La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, negó que la primera concesión del gran yacimiento petrolero Libra represente una privatización, tal como lo denunciaron sindicatos de trabajadores y partidos de la izquierda opositora, y sostuvo que el negocio representó un hito en la historia del país.
“Estamos transformando el (yacimiento) presal en un pasaporte futuro hacia una sociedad más justa y con mejor distribución de renta”, destacó la mandataria.
En cadena nacional de radio y televisión, Rousseff defendió anteanoche la subasta del campo petrolero Libra frente a las costas de Río de Janeiro, que será explotado durante 35 años por la brasileña Petrobras (mixta con control estatal), las públicas chinas CNOOC y CNPC, la angloholandesa Shell y la francesa Total.
“Vamos a pasar a garantizar para el futuro una masa de recursos jamás imaginada para la educación y la salud en nuestro país; la fabulosa riqueza de la profundidad de nuestros mares comienza a despertar”, sentenció Rousseff.
Según la presidenta, 85 por ciento de toda la renta producida en el campo petrolero pertenecerá al Estado brasileño y a Petrobras. Además reconoció “la importancia de la inversión privada”, consignaron las agencias Ansa y DPA.
De esta manera la mandataria salió al cruce de las críticas de sindicatos y fuerzas de izquierda, que la acusaron de privatizar el petróleo brasileño.
“Esto es muy diferente de privatización”, insistió Rousseff, quien defendió el derecho de las empresas extranjeras a obtener ganancias de la explotación del yacimiento ubicado en aguas ultraprofundas de la llamada capa presal, y cuyas reservas de crudo y gas son calculadas en entre 8.000 millones y 12.000 millones de barriles. 0“Las empresas privadas socias también serán beneficiadas, pues, al producir esa riqueza, obtendrán ganancias significativas, compatibles con el riesgo asumido y con las inversiones que realizarán en el país”, expresó.

