Miguel Passarini
Como lo hace cada vez que repasa su historia, una vez más en el marco de una conmovedora y lúcida charla dentro del ciclo de entrevistas Condenados al éxito que se emite los jueves, a las 18, por el canal de streaming del diario El Ciudadano, el referente fundacional indiscutido del teatro y el cine local, Néstor Zapata (Rosario, 1941), evocó los pasajes clave de sus 61 años de historia al frente del reconocido grupo Arteón, fundado 1965. Entre anécdotas memorables, anuncios exclusivos, reflexiones sobre el rol político del arte y la dolorosa pérdida de su sala de calle Sarmiento al 700, el prolífico creador dejó en claro que la pasión por la escena permanece intacta.
“El éxito es la caricia que te deja el fracaso. Aquellos que no han vivido el fracaso desde su inicio están muy debilitados. Al teatro no pueden eliminarlo porque es la comunicación humana viva, va a estar siempre”, dijo acerca del éxito, uno de los motivadores del encuentro.
Pero antes, Néstor Zapata recordó el nacimiento de Arteón allá por el año 1965 junto a figuras como Sara Lindberg y María Teresa Gordillo. Según relató entre risas, el grupo no tenía nombre ni recursos en sus comienzos. La revelación llegó mientras subían una escalera tras grabar en un estudio de sonido: “Nosotros estábamos leyendo mucho a Antonin Artaud, estábamos en esa onda de El teatro y su doble. Y dije: «¿Qué les parece Arteón?». Hoy me preguntan qué significa y no lo sé; Arteón, en principio, no significaba nada. Pero hoy significan 61 años de lucha, de vida y de trabajo. Por eso ahora Arteón es mi apellido”, reflexionó emocionado.
La marca indeleble de Arteón siempre ha sido la profunda fusión entre el compromiso social y la creación artística. Zapata narró cómo entendieron tempranamente que la militancia no se limitaba a una estructura partidaria, sino a una concepción de vida desde las tablas. De este modo, su primera experiencia militante se montó en un centro comunitario del sacerdote tercermundista Néstor García, en el barrio Franchetti. Sin título ni texto dramático formal, ante un público repleto de “niños y perros”, la obra culminó con el cálido aplauso de la comunidad. Fue una vecina con un bebé en brazos quien le dio nombre a la pieza al sugerir: “Esta obra se podría llamar Nuestro pan”. Y fue así que esa propuesta marcó el inicio de una huella poética y política inquebrantable que llega hasta la actualidad.
Malvinas, hoy y siempre
Uno de los momentos más conmovedores del diálogo fue el recuerdo del estreno, en 1992, de Malvinas, canto al sentimiento de un pueblo, en plena época de “desmalvinización”. Zapata contó cómo convocó al renombrado músico Litto Nebbia para la banda sonora: “Nebbia, inicialmente reticente por falta de tiempo, quedó fascinado tras leer el texto y terminó componiendo las once canciones emblemáticas de la obra sin modificar una sola palabra de la dramaturgia”.
Y evocó la conmoción en el estudio durante la grabación del tema “Las Cartas” y la inolvidable primera función ante más de 600 excombatientes en el Teatro Belgrano de Rafaela, donde tras un silencio sobrecogedor, un veterano lo abrazó entre lágrimas diciéndole: “Vos estabas con nosotros”.
Uno de los momentos más complejos de los últimos años de Artéon fue el final de una etapa de cinco décadas de trabajo en el histórico espacio en los altos de Sarmiento 778, que debieron abandonar con la promesa de instalar la sala en otro lugar, dado que los dueños de la galería decidieron no renovar el contrato de alquiler.
El artista manifestó su profunda pena por el estado actual de ese espacio donde se intentó abrir otra sala teatral que fracasó, y hoy está cerrado pese a estar protegido por decreto como Patrimonio Histórico y Cultural de la ciudad. “Hace dos años y medio, en el bar El Cairo, se firmó un acta de intención entre la Municipalidad, la Gobernación y la Universidad Nacional de Rosario para otorgarnos un espacio digno. Arteón tiene todo: las butacas, el escenario, las luces y el sonido. No hace falta plata, sólo necesitamos la decisión política para poder reabrir una sala como Arteón en otro lugar, que es patrimonio de todos los rosarinos”, enfatizó.

Durante la entrevista, Néstor Zapata aprovechó la ocasión para dar a importantes novedades que celebran su contribución a la cultura. En primer lugar, la publicación del libro biográfico Crónica de una pasión, que saldrá próximamente por editorial Homo Sapiens, una publicación que lleva la firma del actor, director y docente Cristian Marchesi, que reconstruye la historia de los 60 años del grupo a través de dos años de profundas charlas y entrevistas con Zapata. Y al mismo tiempo, el reconocimiento como dramaturgo para Zapata con el Premio Federal Argentores 2026, “un galardón federal de inestimable valor para nosotros porque es otorgado por los propios colegas”, destacó, al mismo tiempo que adelantó que en octubre regresa a la sala El Rayo con nueva temporada, Hamlet se va de gira, su última obra estrenada a la fecha.
Al ser consultado sobre el concepto del éxito, el maestro de las escénicas locales ofreció una lección magistral de resiliencia, recordando los momentos aciagos donde la primera película del grupo fue silbada o cuando la dictadura cívico-militar les quemó la sala de teatro: “Para mí el éxito no existe; el fracaso es mucho más tangible. Los fracasos te fortalecen y te quitan la cobardía. Cuando nos quemaron la sala nos dijimos «¿Qué hacemos? … empezamos de nuevo». El teatro es indestructible porque es la persona viva comunicándose con otra persona viva, no podrán con eso”, concluyó.