Nieto de Jorge Alfredo, fallecido compañero de fórmula presidencial de Álvaro Alsogaray en 1983, Santiago Oría se recibió de abogado pero su pasión, supo enseguida, era el cine. Lejos de sus admirados Tarantino, Scorsese, Coppola y hasta Pino Solanas, las producciones que filmó y firmó se pelean con las reglas del encuadre y desde el inicio estuvieron ligadas al ascenso de un personaje que parecía de ficción, pero es real: Javier Milei.
Le fue bien al egresado en 2019 de la Fundación Universidad del Cine, creada por Manuel Antín. En plena pandemia, se convirtió en el cineasta oficial de un entonces panelista que atraía modesta audiencia con sus desbordes y delirios económicos. El mismo que desde ese modesto papel de bufón se postuló a diputado nacional y consiguió pasar de las pantallas televisivas al Congreso.
Ya en la Casa Rosada, el anarco capitalista designó a Oría, por decreto, Director de Realización Audiovisual de Presidencia. Y ahora, parece que sí o que no a juzgar por la desconcertante retórica del vocero Adrián Ravier, quedó al frente del aparato comunicacional del Gobierno en desmedro, se malicia, de otro Santiago: el asesor Caputo. El cambio, en principio otra movida de la hermana Karina contra su enemigo íntimo de Las Fuerzas del Cielo, empezó con papelón.
Fallido tránsito de las cámaras a los algoritmos
El cineasta arrancó mal su ascenso en el organigrama, no reconocido oficialmente. Las cuentas robots que debían continuar fogoneando la frenética actividad de Milei en redes sociales quedaron expuestas. En las respuestas a un tuit del propio Oría –a su vez comentario de otro de sobresalieron por su origen asiático o indio y porque en cada mensaje la palabra «reply» junto a un número precedían a los básicos textos de apoyo al oficialismo y ataque a los “kukas”.
Hubo programación fallida para los “oxhusk», «kip.eth», «sadiq», «glyphrot» o «gr8test», entre otros cientos de nombres bizarros para usuarios truchos. Los metadatos de esas cuentas revelan que todos fueron creados recientemente. Y ninguno tiene seguidores. Más improvisación no se consigue, y los errores de neófito desnudaron la automatización.

«Reply 11:Terrible lo de los kirchneristas», reaccionó la cuenta Fatimah. Nur hasanah (@FatimahH8414). Uno de tantos ejemplos. Hay que decir que no hay nada nuevo bajo este sol de los derrapes en el escenario virtual. Para las PASO de 2019, cuando la intervención macrista en la conversación digital estaba a cargo de Marcos Peña, apareció la cuenta de Lavonne Smythorsmith con el argot de mala traducción al castellano. «¡Satisface a Mauricio, no te relajes! ¡Te elijo! ¡Caricia significativa proveniente de Hurlingham! #YoVotoMM» fue insumo para innumerables memes.

El antecedente debió ser lección. Oría no lo atendió, pero el daño quedó controlado por la abulia generalizada. Esta vez, la mirada crítica estuvo movilizada por especialistas cibernéticos y opositores políticos.
Siete años después de las «caricias significativas», la misma mala praxis genera escaso ruido entre usuarios de redes, no necesariamente fanatizados libertarios, que ya naturalizaron las groserías como reemplazo de los argumentos y la mentira exagerada en lugar de los datos verificables como esencia del debate público. La verdadera batalla cultural parece ganada ahí, al margen de los contenidos soeces y violentos.
Del Movistar a internet, un desenfoque detrás de otro
El tropiezo digital del documentalista libertario terminó emparentado con otro, bien físico. El que protagonizó hace tres años, en el acto de cierre de campaña presidencial de La Libertad Avanza realizado en el Movistar Arena porteño.
Oría filmaba al libertario arriba del escenario caminando en reversa y sin fijarse lo que había a sus espaldas. Así, se llevó puesto un parlante, perdió el equilibrio y tumbó en la torpeza el atril. Terminó desparramado en el suelo.
