Política

Milei no fue hecho para el tango

Adelanto de Ignacio Adanero: un capítulo de su libro “Diez pensamientos políticos para el tiempo mileísta"

Por Ignacio Adanero (#)

En la teoría política, existen un conjunto de nociones utilizadas para referirse a procesos donde se entremezclarían cuerpos extraños o fuerzas sociales herméticas, rígidas, allí donde el roce o contacto fluye en modo de partículas separadas y donde la interconexión latente no implica per se una metástasis asaltante: se habla de entrismo, cooptación, infiltración, transformismo; todas nociones que presuponen actores, sujetos o clases sociales en el sentido de entidades cerradas, impenetrables, y que, al entremezclarse, desdibujarían sus identidades previas. Este el corazón del pensamiento marxista de principios del siglo pasado, superado por futuras teorizaciones en torno al concepto nodal de hegemonía (Gramsci, 2014; Laclau, 1996) , y que, pese a ser superado, procederemos a servirnos de cierta utilidad que aún ofrece para analizar ciertas tensiones entre el presidente Javier Milei y algunas clases sociales o segmentos de ellas que intentan marcar, acotar e influir, en el gobierno libertario (“ayudarlo”, en los términos del periodismo oficialista). Vamos a concentrarnos en un momento específico de esa dinámica, y tomaremos como objeto de atención la noche del 10 de diciembre de 2023, noche inaugural, noche de asunción a la presidencia de la República, noche donde el libertario fuera recibido por las clases políticas, económicas y culturales, socialmente “superiores” e ilustradas de la ciudad de Buenos Aires. ¿El ritual? Uno muy curioso, pues se trató de una bienvenida protocolar a un presidente electo y esta vez constaba de una ceremonia en el teatro Colón, una donde la orquesta de Raúl Lavié interpretó el tango Balada para un loco, a puertas cerradas, sin televisación abierta, y aún hoy, transcurridos tres años de aquella ceremonia, cuesta hallar imágenes de dicho evento bautismal salvo por las imágenes que conservó para sí la aristocracia argentina. Al fin y al cabo, ¿qué hay de curioso en un homenaje cuya ofrenda es una obra magnánima de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer? Vamos a esbozar una respuesta.

Desde sus orígenes rudimentarios, el tango fue una expresión cultural cuyo ambiente se nutrió de marginales, hombres y mujeres de suburbios arribando a lugares de sociabilidad y regenteo en el Abasto, San Nicolás y Recoleta, población de cafishios, recaudadores ilegales, malevos de callada prepotencia, otarios y prostitutas de fusil en liga, y, como señalan muchos autores (De Ipola, 1985; Pigna, 2020; Lamas y Binda, 1998), el tango cero se mostró abiertamente hospitalario para con los marginales de la transición; es decir, para con los marginales que experimentaron conflictuadamente el proceso de modernización económica y exclusión política a que llevaba la Argentina agroexportadora con sus particiones y segmentaciones de clase bien marcadas y su represión simbólica bien delimitada: de un lado el afrancesamiento, la cultura de salón, la aristocracia, y del otro, el arpa, los bailes afros, el latido mutilado de lo gauchesco… el quilombo. Y pese a su difuso origen espacio-temporal, a cuestas de la controversia que pervive sobre la fecha o el lugar exacto de su nacimiento, se reconoce abiertamente que el tango se compuso de una discursividad provocativa para con los cajetillas acomodados a aquel decurso de la argentinidad agroexportadora y de toda su epifanía de progreso y modernización subordinada a los valores europeizantes. De Ipola (1985, p.152) señala que hasta consolidarse como expresión strictu sensu de la canción rioplatense, el tango fue testimonio doliente del largo ciclo de crecimiento económico anclado a la producción agrícola y al desarrollo dispar del aparato productivo argentino, y que, en sus letras, boliches, cafetines (el lado B de los conventillos), se observaron siempre las marcas dolientes de una confusa ebullición social que reflejaba los choques culturales, asincronías y contradicciones del proceso: no existían paraísos imaginarios ni idealismos políticos, menos aún tristezas que no fueran refractarias a los regímenes de enunciación de la legalidad moderna, esa que Roca & Cía. defendían como la liberalización de las costumbres y que, a contrario sensu de lo que se supondría, ponían al tango en el lugar de anacronismo machista, a veces exaltador de la venganza, otras sublimando la bohemia, y por qué no, satanizando a la mujer (excepción hecha hacia La Madre, claro)[1].

