En un partido muy flojo de ambos equipos y con escasas llegadas, la Lepra no pudo con el Calamar y quedó prácticamente condenado a ganar todo lo que resta para salvar la ropa del Gringo Heinze en un año destinado al fracaso
Empató Newell’s y sigue con vida, pero la sensación es que desperdició una gran chance. Platense dio ventajas y la Lepra no lo aprovechó. Faltó decisión, precisión o menos egoísmo. Y el 0-0 deja al equipo de Heinze obligado a ganar todo lo que le queda si quiere salvar un año destinado al fracaso.
La necesidad del resultado, eso que odia el Gringo, pero que a esta altura pasó a ser una realidad irrefutable, lo puso al Rojinegro en una zona de incomodidad. Llegó a Vicente López con demasiada necesidad de victoria y decepcionó. Esta vez importaba poco jugar bien, ganar era la premisa que imponían las tablas. La general, para no bajarse de la chance de ingresar a la Sudamericana; y la del grupo, en un enfrentamiento directo con el Calamar, rival que en la previa lo aventajaba por un punto. Y no pudo.
En ese contexto, el de la obligación de ganar, de no dejar más puntos en el camino para que el ciclo Heinze no sea un fracaso rotundo, la Lepra salió con ánimo de ser protagonista. Y al dueño de casa no le disgustó mucho esa idea. Tal vez festejar de manera estridente su permanencia en Primera División, con fuegos artificiales y humo marrón, relajó al equipo de Martín Palermo, que por momentos pareció distraído.
El problema de Newell’s fue la falta de sociedades efectivas. Martino pasó mucho al ataque, pero cederle la pelota a Aguirre era terminar con su participación en la jugada. Una vez más, el atacante se empecinó en la jugada individual y pocas veces tuvo éxito.
Del otro lado, Francisco González se acalambró el brazo de tanto pedir la pelota, hasta que lo vio Ortiz y generó la única jugada de riesgo de los primeros 45 minutos: control de Panchito, enganche y remate de zurda que encontró una gran respuesta de Macagno.
El partido mostraba a una defensa de Platense vulnerable, pero Newell’s se empecinaba en hacer siempre la más difícil, como si las facilidades que estaban a la vista le molestaran.
El segundo tiempo no modificó nada. Y Heinze demoró en los cambios. Cuando puso a Ferreira, Sordo y al pibe Chiaverano, algo tarde, Newell’s casi lo gana. Con poco desnudó las falencias que evidenciaba Platense, pero se quedó sin tiempo y el 0-0 lo condena a ganar todo lo que resta para salvar la ropa del entrenador. Y parece difícil que suceda.
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