Economía

Mujeres que lideran: las pymes y el desafío de construir más equidad

Por Apyme

Hay lugares que durante mucho tiempo parecieron reservados para unos pocos. Las fábricas, los directorios, las mesas donde se toman decisiones, las reuniones con grandes clientes. Para muchas mujeres, llegar hasta ahí implicó abrirse camino en espacios históricamente masculinizados, demostrar capacidades una y otra vez y, muchas veces, hacerlo mientras sostenían también tareas de cuidado.

Pero algo está cambiando.

En las pymes, donde las estructuras son más chicas y los vínculos más cercanos, la construcción de espacios laborales más equitativos puede darse a partir de decisiones cotidianas: flexibilizar horarios, acompañar a quienes tienen responsabilidades de cuidado, escuchar a los equipos, reconocer el trabajo y abrir oportunidades.

Un estudio reciente de Great Place To Work encontró justamente eso: las pymes de entre 10 y 50 empleados superaron en 15 puntos de favorabilidad general a las grandes corporaciones de más de 1.000 colaboradores en materia de equidad laboral para las mujeres. El informe fue elaborado a partir de 31.400 encuestas realizadas en 250 empresas.

Aquí hablamos con tres mujeres que ocupan lugares de decisión en pymes santafesinas. Tres historias diferentes, pero atravesadas por algunas preguntas comunes: ¿Qué significa conducir una empresa para ellas? ¿Qué cambió en estos años? ¿Qué obstáculos persisten? ¿Y qué pueden hacer las pymes para construir espacios de trabajo más igualitarios?

 

Alejandra Zogbi: 60 años de industria y un directorio formado por mujeres

Plastic S.A. cumple 60 años este octubre. La empresa familiar, ubicada en la ciudad de Santa Fe, nació dedicada a la transformación de plásticos y polímeros y atravesó distintas etapas de la economía argentina. Llegó a tener más de 100 trabajadores y hoy cuenta con 12 personas, después de un proceso de achicamiento y modernización de sus procesos.

Alejandra Zogbi es ingeniera química, tiene 56 años y forma parte de la segunda generación de la empresa. Hoy conduce Plastic junto a su madre y su hermana: el directorio está compuesto íntegramente por mujeres.

La empresa fabrica guantes domésticos y de protección industrial, adhesivos y selladores para distintas industrias y productos para automóviles. Como muchas pymes industriales, atraviesa un momento complejo: la competencia de productos importados, la caída de la demanda, el aumento de los costos de transporte, energía y trabajo, y la falta de crédito forman parte del escenario actual.

“Las pymes estamos realmente en una encrucijada”, resume Zogbi.

En su historia, la presencia de mujeres en la conducción de la empresa siempre fue natural. Pero puertas afuera no siempre ocurrió lo mismo. En reuniones con grandes clientes, recuerda, era frecuente encontrarse con directorios mayoritariamente masculinos. También las exposiciones industriales fueron durante mucho tiempo espacios donde predominaban los hombres.

Eso fue cambiando. Pero, para Zogbi, todavía hay una diferencia importante entre estar en una empresa y llegar a su conducción. “Hay muchísimas ingenieras y responsables de laboratorio, calidad, higiene y seguridad, marketing y ventas, o sea, muchísimas en mandos medios, pero en las cúpulas dirigenciales son muy pocas”, explica.

También cambió la forma de pensar las tareas de cuidado. Zogbi recuerda que, cuando fue madre, iba a la empresa con su hijo y el moisés porque sentía que tenía que continuar trabajando, incluso siendo la dueña de la fábrica.

Con los años, piensa, esas cosas se fueron modificando. Y ahí aparece una de las claves de la equidad en las pymes: entender que las personas tienen responsabilidades y necesidades que exceden el lugar de trabajo.

Para Zogbi, además, las mujeres que ocupan lugares de decisión encontraron nuevas formas de acompañarse. Después de la pandemia comenzaron a multiplicarse grupos de mujeres empresarias y profesionales que comparten experiencias, dudas y herramientas.

“En los grupos se unen las fuerzas y se produce una sinergia muy buena”, cuenta.

Hoy, mientras Plastic atraviesa un escenario difícil, también mira hacia adelante: digitalización, tecnología e inteligencia artificial aparecen como desafíos para las empresas. Para sobrevivir, dice Zogbi, habrá que adaptarse rápido y construir equipos cada vez más flexibles.

 

Marita Moyano: cinco décadas en una pyme familiar y una pelea por más mujeres en las decisiones

María de los Ángeles Moyano es Marita para todo el mundo. Hace 50 años creó junto a su esposo una empresa familiar dedicada a la cerrajería y la seguridad. Hoy tienen tres locales y sumaron también cerraduras inteligentes y electrónicas para el hogar.

