"Necesitamos exigir políticas públicas, presupuesto, refugios, acompañamiento y justicia. Necesitamos organizarnos para enfrentar los discursos de odio y defender cada uno de los derechos conquistados. Pero también necesitamos organizarnos para enfrentar este ajuste que nos está condenando a muerte", dice la autora
Por Irene Gamboa *
Dos femicidios y un travesticidio en apenas tres semanas. Santa Fe, el triste récord de encabezar las cifras de femicidios. Y frente a estos crímenes tenemos que preguntarnos: ¿qué es lo que condena a muerte a las mujeres y a las identidades travestis y trans? Nos matan los discursos que todavía consideran que nuestros cuerpos y nuestras vidas pueden ser disciplinados, poseídos y castigados. Nos mata un gobierno que nos ubica permanentemente como enemigos. Un gobierno que señala al feminismo y a las diversidades como responsables de todos los males; que convierte nuestras conquistas en privilegios y nuestros derechos en gastos innecesarios. Porque los discursos de odio nunca son solamente palabras.
Cuando se repiten desde la Presidencia, desde los medios de comunicación y desde las instituciones, terminan legitimando prácticas concretas. Habilitan la discriminación, profundizan las violencias y les hacen sentir a los violentos que tienen permiso para actuar. Nos mata la violencia directa de un femicida. Pero antes nos expulsa, nos precariza y nos desprotege un sistema que nos niega las condiciones materiales necesarias para vivir con autonomía.
En Rosario, el 40% de las mujeres trabajamos en negro, sin aportes jubilatorios. En Argentina hay más de diez millones de mujeres endeudadas. Las mujeres seguimos ganando considerablemente menos que los varones: se calcula que la brecha salarial entre varones y mujeres en la ciudad es del 20%. Además, estamos sobrerrepresentadas entre los sectores de menores ingresos: casi seis de cada diez personas que se encuentran en la pobreza somos mujeres.
Al mismo tiempo, cada vez más hogares dependen principalmente del ingreso de una mujer. Mujeres que trabajan dentro y fuera de sus casas; que crían, cocinan, limpian y cuidan; que sostienen la vida cotidiana de sus familias y, sin embargo, siguen cobrando menos. ¿Cómo puede escapar de una situación de violencia una mujer que no tiene trabajo, vivienda ni ingresos propios? ¿Cómo se va alguien que está endeudada, que tiene personas a cargo o que no cuenta con una red que pueda sostenerla? ¿Quién puede faltar al laburo para no encontrarse con su agresor? ¿Y después quién paga el alquiler, los servicios, los alimentos, el transporte, los medicamentos y las deudas? Y muchas veces hay que mantener también a hijos, hijas u otras personas de la familia. Cuando hablamos de violencia de género, no podemos hablar solamente de golpes y asesinatos.
También tenemos que hablar de salarios, de precarización, de endeudamiento, de vivienda y de tareas de cuidado. La violencia económica no es secundaria. Es una de las cadenas que impide que muchas mujeres puedan irse a tiempo. La dependencia económica limita la posibilidad de elegir, de denunciar y de empezar otra vida. Por eso, no alcanza con indignarnos cuando aparece un nuevo femicidio en las noticias.
Necesitamos exigir políticas públicas, presupuesto, refugios, acompañamiento y justicia. Necesitamos organizarnos para enfrentar los discursos de odio y defender cada uno de los derechos conquistados. Pero también necesitamos organizarnos para enfrentar este ajuste que nos está condenando a muerte. Y de esto es responsable el gobierno de Javier Milei, que deja a 9 de cada 10 mujeres sin la posibilidad de jubilarse. También es responsable el gobierno de Maximiliano Pullaro, que a las trabajadoras estatales les cierra las paritarias por decreto, condenando a las maestras a un sueldo que no posibilita ni siquiera pedir una licencia si están viviendo una situación de violencia, porque los descuentos aniquilan los salarios.
Por eso, este miércoles a las 17 nos encontramos en la Plaza 25 de Mayo para marchar, y tenemos que ser miles. Por Débora, por Gaby Banach, por Carina, por todas. Vamos a exigir la emergencia en violencia de género, pero, sobre todo, a decir que este ajuste y la precarización, de los cuales son responsables los gobiernos, nos están condenando a muerte. Si tocan a una, respondemos todas. Nos vemos en la Plaza.
* Irene Gamboa es referente de la agrupación Pan y Rosas y del PTS en el Frente de Izquierda
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