Si un número suficientemente grande de personas replican o alimentan conversaciones similares, esas frases o sentidos reiterados saturan espacios –virtuales o físicos– y terminan operando como una «verdad» independizada de legitimaciones de origen, argumentación o fuentes que, en la mayoría de los casos, no están o son irrelevantes. Siempre sucedió, pero el fenómeno es más veloz y efectivo con internet y las plataformas de redes sociales. Dos análisis de la circulación de mensajes en el universo virtual llegan a la conclusión de que lo ocurrido durante el Mundial de Fútbol 2026 con las impugnaciones a la Argentina por país racista, genocida o favorecido por la Fifa, entre otras cosas, tiene características de una (o varias) campañas de promoción de esos mensajes de odio.
Uno de los estudios es de la licenciada en Relaciones Internacionales y magister en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford María Lasa. También doctora en Ciencia Política, está especializada en Ciencias Sociales Computacionales, Analítica Geoespacial e Inteligencia Artificial.
«Trabajo con datos y sé que una impresión, por intensa que sea, no constituye evidencia», aclara en su blog la investigadora. Y explica que por eso quiso «poner a prueba» su percepción de que hubo una suerte de «consenso manufacturado» durante el campeonato de la FIFA. «¿Hubo realmente una conversación hostil, sostenida y organizada contra Argentina?», es la pregunta que intenta responder con el trabajo.
Lasa, con herramientas de inteligencia artificial y matemáticas, construyó una muestra organizada de 40.000 publicaciones en X realizadas entre el 11 de junio y el 20 de julio pasados que mencionaban, en inglés o español, a la Argentina, a Leonel Messi o a la Selección Nacional de Fútbol.
Luego de un trabajo de limpieza y normalización de los posteos, los sometió a técnicas de procesamiento de lenguaje natural y modelado temático para identificar las principales narrativas y revisó los resultados automáticos.
Cinco grandes narrativas

Así, identificó 29 temas específicos que agrupó en cinco grandes narrativas. Curioso, escribió, que sólo una de ese quinteto temático fue estrictamente futbolística. En todos, los apoyos en hechos concretos son escasos y rápidamente se generalizan.
Favoritismo deportivo
La única conversación deportiva giró en torno al supuesto favoritismo y maniobras para que Argentina tuviera su cuarta copa. También, sobre una construcción artificial de la figura de Messi.
Racismo
Otro eje refiere al supuesto racismo argentino, que se extiende a sentencias sobre una identidad nacional que desmerece la pertenencia regional en favor de una adscripción europea y el rechazo a componente poblacionales afro, mestizos o indígenas.
Malvinas
Las islas Malvinas y el conflicto bélico con Inglaterra es otro de los núcleos que detectó Lasa. Más en los posteos anglosajones que en los castellanos. Comenzaron, incluso, antes de la sábana con la reivindicación de soberanía que hicieron suya los jugadores tras vencer a sus pares británicos.
En ese caso, a la par del tono esperado de «provocación futbolística», el tema es usado para burlas sobre la reivindicación de la soberanía de las islas y hasta voluntad de humillación de los argentinos. Con celebración de los muertos que sufrieron en el conflicto. Un hostigamiento, interpreta la investigadora, dirigido a «una experiencia colectiva» arraigada en la guerra, sus consecuencias y la historia de la usurpación.
Tierra de nazis
La cuarta narrativa presenta a Argentina como un país esencialmente ligado al nazismo. Las referencias a Hitler, Adolf Eichmann y la llegada de criminales nazis después de la Segunda Guerra Mundial se reiteran.
Esa línea identificable se apoya en el refugio de criminales nazis en el país que existió, como en otras naciones incluida Estados Unidos, pero a eso se le da una continuidad histórica y se lo presenta como «una explicación general» de la Argentina.
Israel
La última gran conversación compara a Argentina con Israel y traslada al país categorías vinculadas a la guerra en Gaza. De «el Israel de América Latina» hasta acusaciones de colonialismo, limpieza étnica y genocidio.
En este caso, sin embargo, el anclaje está no en el fútbol ni en la historia del país sino en el alineamiento incondicional del actual presidente Javier Milei con el Gobierno de Benjamin Netanyahu. Aprovecha una de las polarizaciones de la conversación global y la redirige a una sanción moral.
El dicho y la conclusión
Lasa recupera el dicho popular «Cien mil (o un millón) de moscas no pueden estar equivocadas», con el que irónicamente se recomienda «comer mierda». Es la estrategia de instalación de una «verdad» por acumulación o saturación de mensajes.
La especialista evita caer en certezas fáciles. «No creo que el mundo odie a Argentina. Las redes sociales no son el mundo y X está lejos de ser una muestra representativa de la opinión pública», aclara. Y entonces, señala que «los datos sí permiten afirmar algo más modesto: durante el Mundial 2026 existió una conversación hostil, persistente y organizada en torno a un conjunto de narrativas sobre Argentina«. Aclara que «no fueron insultos aislados ni reacciones espontáneas a un partido. Fueron relatos que miles de personas (y bots) reprodujeron, una y otra vez, adaptándolos al contexto futbolístico«.
Ad Hoc: racismo y campeonato amañado
La agencia especializada en análisis de circulación en redes sociales Ad Hoc también puso la lupa sobre las conversaciones digitales durante el Mundial. Identificó varias narrativas relativas a la Argentina de acuerdo al volumen de intercambios.

Las consultora las agrupó en varios ejes. Uno es la definición del país como «racista». Otra, su relación con Israel. También, en concordancia con Lasa, el que describió como ArgenFIFA y «mundial amañado». Y, como respuesta, el de la existencia, precisamente, de una campaña anti-Argentina.
La caracterización del país como racista acumuló 826.000 menciones. La vinculación entre la Argentina e Israel, 764.000. Las publicaciones apoyadas en las expresiones «ArgenFIFA» y «Mundial amañado» sumaron 688.000. Y las que acusaban una campaña antiargentina acumularon 379.000 menciones.

La línea del racismo comenzó con comentarios sobre la composición étnica de los planteles y se convirtió en una narrativa que buscó instalar la imagen del país como racista. Y ello, sigue Ad Hoc, con amplificadores (figuras famosas). Entre ellos, el actor de Hollywood Samuel Jackson. Así, hubo tendencia en ascenso.
Sobre el segmento Israel, la consultora detectó más de 451 mil usuarios que relacionaron al Estado gobernado por Netanyahu con Argentina durante el Mundial. Los picos de esa conversación fueron el pedido de un ministro israelí a Milei de «traer la cuarta copa», la exhibición de una bandera de Israel durante el partido con Egipto y el apoyo de Israel a la causa Malvinas.
La campaña, sigue Ad Hoc, se potenció antes y después de cada partido de la Selección nacional. Y, con la derrota en la final frente a España, surgió la réplica en torno a teorías conspirativas propias sobre posibles causas de esa caída deportiva en la instancia decisiva del campeonato.

La agencia describe como un «clima espeso» el generado antes y después de cada partido mediante fakes, desinformación, un algoritmo que premia el odio y operaciones externas. Y deja flotando la pregunta: «¿Puede traducirse esto en una afectación de la reputación internacional del país?».
Es que, si bien los cuatro tópicos analizados suman 2,7 millones de publicaciones (hay que descontar superposiciones entre categorías), no permiten demostrar, por sí solos, la existencia de una operación coordinada y un cerebro que la haya pergeñada.
Lo que los dos estudios sí constataron es que durante el Mundial se expandió una conversación digital de magnitud inesperada y sin antecedentes que machacó sobre atributos negativos asociados a la Argentina.