Su historia empresarial se mezcló desde temprano con la participación institucional. Pasó por el Centro Comercial de Santa Fe, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Agencia para el Desarrollo. También fundó la Cámara de Mujeres Empresarias y Emprendedoras Santafesinas (Camees).

Desde ese lugar, Moyano observa un proceso que todavía está lejos de terminar. “Todos los días hay que seguir trabajando para que más mujeres ocupen cargos de decisión”, explica.

En algunas instituciones, cuenta, las mujeres lograron incorporarse a las comisiones directivas y trabajar a la par. Pero en otros espacios todavía cuesta mucho más. Y muchas veces las mujeres siguen concentradas en segundas o terceras líneas.

Para Moyano, los avances no fueron automáticos. Hubo que trabajar, ocupar espacios y aprovechar herramientas como el cupo femenino. Y aunque reconoce cambios importantes, advierte que en los últimos años en algunos ámbitos hubo retrocesos. Lo ve como algo regional, incluso mundial.

Su mirada está atravesada además por el contexto actual de las pymes. La empresa familiar que conduce siente la caída del consumo y de los servicios, en un escenario que le recuerda otras etapas de la Argentina marcadas por las importaciones, la pérdida de industria y de puestos de trabajo.

En ese contexto, muchas pymes tuvieron que reducir horarios o achicar estructuras para sostener el empleo. Y muchas familias buscan alternativas para complementar sus ingresos. Desde la Cámara de Mujeres Empresarias y Emprendedoras Santafesinas, Moyano cuenta experiencias de mujeres que encontraron una salida laboral a través de capacitaciones y emprendimientos en gastronomía, costura, marroquinería o servicios.

Pero también hay otra dimensión menos visible: las mujeres que heredan o deben hacerse cargo de empresas familiares. En reuniones con otras empresarias, Moyano encontró historias de mujeres a las que sus padres habían dejado en un segundo plano frente a sus hermanos varones, mujeres que acompañaron durante años a sus esposos en la empresa familiar o que tuvieron que asumir una empresa de manera inesperada cuando murió alguno de sus parientes.

“Necesitan posicionarse desde otro lugar, fortalecerse, y que las instituciones intermedias les den herramientas para continuar”, plantea.

Para ella, ese acompañamiento también requiere una articulación entre el sector público y el privado: que existan herramientas y que las instituciones puedan tomarlas y convertirlas en oportunidades.

 

Agustina Marani: llegar a la gerencia, romper prejuicios y cambiar la forma de trabajar

Agustina Marani entró a Concept Designs en 2015. La empresa familiar, que este año cumple 20 años, comenzó como un estudio de diseño fundado por su padre para fabricantes de sembradoras y luego desarrolló su propio producto: carros tolva y sistemas de siembra que hoy vende a algunas de las principales empresas de maquinaria agrícola de la región.

Marani es contadora. Cuando llegó a la empresa sintió que le faltaban herramientas para moverse en una industria que conocía poco. Empezó trabajando en costos, se especializó en maquinaria agrícola y después se enfocó en Recursos Humanos. Hoy ocupa una dirección general y participa en distintas áreas de la empresa, que cuenta con 26 trabajadores.

Su llegada a ese lugar tampoco fue lineal. Cuando era más joven, recuerda, entraba a una sala de reuniones y sentía que algunos pensaban que estaba ahí para llevarles un café y no porque formara parte de la gerencia.

“Lo sentí más por el lado de ser mujer que por ser parte de la familia”, explica Marani. El prejuicio, dice, empezó a desaparecer cuando pudieron conocerla y comprobar su capacidad de trabajo. Y su manera de conducir también fue tomando forma con el tiempo: escuchar, consensuar, construir equipos y prestar atención a lo que pasa con las personas que trabajan en la empresa.

Para Marani, esa dimensión humana también forma parte de la productividad. Si alguien llega a la fábrica y no está como siempre, intenta hablar con esa persona, saber qué sucede y acompañarla.

“Hoy las mujeres les aportan muchísimo a las empresas, y desde otro lugar”, dice. Ese “otro lugar” también aparece cuando se habla de cuidados.

En Concept Designs respetan las licencias por maternidad y Marani plantea que ciertas flexibilidades no necesariamente implican un gran costo para la empresa. Si una persona cumple con su trabajo, sostiene, salir antes para llevar a un hijo al médico no debería convertirse automáticamente en un problema.

