Durante los meses de frío, los especialistas recomiendan prestar especial atención a ciertas señales o síntomas
La intoxicación por monóxido de carbono puede manifestarse con dolor de cabeza, mareos, sueño, náuseas o debilidad repentina, especialmente dentro de ambientes cerrados y calefaccionados y esto es la que la diferencia de enfermedades que suelen estar acompañadas por fiebre, congestión o dolor de garganta.
Ante esta situación, los especialistas recomiendan prestar especial atención a ciertas señales durante los meses de frío, ya que con la llegada de las bajas temperaturas y el uso más frecuente de estufas, calefactores y braseros, aparece uno de los riesgos más silenciosos del invierno: la intoxicación por monóxido de carbono.
El problema principal es que este gas no tiene olor, color ni sabor, por lo que muchas personas no detectan su presencia hasta que aparecen síntomas físicos.
Uno de los signos más habituales suele ser el dolor de cabeza persistente, especialmente cuando aparece al permanecer varias horas dentro de un ambiente cerrado o mejora al salir al aire libre, aunque también pueden presentarse mareos, cansancio excesivo, náuseas, somnolencia o sensación de debilidad general.
“Muchas veces los síntomas iniciales se confunden con cansancio, estrés, intoxicación alimentaria o malestar general típico del invierno. Por eso es importante observar si varias personas del hogar comienzan a sentirse mal al mismo tiempo o si las molestias aparecen principalmente dentro de determinados ambientes”, explicó la Dra. Lorena Alanis, médica clínica de Boreal Salud (Matrícula 8.246).
En cuadros más avanzados, pueden aparecer vómitos, dificultad para respirar, visión borrosa, dolor en el pecho, desorientación e incluso pérdida del conocimiento, por lo cual, los expertos remarcan que niños, adultos mayores, personas gestantes y pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares suelen ser más vulnerables.
En el escrito se indicó que el monóxido de carbono puede acumularse mientras las personas duermen, sobre todo cuando se utilizan estufas sin salida al exterior o braseros en ambientes poco ventilados, por eso, muchas intoxicaciones ocurren durante la noche o la madrugada.
Ante cualquier sospecha, la principal recomendación es ventilar inmediatamente el lugar, apagar los artefactos a combustión y acudir a una guardia médica, a la vez que los especialistas aconsejan realizar controles periódicos de estufas y calefones con gasistas matriculados y mantener siempre una ventilación mínima dentro de la vivienda.
“En la mayoría de los casos, la prevención hace la diferencia. Revisar las instalaciones, no bloquear las ventilaciones y prestar atención a síntomas que aparecen de forma repentina son medidas simples que ayudan a evitar situaciones graves”, señalaron los expertos.
Con temperaturas cada vez más bajas y hogares más cerrados, los especialistas insisten en que la información y los controles preventivos siguen siendo las herramientas más importantes para atravesar el invierno de manera segura.
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