Lo curioso de este proceso, señala De Ipola, fue el sinuoso camino que llevó a que el tango ocupara el lugar privilegiado que hoy ostenta entre los atributos de la argentinidad moderna, y no fue sino hasta que otros fragmentos de las clases altas acomodadas (los marginales calaveras de siempre, los dandis desclasados por la oligarquía, y por debajo, los inmigrantes tortuosamente inhabituados a la fábrica o al matadero), filtraran letra, baile y melodía; lo que permitió al tango recepcionarse paulatinamente como la expresión cultural rioplatense o como la milonga socialmente aceptada y no ya la extrañísima música marginal del sótano oculto y clandestino del modelo agroexportador. Porque sin ese beneplácito, sin ese carácter de producto de atracción cultural concomitante al modelo de la oligarquía (pasando por una serie de filtros u adecuaciones a la que fuera sometido), la consagración de autoctonía del tango hubiese sido imposible[2]. El circulo definitivo de aprobación llegaría por dos vías complementarias e inesperadas que marcarían el ciclo político subsiguiente: por un lado, la inauguración del tango-canción como una expresión musical que trascendió la simpleza de la orquesta de violín, flauta y piano (lo que sumó al bandoneón para  octeto y así cerró el tiempo del tango cocoliche por demás de insuficiente para reflejar la metáfora del destierro y la inserción contradictoria de aquellos sujetos sociales con poesía y letra); y por el otro, la ciudadanización política universal que devino con los tiempos del radicalismo, de H. Yrigoyen y de Marcelo T. de Alvear a la cabeza, sobre todo una vez sancionada la ley Sáenz Peña. Esa ciudadanización universal, efecto de la democratización política, hizo de la ronda convocante una invitación a las clases medias y a todas las clases sociales que quisieran acceder a una mayor difusión artística y cultural, una que hacía del tango el lugar de mayor afección hacia el conjunto de historias y desdichas narradas por los poetas de Buenos Aires (se trató del único momento histórico en que las clases medias argentinas se mostraron abiertamente receptivas al tango, pues nunca dejará de ser llamativo cierto carácter esquivo que ellas mostrarán con el correr del tiempo, mucho más con la irrupción del rock).

Demos un paso más, pues hemos dicho que el auge del tango convive tensionadamente con cierta movilización y conflictividad ingénita a los procesos políticos argentinos de fin de siècle, controlados primero por una elite liberal-conservadora muy celosa y después por una clase dirigente abiertamente competitiva y dispuesta a acompañar una masificación imparable. Largo ciclo de crecimiento donde el tango se performaría hasta sus contornos hieráticos y sagrados tal cual hoy lo conocemos, que durará hasta mediados de 1945 no casualmente con los nuevos principios rectores de un orden social nacido del peronismo. Es este último ciclo, paradojalmente, el que marcará la gran retirada de dicha música y hará de la combinación de ciertos factores políticos las causas para sentenciar que la década del ´50 es un período de eclipse para aquella expresión nacida y difundida en los prostíbulos portuarios o las tabernas del rio de la plata. Esa decadencia inesperada, vale decirlo, no fue una decisión deliberada de las oficinas del gobierno peronista (el justicialismo obligaba a las radiodifusoras a transmitir un 50% de la música nacional), sino que devino en razón de diversas causas sociales y económicas, culturales y urbanísticas (en especial, avances industrializadores que acompañaron a una mayor integración social y sucesivas conquistas obreras que desmarginalizaron cada vez más la vida), contribuyendo a desdibujar una identidad popular que había marcado las vivencias del antiguo ciclo económico-político y haciendo perder el acervo social o el sentido del ecosistema de aquel mundo que ya no podía encontrarse o reconvertirse en un lenguaje de protesta o contestación (el tango nunca fue eso), sino más bien en voz agonizante de una transformación socio-económica profunda que ya no podía des-congelar a dicha música del lugar de memoria doliente de aquel paisaje de la Argentina tradicional a la Argentina moderna: con la caída de Perón, dirá Piazzolla, morirá el tango (Rosenfeld, 2019); e ingresaremos en un extraño declive cuya muerte definitiva aún no se consuma.

