La firma será este viernes en Washington. La Casa Blanca quiere asegurarse la cadena de suministros para el sector de frontera tecnológica ante la fallida estrategia geopolítica contra China del republicano, que terminó transformándose en un boomerang
El Gobierno de Javier Milei se sumó a Pax Silica, la iniciativa de Estados Unidos para procurarse la continuidad de las cadenas de suministro para el desarrollo de la Inteligencia Artificial e industrias asociadas.
El canciller Pablo Quirno adelantó lo que se formalizará este viernes en Washington y representa un nuevo paso en el alineamiento de la administración libertaria con la política exterior norteamericana.
En febrero de 2026, Argentina ya había firmado un acuerdo marco con Estados Unidos sobre minerales críticos, orientado a garantizar su suministro y procesamiento. La nueva adhesión profundiza ese vínculo.
Quirno confirmó la nueva adhesión desde Nueva York, donde participaba de la sesión anual del Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Luego, el canciller tenía previsto acompañar a Milei a Madrid para dar una clase en una universidad privada y recibir otro premio de pares ideológicos. Por eso, el documento será rubricado por el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford.
La firma del acuerdo será durante conferencia de dos días en el Instituto de la Paz Donald Trump, que presidirá el subsecretario de Asuntos Económicos del Departamento de Estado, Jacob Helberg.
Helberg es un escritor y asesor tecnológico estadounidense y francés. Además de su actual cargo en la segunda administración de Trump, desde el que participó en la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China, fue asesor principal de Alex Karp, director ejecutivo de Palantir Technologies.
Helberg es un estudioso de las relaciones entre Estados Unidos y China y de las implicaciones para la seguridad nacional de las aplicaciones web desarrolladas en China, como TikTok.
De familia judía francesa, se casó con el inversor estadounidense Keith Rabois en 2018 que ofició el empresario tecnológico Sam Altman.
Se convirtió en un defensor destacado de la aprobación en 2024 de la Ley de Protección de los Estadounidenses contra las Aplicaciones Controladas por Adversarios Extranjeros, por la que se obligó a la venta o prohibición de TikTok en Estados Unidos.
Según Quirno, la adhesión «permitirá a la Argentina participar de esfuerzos conjuntos para concretar inversiones, construir infraestructura y generar incentivos en todos los niveles de la cadena de suministro global de inteligencia artificial».
El canciller agregó que así el país «se consolida como proveedor confiable de minerales críticos y recursos estratégicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial y actor relevante en materia tecnológica».
El Gobierno, a la par, presentó la incorporación como una extensión lógica del acuerdo firmado en febrero y como una profundización de la relación estratégica bilateral. Y en la Casa Rosada se ilusionan, contra la experiencia del Rigi, en que el ingreso al esquema impulsado por Trump puede traducirse en inversiones concretas. Lo fundan en las reservas significativas de litio, cobre y otros recursos del país que son estratégicos para la nueva economía digital.
«Si el siglo XX funcionó con petróleo y acero, el siglo XXI funciona con la computación y los minerales que la alimentan. Esta declaración histórica reconoce un nuevo consenso de seguridad económica que garantiza que los socios alineados construyan el ecosistema de IA del mañana, desde la energía y los minerales críticos hasta la fabricación y modelos de alta gama», evaluó por su parte Helberg.
Pax Silica fue lanzada oficialmente el 12 de diciembre de 2025 durante una cumbre inaugural celebrada en Washington. Allí, los países participantes firmaron la llamada Declaración Pax Silica, no vinculante, que fijaba un marco de «cooperación» económica y tecnológica.
La iniciativa es coordinada por el Departamento de Estado de Estados Unidos y fue diseñada como una plataforma para que gobiernos y sectores empresarios coordinen inversiones, alineen incentivos de mercado y aceleren el desarrollo de industrias consideradas estratégicas. Siempre, con el centro en las industrias estadounidenses.
