¡Otra vez la lluvia! ¿Y por qué no? Si después de todo es un acto natural, necesario, a veces hasta imprescindible. Lo que no es natural, claro, y lo que debería ser prescindible muy necesariamente para los vecinos de la ciudad de Rosario, de la provincia de Santa Fe, es el anegamiento que una y otra vez se produce (hasta el hartazgo, hasta el enojo), sin que los responsables se ocupen de dar solución al hecho que se sucede cuando, como braman con razón muchos rosarinos, “caen unas gotas de más”.
Ayer, poco después de las 20, un aguacero se desplomó sobre la ciudad y a los pocos minutos ya estaban muchas calles de la urbe inundadas. Tan inundadas que en la zona céntrica, como por ejemplo la zona de 9 de Julio y Corrientes, algunos comercios debieron cerrar sus puertas. Como si eso fuera poco, en ciertos sectores de la ciudad se cortó la energía eléctrica y no pocos vecinos, algunos de la ya bastante manoseada y humillada tercera edad, debieron quedarse en las plantas bajas de los edificios por no poder subir por las escaleras.
¿De taxis? Ni hablar, eran más difíciles de encontrar que la figurita de Labruna, delantero y goleador de River allá por la década del 50. ¿Estoy demasiado viejo? Sí, y cansado de tanto discurso barato de los conocidos de siempre, que se la han pasado durante décadas guitarreando. Claro, me permito trazar una diferencia: los muchachos de antes tocaban leyendo la partitura, hoy hay muchos y tan atrevidos que tocan de oído. Sí, desde luego, me estoy refiriendo a la clase política argentina, santafesina, rosarina, esa clase ensimismada en sus cosas, en sus listas, en la diagramación y pegatina de afiches, mientras nosotros (permítanme la primera persona del plural), en esta noche del martes 22 de febrero estamos, como siempre, en muchos casos sin luz, inundados y hartos.