Un estudio realizado por Grow – Género y Trabajo y la Fundación Friedrich Ebert (FES) en 2022 reveló un dato contundente: entre las personas que atravesaron situaciones de violencia doméstica, el 71% no informó a su institución empleadora de la situación. El miedo, la desconfianza y la falta de canales y políticas de acompañamiento siguen siendo barreras que impiden el acceso a redes de apoyo
Azul Picón / Grow – Género y trabajo
A 10 años del primer grito de Ni Una Menos, la violencia doméstica sigue siendo una realidad que afecta a miles de mujeres. Lejos de reducirse al ámbito privado, sus consecuencias se expanden a todos los ámbitos incluido el laboral . Las organizaciones tienen la oportunidad y la responsabilidad de involucrarse activamente en su prevención y abordaje. En esta nota te contamos qué pueden hacer.
La violencia doméstica, también un tema laboral
La violencia doméstica no termina cuando inicia la jornada laboral: sus impactos acompañan a las personas en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el trabajo. Por ejemplo, pueden ver afectada su salud física y mental, su desempeño laboral, su estabilidad económica y su bienestar integral. En este contexto, el rol de las organizaciones empleadoras se vuelve central para construir entornos laborales seguros y comprometidos.
El Convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), adoptado en 2019 y en vigencia en nuestro país desde 2022, reconoce expresamente el impacto de la violencia doméstica en el mundo del trabajo y alienta a las organizaciones empleadoras a trabajar en su prevención y abordaje. Ya no se trata solo de una cuestión del ámbito privado: la violencia doméstica es también un tema laboral.
Un estudio realizado por Grow – Género y Trabajo y la Fundación Friedrich Ebert (FES) en 2022 reveló un dato contundente: entre las personas que atravesaron situaciones de violencia doméstica, el 71% no informó a su institución empleadora de la situación. El miedo, la desconfianza y la falta de canales y políticas de acompañamiento siguen siendo barreras que impiden el acceso a redes de apoyo.
El rol de las organizaciones
Esto nos invita a hacernos preguntas fundamentales: ¿Hasta dónde deben involucrarse las empresas? ¿Qué responsabilidad tienen en generar condiciones para que las personas puedan pedir ayuda sin temor?
La respuesta es clara: las organizaciones pueden y deben tener un rol activo, el cual es fundamental e irremplazable. No se trata de reemplazar al Estado o la justicia, sino de entender que el entorno laboral puede ser un espacio que proteja y acompañe a las personas que están atravesando estas situaciones. En muchos casos, el trabajo es el único ámbito fuera del hogar con el que la persona en situación de violencia mantiene un vínculo cotidiano. Esa sola razón basta para asumir el compromiso.
¿De qué forma pueden involucrarse las empresas? A través de medidas concretas como:
Se cree que estas acciones pueden implicar una carga o un gran desembolso económico, pero lejos de eso, representan una inversión en cuidado, retención del talento y promoción de la equidad.
Este 3 de junio se cumplen 10 años del primer Ni Una Menos, una movilización masiva que visibilizó la violencia de género y exigió al Estado, a la sociedad y a las instituciones asumir un rol activo. En este aniversario, es clave renovar el compromiso y preguntarnos: ¿qué más podemos hacer desde nuestros espacios de trabajo?
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