Es la agonía del ciclo 1945-55 la que marcará el destino endogámico del tango, de allí el vuelo exitoso que tomarán algunos clásicos como Naipe Marcado (“¿dónde te fuiste tango, que te busco siempre y no te puedo hallar?”), u Oración ranteLos cosos de al lao. Pero, sobre todo, será la emergencia de una obra como la de Astor Piazzolla la que marcará una cruzada al regurgitar de aquella pérdida, aquella muerte que lejos de ser la congoja del comisario herido más bien será la que tome el coraje de una revolución atonal, herética y punzante, una que devolverá vitalidad a una expresión cultural que habrá mostrado signos inequívocos de agotamiento y aplausos a modo de claque. Es este último detalle el que merece rescatarse para retomar el hilo con que abrimos el capítulo: el hecho de que el eclipse del tango coincida con los tiempos del peronismo es un dato elocuente para pensar que esa música no sólo fue una música explicada por la curiosa absorción de sucesivas marginalidades subalternas, sino más bien el modo característico en que se fraguó aquella ligazón entre el mundo de los obreros no incluidos y el mundo del proyecto oligárquico decimonónico. Por ende, su suerte perra refiere a una especie de patentamiento que las viejas clases dominantes efectuaron sobre diversos atributos del patrimonio cultural argentino, siendo el tango el más claro ejemplo de reapropiación o absorción del poder sobre aquellas vanguardias culturales criollas del XIX y principios del XX que tanto marcarán el estatuto de la nación por venir. El propio Piazzolla, medio siglo después, experimentará en carne propia esa tensión social hasta entrar de una vez y para siempre en la mesa redonda de Bach, Beethoven y Vivaldi. Hasta entonces, su figura estará yendo y viniendo del ostracismo al que lo condenaron las embestidas del establishment económico, político y cultural argentino.

Ahora sí, entonces, saquemos conclusiones tentativas y volvamos a la noche del 10 de diciembre de 2023. Noche de gala, noche de reconocimientos. Noche donde el tango recorre un siglo de apropiación y donde Milei tiene un traje color negro y se posiciona a la izquierda de Jorge Macri, el dueño de la llave de Buenos Aires, la París del sur, la que llevó el tango de los suburbios al salón, la que llevó el “peligro” del vulgo tabernario a la “sensualidad” de las clases altas. Milei mira a la cámara, obnubila su alegría con el desparpajo de entrar en otro espacio, ahora es el jefe del poder ejecutivo nacional y está al lado del jefe de gobierno porteño. Se lo ve cauteloso, no conoce el Colón, su hermana tampoco, Villarruel menos, su vicepresidenta. Es una noche de celebración, una noche de homenajes, una donde los hijos ilustrados de la oligarquía porteña reciben al presidente electo. ¿Y la modalidad?, a puertas cerradas. Parece ser un intento ingenioso de abordar un ciclo cuyas características resulta vertiginoso y peligroso teniendo en cuenta la extracción y las amistades sociales e íntimas del presidente. Milei es como los oriundos del tango: reúne las características de una persona marginal y es anarco-capitalista, no porta apellido, carece de estructura, de raigambre en los partidos. Resultó victorioso, sí, pero no es de los propios. No es de ninguna casta, de ninguna familia conocida, ¿y cómo se lo puede seducir?, a partir del tango. Y el tango, como vimos, no es peronista, pues su declive coincide con los ascensos de la clase obrera y el populismo y su historia hospeda a marginados sociales con ideologías extrañas. El tango elegido, casualmente, es Balada para un loco, un gotan de los tiempos de la retirada, de los tiempos del llanto de Piazzolla, uno que remembra la imagen distópica de esa Buenos Aires donde luces y sueños de todos los que confiaban en ella subidos a la ilusión super sport ahora observan el andar de una belleza muy distinta a la Buenos Aires de antaño, y encima, presenta un piantao regresando a caminarla.

