Conjuntamente con científicos del Colegio Universitario Médico Albert Einstein y de la Universidad Estatal de Nueva York, Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers, estudia los resultados de resonancias magnéticas de hombres y mujeres que estuvieron “locamente enamorados” en busca de los lugares del cerebro que se activan con sus pensamientos y luego, con la ayuda de estadísticas de divorcios en todo el mundo, tratar de probar una teoría unificada sobre el amor.
Según sus conclusiones, en todas las sociedades, el momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica en el cuarto año de relación.
Fisher cree que este ciclo es el remanente de la temporada de reproducción de nuestros ancestros.
“Creo que un hombre y una mujer deben permanecer juntos al menos hasta que su hijo camine y se destete para que pueda ser cuidado por otros. Lo que quiere decir que el cerebro humano se relaciona con un circuito que promueve la unión de parejas por al menos cuatro años”.
El cerebro humano fomenta lo que Fisher identifica como los tres aspectos del amor: lujuria, atracción y unión.
La lujuria es producto de la testosterona y es la causante del impulso inicial que nos hace buscar pareja.
Luego, tenemos la atracción, el enamoramiento verdadero, que Fisher atribuye en parte a los bajos niveles de serotonina, una sustancia química que se encuentra en el cerebro y que se relaciona con la sensación de bienestar.
Entre los enamorados seleccionados para el experimento, Fisher observó más atentamente a aquellos a punto de caer en lo que los psicólogos llaman “pensamiento intensivo” o, en la jerga de los cantantes, el conocido “no puedo dejar de pensar en ti”.
Al igual que los trastornos obsesivo-compulsivos, el pensamiento intensivo en la pareja se relaciona con bajos niveles de serotonina.
Otros síntomas comunes del enamoramiento son la euforia, la hiperactividad, la pérdida de apetito y del sueño. Fisher cree que esta sintomatología es producto de los altos niveles de dopamina y norepinefrina, estimulantes naturales como la cocaína y las anfetaminas.
“La gente adora estar enamorada porque el amor es una cumbre química”, señala Fisher. “No obstante, esa cumbre pasional suele terminar luego de un año, probablemente porque el cerebro produce menos químicos o porque los receptores se adormecen.
El amor se deteriora y así debe ser naturalmente. De lo contrario, todos moriríamos de agotamiento sexual”.
Para el momento en que esta energía ha engendrado un hijo, el cerebro ya ha pasado a la siguiente fase, la unión, un estado caracterizado por sentimientos de seguridad, comodidad y unión espiritual con una pareja estable.
Fisher opina que esta etapa se produce como resultado del aumento de niveles de vasopresina y oxitocina. Ya se demostró que ésta es la causa de la unión entre animales. La unión es el sentimiento más duradero, mucho más que la lujuria o el enamoramiento, pero puede menguar.
La pasión y la constancia también, según explican algunos científicos, tienen fecha de vencimiento.
La química del divorcio supera a agentes cerebrales que inducen la emoción. Por otro lado, la corteza prefrontal incide en tentaciones extramaritales.
La sintomatología del amor incluye euforia, hiperactividad, pérdida de apetito y de sueño, aunque al año el cerebro produce menos químicos y la pasión se deteriora.
