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Néstor Genaro Vargas: el cuádruple homicida de San Juan que mataba durante «ataques de ira»

Cuatro crímenes, varios ataques a cuchillazos y balazos y fugas del penal, lo convirtieron en uno de los más peligrosos asesinos seriales de la Argentina

Por: Gastón Marote/ NA 

Néstor Genaro Vargas, conocido como «Don Genaro» y «Don Vargas», fue un asesino serial de la ciudad sanjuanina de Caucete que tras ataques de ira mató a su madrastra y a tres reclusos ya en prisión, pero también arrastraba varias fugas y sanciones por mal comportamiento.

Nacido el 27 de marzo de 1927, este hombre solo hizo primer grado y luego con el correr de los años aprendió el oficio de albañil.

Ya en su juventud se notaba que era una persona conflictiva y hasta con arranques incomprensibles. De hecho, atacó a escopetazos a una chica porque no fue correspondido sentimentalmente. Si bien no alcanzó a herirla, ese 15 de octubre de 1962 fue el primer antecedente penal , con detención incluidas, que tuvo.

A su fama de persona conflictiva también hay que sumarle su alcoholismo, lo que generaba un cóctel letal para un hombre de esas características.

El 19 de julio de 1953, Vargas volvió a atacar, esta vez molesto porque le mojaron la guitarra en un bar de su barrio, la Villa Etelvina, le dio dos cuchillazos a Ramón Cáceres, al tiempo que el 18 de agosto de 1954 atacó a balazos la casa de una viuda de Caucete por motivos que se desconocen.

El 27 de octubre de 1956 la víctima fatal fue su madrastra, de quien los testimonios señalaron que era su amante, cuando convencido de que ella le había hecho un maleficio para que no tuviera sexo con otras mujeres, la mató con un cuchillo de carnicero. Blanca Quiroga recibió 21 heridas cortopunzantes, dos de las cuales fueron al corazón.

«Don Genaro» fue condenado en 1961 a 15 años de prisión por el crimen y quedó alojado en la antigua Cárcel Pública. Allí cometería los demás crímenes y protagonizaría una serie de hechos violentos con fugas incluidas.

Ese año, en otro arrebato de ira acuchilló a su compañero de celda, el chileno Pedro Barrionuevo, por una deuda a raíz del mal arreglo de unos zapatos.

El 9 de octubre de 1961 se fugó del penal y 18 días después lo recapturaron, pero el 22 de diciembre de ese año se volvió a escapar. Vargas estuvo prófugo durante cinco meses y luego él mismo se entregó por voluntad propia.

En el penal, nada cambió y dejó heridos de varios puntazos a Santiago Alaniz y Angel Bongiorno. A pesar de todo esto, le rebajaron la pena y logró salir bajo libertad condicional a fines de 1966.

En octubre de 1968 se enfrentó a balazos con su hermano Amador y terminó herido y preso nuevamente, pero además, la policía descubrió que había robado varias pistolas y revólveres de una armería en Caucete. Asimismo, se le atribuyeron seis asaltos más. A los 41 años, «Don Genaro», nuevamente preso, volvió a matar en una cárcel.

El 27 de octubre de 1969, luego del almuerzo corrió con una «faca» -arma tumbera- a otro preso llamado Waldo Bossio Pellegrini y en el bañño lo mató de varios puntazos.

La justificación de Vargas fue que el recluso asesinado le había escupido la comida cuando padecía tuberculosis. Sin embargo, los otros presos aseguraron que la pelea se originó porque Vargas estaba enojado con Bossio Pellegrini porque se disputaban a un preso homosexual.

El 17 de enero de 1975 «Don Genaro» volvió a hacer de las suyas al matar a otro recluso a puntazos, esta vez a Osvaldo Reynaldo Flores, conocido como «el Águila Renga».

Con estos tres asesinatos, este homicida acumuló una pena unificada de 25 años, pero debido a su extrema peligrosidad le aplicaron la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Por lo tanto, debía estar preso el resto de su vida, algo inédito en esa época.

Cuando tenía más de 50 años, sus historias recorrían cada pabellón de la cárcel y formaba parte del mito viviente, incluso se había ganado el respeto de los presos y de los guardiacárceles.

Su mal carácter y su ira no cambiaron y de hecho dentro del penal había un perro que siempre le ladraba y un día apareció colgado de un árbol, por lo que las sospechas apuntaron contra él, pero nunca se supo quien lo había matado.

Vargas pasó a vivir solo en una casita cerca de la granja del penal, sin visitas ni amigos dentro de la cárcel, por lo que pasaba sus días entre la soledad y algunas tareas laborales.

Este asesino serial no quería irse de prisión, según contaron años después los guardiacárceles que lo conocieron, e incluso con las conmutas recibidas, recién podía salir en libertad en 2004.

El 28 de enero de 1990 a la mañana, «Don Genaro» sintió un dolor en el pecho y falleció cuando llegaba al hospital, tras ser auxiliado por los penitenciarios.

El cuerpo permaneció cinco días en la morgue, pero nadie fue a reclamar el cuerpo, por lo que cuatro guardiacárceles le dieron el último adiós a uno de los más peligrosos asesinos seriales de la Argentina.

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