El candidato outsider vio la escena, se sobresaltó pero continuó con los saludos de rigor sobre la tarima. A Oría lo ayudó a levantarse Ramiro Marra. El desplome quedó registrado por el mismísimo canal libertario de YouTube y X Break Point, que dirige otra «promesa» comunicacional del palo: Mariano Pérez.
No dar pie con bola: Ravier desmiente a Ravier
¿Oría es o no es el reemplazo del asesor estrella, que sigue con manejo de abultada caja en la Side y en YPF con la que asegura la fidelidad de los «ensobrados» propios? No quedó claro. Es que el aparato comunicacional del oficialismo va de fallido en fallido, aunque mantiene eficacia.
Consultado en conferencia de prensa por los rumores de corrimiento del mago del Kremlin, el vocero Adrián Ravier respondió: «Entiendo que sí. La parte de comunicación digital, lo que no le quita importancia la figura de Santiago Caputo para este gobierno». La interpretación parecía obvia.
«Santiago Oría se encarga de la comunicación de la imagen presidencial. Lo acompaña en sus viajes, es su publicista y el encargado de documentar sus apariciones públicas. Tiene un rol también cada vez más importante en armar la narrativa del Gobierno», agregó el sucesor del caído en desgracia pero enriquecido Manuel Adorni.
Es cierto, Ravier matizó: «La figura de Santiago Caputo para este gobierno sigue siendo muy importante», dijo. Como otras veces, tuvo que desmentirse por el ruido interno que generó. Y lo hizo en X apenas horas después. «Sobre mi respuesta respecto de la comunicación del Gobierno Nacional, hago una importante aclaración: no hubo ni hay ningún cambio en el organigrama de comunicación del Poder Ejecutivo, ni designación alguna, ni traspaso de responsabilidades entre áreas». ¿En qué quedamos?
El descalabro en el heterogéneo aparato comunicacional libertario se profundizó en los últimos días. No es solo eso, y es aventurado cifrar allí la abrupta caída de repercusión que tienen hasta los posteos de Milei, de vuelta sumergido en los exabruptos y los insultos. Más respuestas de rechazo que no pueden camuflar los bots pero, sobre todo, menos visualizaciones. A lo mejor, algunos aprendieron a no interactual con las provocaciones, que es entrar en el juego con la cancha ya inclinada. Tal vez, los resultados de las políticas públicas empiecen a horadar el relato: la heladera vacía enfría el incendio mediático.
Lecturas conspirativas no faltan. Desde el vacío sin llenar dejado por el entramado que manejaba el detenido en Bolivia Fernando Cerimedo hasta una venganza, que no sería la primera, de las desplazadas Fuerzas del Cielo.
Documentalista del extremo: de Maslatón al León
Un año después de conseguir diploma como cineasta, en agosto de 2020, Oría le propuso a Carlos Maslatón hacer un breve documental que reflejara su boicot al confinamiento por la pandemia que había dispuesto el Gobierno de Alberto Fernández.
Esa pionera incursión audiovisual pasó sin pena ni gloria, pero la vio una persona que le compartió el contacto de Milei, ya con la voluntad puesta en ingresar a la odiada política institucional.
Santiago el cineasta le propuso al libertario filmar algo basado en el libro que iba a lanzar, «Pandemics». Esos 33 minutos le abrieron la puerta: La Libertad Avanza lo convocó para cubrir eventos partidarios. Ahí, «la vió» y le ofreció a Milei llevar adelante una campaña audiovisual integral. Lo demás es conocido: quedó encargado de todo el contenido visual de Milei, desde spots oficiales, carteles, flyers, estética y videos de redes.
El 10 de julio de 2023, en plena campaña del anarco capitalista, Oría estrenó en el Cine-Teatro Rivadavia otro de sus hitos: «Javier Milei: la revolución liberal».