Violentas protestas derivaron en graves enfrentamientos entre manifestantes y la policía en Atenas.
Grecia amaneció paralizada ayer, por segunda vez en diez días y tercera en el año, a causa de una huelga general contra el plan de ajuste dispuesto por el gobierno para evitar un temido default externo, en una jornada de violentas protestas y enfrentamientos entre manifestantes y la Policía.
La medida de fuerza dejó al país con los aeropuertos cerrados, los colegios y servicios de salud paralizados, sin trenes ni servicios de ferry hacia las islas y con la mayoría de las oficinas públicas cerradas.
Tampoco hubo noticias en la radio y la televisión, porque varios sindicatos de periodistas y fotógrafos adhirieron a la huelga de 24 horas en contra de los impopulares recortes salariales y aumentos de impuestos dispuestos por el gobierno socialista.
En los hospitales sólo se atendieron urgencias. Vecinos colgaron pancartas desde los balcones que rezaban: “No más sacrificios, guerra contra la guerra”. El sindicato del partido comunista, Pame, arrancó por la mañana con una gran marcha que llegó hasta el Parlamento, en la que varios miles de personas portaban banderas con consignas como “la guerra a los capitalistas es la respuesta de los obreros”, o “abajo las medidas antipopulares”.
Durante la marcha, que había comenzado sin incidentes, unos 200 jóvenes encapuchados se mezclaron entre los participantes y comenzaron una batalla con bombas molotov lanzadas contra las fuerzas de seguridad que respondieron con gases lacrimógenos y carros hidrantes.
Durante la refriega, al menos 20 manifestantes fueron detenidos y 13 policías resultaron heridos.
Los grupos radicalizados se mostraron más fuertes y organizados en la zona de la Universidad Politécnica y encontraron poco eco entre los miles de manifestantes que se encaminaban hacia el Parlamento.
Pese a la contundencia de la movilización, el Ejecutivo del primer ministro socialista Yorgos Papandreu no evidencia intenciones de atenuar su polémico plan de austeridad, que ya consiguió el visto bueno de la Unión Europea (UE).
Grecia tiene este año vencimientos de deuda por 30.000 millones de euros, y el fantasma del default helénico debilitó la fortaleza del euro, la moneda común de 16 países que componen el bloque europeo.
Papandreu, bajo intensa presión europea, aprobó un plan para ahorrar 4.800 millones de euros este año mediante bajas de salario del sector público, alza de impuestos y congelamiento de jubilaciones y contrataciones.
Los recortes, que se suman a un paquete anterior de medidas de austeridad por 11.200 millones de euros, buscan reducir el déficit fiscal con la meta de ponerlo, en 2012, por debajo del tope del 3 por ciento del PBI anual aceptado por la UE para sus miembros.
Papandreu subrayó con anterioridad que quería encontrar una “solución europea” a sus dificultades y no planeaba por el momento recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI).
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