonda de Oroño y Batlle y Ordóñez, frente al casino City Center, con la cual la CCC exigió la continuidad del programa o bien su reemplazo por un esquema de ingresos equivalente. No solo eso: también, que las ayudas sociales aumenten hasta alcanzar un piso equivalente al 50% del salario mínimo, vital y móvil. Y, por último, la reapertura de inscripciones para incluir a las personas que se quedaron recientemente sin empleo y no tienen asistencia del Estado.
El programa, que caerá efectivamente este jueves 9, alcanzaba a unos 900 mil beneficiarios en todo el país. En Rosario, a entre 40 mil y 43 mil. El último pago –de alrededor de 78 mil pesos– se acredita este mes. Y a partir de allí: nada.
El Gobierno nacional justificó la baja del Volver al Trabajo en un cambio de paradigma. El argumento es que se reemplaza la asistencia monetaria directa por un sistema de vouchers para capacitación laboral.
De acuerdo a lo que dice el oficialismo, los beneficiarios tienen que inscribirse en los diferentes cursos de la oferta y a cambio recibirán «créditos» para pagar esa formación en una lista de instituciones habilitadas.
Sin embargo, los referentes barriales y organizaciones sociales señalan que, por un lado, la oferta de capacitación es limitada y no alcanza a cubrir a todos los contenidos por el programa eliminado.
Otro punto complicado es que muchos de los cursos son virtuales, lo que contrasta con la precariedad en la que subsisten los vecinos a los que están dirigidos. En muchos casos, no pueden costearse una conexión a internet.
Las objeciones son muchas. Al estar centralizado, el nuevo esquema no responde a las realidades y necesidades concretas de cada territorio. Es decir, no tiene en cuenta qué capacitación se necesita en cada lugar y cuál es la demanda laboral de los oficios en las diferentes geografías.
El reemplazo tampoco incluye a todos. Las personas entre 18 y 49 años consideradas «empleables» quedan obligadas a resignar el ingreso directo para pasar a recibir los «créditos» mientras que otros grupos continuarán dentro de programas asistenciales. Las organizaciones adelantan que miles de familias serán empujadas a una situación de mayor fragilidad.
El programa dado de baja sostenía en Rosario una red de trabajo comunitario que a partir de ahora quedará en una nebulosa. Los ingresos directos que ya no llegarán sostenían en parte comedores, merenderos, tareas de cuidado y cooperativas barriales.
Los comercios de cercanía o emprendimientos en los barrios, dicen las organizaciones sociales, también acusarán el impacto negativo del cambio. El dinero del Volver al Trabajo se destinaba casi en su totalidad al consumo en esos circuitos informales, o las changas.
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