Rosario, martes 28 de abril de 2026
Search
Rosario, martes 28 de abril de 2026

No es memoria muscular: por qué nunca olvidamos cómo andar en bicicleta

La explicación científica de por qué el cerebro guarda habilidades durante años, aunque no se practiquen todos los días
No es memoria muscular: por qué nunca olvidamos cómo andar en bicicleta

No sabemos cómo sucede, pero pueden pasar años sin tocar una bicicleta y sabemos que al subirnos vamos a saber andar. Y no se trata de “memoria muscular”, como suele argumentarse, ya que los músculos no recuerdan. Entonces, ¿cómo es posible?

Para la ciencia, la explicación está en el cerebro, que conserva durante mucho tiempo los movimientos aprendidos, explican desde la agencia de divulgación científica de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

La clave está en el cerebelo

El cerebelo es una zona ubicada en la parte posterior del cerebro que cumple un papel importante para formar memorias motoras de largo plazo: esas que permiten andar en bicicleta, escribir con teclado, tocar un instrumento o practicar un deporte.

En ese sentido, desde a UNQ explican que el cerebro no guarda todo igual. No es lo mismo recordar cuál es la capital de Francia que recordar cómo se anda en bicicleta. París es un dato; pedalear es una habilidad. Y el cerebro no archiva esas dos cosas en el mismo lugar ni de la misma manera.

A esa capacidad de conservar acciones aprendidas, los científicos la llaman memoria procedural. Es la memoria que permite hacer algo sin pensar cada movimiento: atarse los cordones, nadar, escribir con birome, tocar un instrumento o manejar una pelota.

El caso de la amnesia

En 1980, una investigación publicada en Science ya había marcado esa diferencia. En ese entonces, los autores trabajaron con pacientes con amnesia y observaron un dato llamativo: aunque esas personas no podían recordar bien ciertas experiencias, sí lograban aprender una tarea nueva, como leer palabras reflejadas en un espejo, y conservar esa habilidad durante al menos tres meses. En otras palabras: podían olvidar el momento en que aprendieron, pero el cerebro igual guardaba el “cómo hacerlo”.

Por eso una persona puede olvidarse una contraseña, una tarea pendiente o dónde dejó las llaves, pero puede volver a pedalear después de años sin hacerlo. La memoria de los datos suele ser más frágil; la memoria de las habilidades, cuando se entrenó lo suficiente, queda mejor protegida.

Una investigación publicada en PNAS mostró que el cerebelo no solo ayuda a coordinar el cuerpo: también cumple un papel clave para que una habilidad practicada muchas veces se convierta en una memoria duradera. Por eso, después de años sin pedalear, una persona puede subirse a una bicicleta y recuperar el equilibrio en pocos segundos. El cerebro no recuerda cada paseo, cada calle o cada caída; recuerda el procedimiento.

En ese sentido, la clave está en la repetición. Nadie aprende a andar en bicicleta con una sola vuelta. Primero aparecen los tropiezos, las caídas, el miedo y los intentos fallidos. Después, el cerebro empieza a encontrar patrones: cómo acomodar el cuerpo, cómo girar, cómo frenar, cómo corregir el equilibrio antes de terminar contra un árbol. Con la práctica, lo que al principio exige atención se vuelve automático. Por eso, cuando una persona vuelve a subirse a una bicicleta después de muchos años, puede sentirse torpe durante los primeros metros, pero la base sigue ahí.

Para qué sirve el descubrimiento

Entender cómo el cerebro conserva habilidades, según explican los especialistas, puede ayudar a mejorar tratamientos de rehabilitación para personas que tuvieron un ACV, lesiones neurológicas o enfermedades que afectan el movimiento. Si se comprende cómo se guarda una habilidad, también se puede diseñar mejor el camino para recuperarla.