También cuestiona la idea de que las licencias sean un costo asociado exclusivamente a las mujeres. En su empresa, donde hay mayoría de varones, también existen licencias masculinas por enfermedades, accidentes y otras situaciones.

“Es injusto verlo solo de ese lado”, plantea. Su mirada conecta con uno de los desafíos que todavía persisten en las industrias: la falta de mujeres en algunos oficios y puestos técnicos. En ese sentido, el mayor desafío que tienen en Concept es el de incorporar más mujeres para tener mayor equidad laboral. Y Marani observa como una oportunidad que las escuelas técnicas de la ciudad de Santa Fe hayan comenzado a ampliar su formación para incluir a más mujeres.

¿Por qué las pymes pueden ser más equitativas?

El estudio de Great Place To Work que puso el foco en los mejores lugares para trabajar para mujeres permite mirar estas historias desde otra perspectiva.

Carolina Rondinelli, manager de contenido de la organización para Argentina, explica que el ranking busca medir no solamente si las mujeres tienen una buena experiencia laboral, sino si existe equidad entre mujeres y hombres dentro de una misma organización.

La encuesta se construye a partir de 60 afirmaciones sobre el vínculo con líderes, pares y organización, y sobre la confianza que existe en el lugar de trabajo. En la edición 2026 participaron 250 organizaciones y quedaron 50 en la lista, de las cuales 13 son pymes.

Uno de los resultados más interesantes es que las pymes no necesitan necesariamente grandes presupuestos para construir espacios más equitativos.

Para Rondinelli, una estructura de hasta 50 personas tiene una ventaja: la cercanía. La comunicación puede fluir de otra manera, los vínculos son más directos y es posible conocer mejor lo que les pasa a las personas que forman parte de la organización. “El pilar de una buena experiencia laboral es la confianza”, explica.

Eso puede traducirse en decisiones concretas: licencias ampliadas de maternidad, paternidad y adopción; acompañamiento a personas que atraviesan tratamientos de fertilización asistida; apoyo a quienes tienen responsabilidades de cuidado; revisión de las diferencias salariales y una comunicación que no reproduzca estereotipos de género en las búsquedas laborales.

Muchas de esas prácticas ya existen en las pymes, pero no siempre están escritas ni sistematizadas. Uno de los desafíos, plantea Donnelly, es justamente dejar registro de lo que funciona para poder sostenerlo y mejorarlo.

El estudio también muestra la dimensión que todavía falta recorrer. En el mercado laboral general, solo cuatro de cada diez mujeres confían en que los ascensos se definen por mérito. En las empresas del ranking, en cambio, el 94% de las mujeres considera que sus líderes son accesibles y fáciles de tratar, frente al 73% en el mercado general.

Y hay una cuestión más: equidad no significa solamente que haya mujeres ocupando puestos de decisión.

De hecho, Rondinelli advierte que no existe una relación automática entre tener una mujer como líder y construir una organización equitativa. Hay empresas lideradas por hombres que logran excelentes resultados en materia de equidad y también hubo mujeres líderes cuyas organizaciones no ingresaron al ranking.

La clave, entonces, parece estar en cómo se construyen los vínculos, las oportunidades y las reglas dentro de la organización.

 

Una tarea cotidiana

Las historias de Alejandra Zogbi, Marita Moyano y Agustina Marani muestran recorridos diferentes.

Una creció dentro de una empresa industrial familiar y hoy comparte la conducción con su madre y su hermana. Otra construyó durante cinco décadas una pyme y, al mismo tiempo, una trayectoria en la dirigencia empresaria. La tercera encontró su lugar en una industria tradicionalmente masculina y fue construyendo su rol hasta llegar a la dirección general.

Las tres coinciden en algo: todavía hay camino por recorrer para que las mujeres lleguen a los lugares donde se toman las decisiones.

Pero también muestran que los cambios no siempre empiezan con grandes estructuras ni con grandes presupuestos. Pueden comenzar en una reunión, en una licencia, en una decisión de contratación, en una conversación con un trabajador, en una oportunidad de capacitación o en una mujer que consigue ocupar un lugar que antes parecía reservado para un hombre.

En un momento difícil para las pymes, hablar de equidad también es hablar de cómo queremos construir nuestras empresas para el futuro. Y ahí también los varones tienen un rol clave en la escucha, hacer lugar y romper con las lógicas de exclusión.

Porque una pyme más equitativa no es solamente una pyme que ofrece más oportunidades. También puede ser una empresa que escucha mejor, retiene talento, aprovecha una mayor diversidad de miradas y construye equipos más preparados para adaptarse a los cambios.

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