Este texto se escribió por vez primera cuando Milei transitaba sus primeros 150 días de gobierno, y hoy, en su tercer año, se reescribe con la misma observancia de atestiguar cómo son notorios (ya mucho más crudos y desnudos) los intentos infructuosos de una “alianza”, cooptación o entrismo, que las clases ilustradas, políticas, económicas y mediáticamente dominantes, desean efectuarle, en especial a ciertas áreas, direcciones o rumbos de su gobierno. El resultado, hasta el momento, es fallido. Se escurre entre los desvaríos de una fuerza política inorgánica que en paralelo a los augurios de una posible alianza de centro derecha entre Propuesta Republicana (PRO) y Libertad Avanza (LLA), ve a  Milei minar de insultos a los miembros de la cámara de diputados y senadores y a un Macri tomar distancia de los “destratos” a los que aquel somete y coopta (ironías del destino) a esos miembros de PRO y de radicalismo que eligen acompañar el ajuste sin “desatender” los frenos republicanos que son “necesarios” para contener al gobierno: el espíritu de La Ley Bases, el potencial impeachment al jefe de gabinete libertario Manuel Adorni, o el saneamiento fiscal; despiertan disputas sobre quién “doma” a quien o si la ley bases es prueba cabal de la consagración anarco capitalista que le roba el mango de la sartén al proyecto oligárquico (hoy) neo-extractivista. Entre la hipótesis de la renuncia de las clases dominantes a seguir conduciendo los destinos políticos del país (Bercovich, 2025, p. 19) y aquella otra que sostiene que ni el RIGI [3] ni la Ley Bases son bases de algo (Moreno, 2024), no debe olvidarse que el propio Macri se desentendió desde el principio de las designaciones de Patricia Bullrich en seguridad y de Luis “Toto” Caputo en economía: ese detalle tiende a abonar la idea de que los intentos de constitución de una derecha ampliada están más bien en un punto ciego y por ende las medidas supuestamente transformadoras o fundacionalistas encontraran refrenos en el “estilo” correcto de las castas, quedando la panacea de la extranjerización de la economía o de la privatización total del mundo en un pantano de ejecución que no avanza más allá de los “logros” consumados en términos de desregulaciones y reestructuraciones de la economía sin las amenazas de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) augurados por Milei al principio del gobierno.

La moneda está en el aire, y fue necesario volver a pensar el tango como una modalidad de recepción y cooptación al proyecto de los marginales, entendiendo por qué fuimos a buscar una explicación al sentido bautismal que tuvo la noche del 10 de diciembre de 2023, noche de candor pero peligrosa. Se debe a que continúa ausente una alianza política sustentable que permita hablar de una fórmula política exitosa o perdurable que sortee los andamiajes institucionales o formatos de ley sin deshacerse al mismo tiempo como bloque histórico o clase dirigente: es decir, sin que se produzca eso que Gramsci llamaría el paso de un nivel económico-corporativo a uno político-universal. Porque, si abonamos a la hipótesis de que tanto el RIGI como la Ley Bases o la Reforma Laboral institucionalizaron una pendiente extractivista y desindustrializadora que sólo vino a profundizar la veta off shore rentística no-productivista de la oligarquía argentina, no haremos más que reafirmar la potencial continuidad de marginales ocupando la silla vacante de la elite vernácula. Pero si, doblamos la biblioteca y movémonos en eso de que la economía real es la pata que desbalanceará tarde o temprano cualquier boom que pueda provenir de las variables vaca muerta-dependientes, los triunfos de Milei se asemejarán bastante a los pobres triunfos pasajeros del tango Mano a mano, y la casta política encontrará las rendijas por donde bloquear o morigerar el carácter ambicioso del reformismo libertario haciendo del presidente un protagonista ejemplar del tango Desencuentro, ese del que está desorientado y no sabe qué trole hay que tomar. A Milei, entonces, no le cabe el tango Muchacho como a Mauricio Macri, quien todo lo ha conseguido pagando como un chabón. Tampoco el Preludio para el año 3001, de Piazzola y Ferrer, pues sus promesas de renacimiento se asemejan poco a las revueltas de obreros del sur o a las odas para la pampa agro-exportadora vendiendo estabilidad política sin tenerla. Corre el riesgo de desanclarse de los actores que sí piensan una reconstrucción del proyecto oligárquico decimonónico, de allí que Balada para un loco haya sido una elección atinada de la aristocracia porteña aquella noche del ´23, noche premonitoria, noche del anticipo al diálogo entre sordos que estamos viendo: noche que, limitadas las pretensiones hegemónicas de la identidad libertaria (algo que no muestra visos de realidad ni tampoco habilita el proyecto oligárquico), solo permite servirse de nociones anacrónicas en desuso como eso de las alianzas, los forzamientos, las cooptaciones, etc.; todas salientes de una saga que presupone categorías sustancialistas para poder encontrar la llave explicativa a un probable nuevo ciclo liberal y no libertario. Ahora bien, lo que esas nociones no contemplan y arrastran de peligro para confundir el análisis, es que Milei es mucho más esquivo y escurridizo que los marginales del dos por cuatro y que las ideas del anarco-capitalismo conservarán un coto de impenetrabilidad difícil para las narrativas del progreso y la liberalización de las costumbres mientras se acumulan dólares a espaldas de la sociedad. No saben, en definitiva, que Milei no fue hecho para el Tango.