El nombre combina dos referencias: «Pax», término latino asociado a la estabilidad y la prosperidad aunque también asociado a la Pax Romana de dominación y tierra arrasada, y «Silica» en alusión al sílice, el mineral semiconductor precursor del silicio utilizado en la fabricación de transistores primero y los actuales microprocesadores.
Las áreas de cooperación que contempla la iniciativa abarcan conectividad e infraestructura de datos, computación y semiconductores, fabricación avanzada, logística, refinación y procesamiento de minerales, y energía.
La declaración advierte que la revolución tecnológica está generando una demanda sin precedentes de estos recursos y sostiene que una cadena de suministro confiable es indispensable para la seguridad económica de los países participantes. La mira de todo el esfuerzo apunta a China, que le disputa con creciente éxito la vanguardia tecnológica al entramado nacido en Silicon Valley.
El gigante asiático ya controla una porción significativa del procesamiento mundial de litio, tierras raras, grafito y otros materiales esenciales. También avanzó en IA y diseño de los «fierros», el hardware de alto nivel y potencia necesario para el manejo de enormes cantidades de datos.
La política exterior de Trump, con su decisión de iniciar una guerra arancelaria con China, llevó a ese país a frenar las exportaciones de tierras raras, un conjunto de 17 elementos químicos indispensables para la producción de baterías, vehículos eléctricos, semiconductores y sistemas de inteligencia artificial. Y así, los suministros críticos para la industria estadounidense se cortaron. Lo que busca el Gobierno republicano es garantizárselos por otro lado.
La coalición reúne actualmente a países que cubren distintos eslabones de la cadena: semiconductores (Japón, Corea del Sur, Países Bajos), minerales críticos (Australia, India), energía y capital (Qatar y Emiratos Árabes Unidos), conectividad (Singapur), diseño de chips (Reino Unido e Israel) y el liderazgo tecnológico y estratégico de Estados Unidos.
También integran la alianza Alemania, Noruega, Suecia, Finlandia, Grecia, Filipinas y la Unión Europea.
A principios de 2026, Estados Unidos anunció un aporte de 250 millones de dólares a un consorcio de inversión destinado a fortalecer las cadenas de suministro de energía y minerales críticos en el marco de la iniciativa.
El Gobierno de Milei argumenta que el alineamiento tecnológico posiciona a Argentina como proveedor de minerales críticos dentro del esquema de Pax Silica facilitando la explotación de sus reservas de litio, cobre y otros recursos del subsuelo.
Sin embargo, el análisis de los términos concretos de la participación argentina revela un perfil bien definido y de alcance limitado: el país ingresa a la coalición en el eslabón extractivo, como ocurrió con el petróleo y la soja en etapas anteriores de la historia económica nacional.
No hay indicios en los documentos oficiales ni en las declaraciones del Gobierno de que la adhesión contemple el desarrollo de capacidades industriales propias en semiconductores, procesamiento avanzado de minerales o fabricación tecnológica de valor agregado.
La inserción de Argentina en Pax Silica, por el contrario, parece replicar el patrón extractivista que históricamente definió el vínculo del país con las grandes potencias: exportar recursos naturales sin transformación significativa, ni agregado de valor o construcción de conocimiento de frontera, mientras la industrialización y el valor agregado quedan en manos de los socios más desarrollados.
La coalición asigna a cada miembro un papel según su posición en la cadena. A la Argentina, el de proveedor de insumos, no el de fabricante ni el de desarrollador tecnológico. Las inversiones que la Casa Rosada publicita como potenciales beneficios se limitarían a la extracción, un segmento marcado por la baja necesidad de mano de obra. Y si se repiten las concesiones fijadas por el Rigi y propuestas en el proyecto del Súper Rigi, tampoco generarán un entramado industrial alrededor ni proveedores locales.
El horizonte de una industria nacional de procesamiento de litio a gran escala, de manufactura de baterías o de semiconductores, sectores en los que países como Australia e India (también miembros de Pax Silica) han avanzado con políticas industriales activas, queda relegado.
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