La historia se repite. Los Rodríguez siguen dejando su sello en el Parque. La sangre tira y, a pesar de que la Fiera cruzó el charco y se fue a Peñarol, dejó su legado.
Rodríguez se acomodó, miró de reojo al arquero, y reventó el arco que da a la popular oficial para poner a la Lepra arriba en el marcador. Y lo gritó con el alma, tal vez sin saber que podía ser su último festejo con la casaca leprosa. Fue el 27 de mayo de 2017, hace casi un año. Una eternidad para muchos. Aquel Newell’s peleaba arriba, con la jerarquía de Maxi como estandarte.
La historia se repite. Los Rodríguez siguen dejando su sello en el Parque. La sangre tira y, a pesar de que la Fiera cruzó el charco y se fue a Peñarol, dejó su legado.
Alexis es el primo que tomó la posta. Y si bien los separan 15 años, las similitudes físicas asombran. A lo lejos es difícil no compararlo con Maxi, la postura corporal, la forma de correr, el porte físico… imposible no compararlos. Es más, se parece más a la Fiera que a su hermano mellizo Denis, que ayer lo vio desde el banco.
Iban 23 minutos del primer tiempo. La Lepra, con Leal en cancha, presentaba una postura ofensiva más firme. La pelota fue de derecha a izquierda con prolijidad, y le llegó a Alexis, por izquierda, como extremo, una zona casi patentada por la Fiera.
Rodríguez se acomodó, miró de reojo al arquero, y reventó el arco de la popular oficial para poner a la Lepra arriba en el marcador. Y lo gritó con el alma, como un ‘deja vu’ de aquello que pasó hace casi un año. Pero esta vez no se trataba del 11, el dorsal 14 distinguió una escena de otra. Fue el primer grito para Alexis, un pura sangre Rodríguez que busca seguir con la historia familiar.
No alcanzaba con el gol de Alexis. Defensa y Justicia venía embalado por cuatro triunfos en fila ante equipos poderosos y nunca bajó los brazos. Ahí apareció la otra sangre. La de los pibes que dejaron todo por una victoria necesaria, y las de los experimentados que apuntalaron el triunfo desde una defensa impecable.
Nadalín hizo que los hinchas se preguntaran por qué no jugó antes; Ferroni emparejó el duro duelo con Rius a pura entrega; Rivero y Figueroa corrieron y contagiaron a Sills; Y Leal las peleó todas. Y en el fondo apareció Fontanini, y le hizo honor a aquellos que lo llaman el Muro.
Un equipo que tuvo sangre, y también un pura sangre, que por un momento hizo que los hinchas recordaran un hermoso pasado y se fueran felices.
Omar De Felippe. Plantó bien al equipo, no dejó que Defensa jugara cómodo. Buena apuesta con Nadalín. Trasmite entrega y el equipo le responde.
Demasiado dubitativo en sus decisiones. Amonestó con rigor a los jugadores leprosos y no tanto a los visitantes.
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