 

(#) (Capítulo del libro “Diez pensamientos políticos para el tiempo mileísta».

[1] Un curioso elemento a tono es la reconstrucción historiográfica que se ha hecho sobre la relación entre Carlos Gardel y Doña Berta, su madre. Casi no existe bibliografía que no certifique el lugar de mujer ideal, dadora, sacrificada, que Berta ocupa en el imaginario transportado por los historiadores, así como en los propios testimonios de Gardel. Cuesta hallar, en la etapa dorada del tango-canción, otra figura femenina más incuestionada que la de la madre.

[2] Al respecto, puede visitarse la extensa gama de artilugios y conflictos que la oligarquía argentina afrontó con motivo de los festejos centenarios del 25 de mayo de 1910. No fueron pocos los diplomáticos extranjeros (sobre todo españoles) que deseaban conocer ese baile y esa música osada llamada tango.

[3] Rigi significa, por sus siglas, Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, que fuera aprobado en el paquete de la Ley Ómnibus (secuela de la Ley Bases) y constara de una serie de privilegios para el gran capital, como disminución en Ganancias, amortización de bienes de capital u exención de retenciones para todas las exportaciones.

Entradas recientes

“Vox Populi”: una jugosa y desafiante disección escénica de las clases dominantes, sin contemplaciones ni medias tintas

La obra ganadora de la edición 2025 del Laboratorio de Creación Grupal del proyecto “Descarriadas,…

junio 25, 2026

Juicio por fumigaciones en Pergamino: jueces transgénicos y la impunidad del agronegocio

En un fallo a medida del modelo del agronegocio, los jueces Román Lanzón, Elena Dilario…

junio 25, 2026

El fanático de Messi que le puso Messia a su hija: “Las alegrías que nos dio son inmensas”

Elías Aguilar dialogó con la Agencia Noticias Argentinas y no pudo ocultar su devoción por…

junio 25, 2026

Casa Olímpica en Rosario: un nuevo legado para el deporte argentino y sede del CReAR Federal

El próximo sábado 27 de junio se presentará oficialmente en el Hipódromo Independencia. Fortalecerá la…

junio 25, 2026

Imputan a una pareja por los 108 kilos de marihuana hallados en carnicería de Serodino

La Justicia federal dispuso 60 días de prisión preventiva Carlos R. y Daniela G. Ambos…

junio 25, 2026

Otra más: el Gobierno de Milei se suma a la Pax Silica impulsada por Trump para asegurar la IA de EE.UU.

La firma será este viernes en Washington. La Casa Blanca quiere asegurarse la cadena de…

junio 25, 2026