Un joven de 22 años fue condenado por el Juzgado de Sentencia de la 8ª Nominación de Rosario, a cargo de Carlos Carbone, a once años de prisión, por el homicidio de un adolescente de 17 años, en diciembre de 2011. Aquel día, el tirador disparó en cuatro ocasiones sobre un grupo de muchachos que se encontraban reunidos en un pasillo de barrio Larrea, impactando uno de estos en el abdomen de la víctima. Luego del proceso legal correspondiente, la justicia determinó que el joven de 22 años disparó con ánimo homicida para solucionar una disputa barrial.
Emanuel Ezequiel Olmedo tenía 17 años, contaba con un importante prontuario por delitos contra la propiedad privada y era adicto a las drogas. Lo mataron durante el mediodía del 7 de diciembre de 2011, en la entrada del pasillo en el cual vivía junto a su madre, su padrastro y cinco hermanos. El adolescente, aquella tarde calurosa, cumplía aproximadamente cuatro meses en las calles, luego de haber estado recluido en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar).
Según contaron a la prensa sus familiares el día de su asesinato, Emanuel era complicado, atrevido; no le tenía miedo a nadie. Hacía unos días había decidido internarse en una granja, para desintoxicarse, junto a su tío Jonathan; pero no llegó a hacerlo.
De acuerdo con el relato de los pesquisas, pasado el mediodía del 7 de diciembre de 2011, Emanuel llegaba del dispensario, junto a Jonathan, cuando pasaron dos muchachos y una chica a bordo de dos motos. En una viajaba “el Bebe y una rubia”, dijeron testigos; en la otra iba Monito, identificado por los uniformados como Emanuel Matías V., que casualmente ese día cumplía 20 años. Fue este último quien disparó sobre los presentes con su arma calibre 38, sin mediar palabra. Vecinos de la zona señalaron que, mientras Monito gatillaba, sus acompañantes lo alentaban: “Tirale, tirale”.
Producto de la balacera, Emanuel Ezequiel Olmedo, de 17 años, sufrió una herida contuso excoriativa redondeada de ocho milímetros de diámetro en el abdomen. Por las características de la lesión, testigos del caso señalaron que se pudo tratar de un proyectil marcado, los cuales se parten y producen lesiones más amplias de lo común.
Según los testimonios de los parientes de Olmedo durante el juicio, Monito pertenecía a un grupo de muchachos que se juntaba en un búnker de la zona e intentaba manejar el barrio a su gusto, indicando que el problema se originó porque el fallecido no se callaba nada.
De acuerdo con el expediente labrado durante el juicio, el mismo 7 de diciembre de 2011, funcionarios de la Unidad Regional II realizaron un allanamiento en una casa de calle Schweitzer al 6900, donde arrestaron a Monito y le secuestraron dos armas de fuego.
Durante el proceso legal llevado a cabo por el homicidio, la Justicia determinó que el acusado había actuado en forma conciente aquella tarde de diciembre, señalando que realizó las acciones con intenciones de matar; por lo que lo condenó a once años de prisión, por el delito de homicidio agravado por uso de arma de fuego, y abuso de armas, en concurso real con portación ilegal de arma de guerra, en calidad de autor. La etapa instructiva de la investigación judicial estuvo a cargo del Juzgado de Instrucción 12ª, a cargo de Mónica Lamperti.

